viernes, 30 de agosto de 2024

¿Me comprendes? PEDAGOGÍA DE MOVIMIENTO

La pedagogía de movimiento lleva por el camino del movimiento hacia una meta a la que se aspira a llegar. Muchas veces, la meta hay que mantenerla «in mente» y, primeramente, percibir qué es lo que mueve interiormente al otro, al grupo o a uno mismo. Si la comprensión se establece, pueden emprenderse pasos hacia la meta de manera efectiva.

¿Qué mueve interiormente a las personas?

Si se quiere interpretar a partir de las almas el deseo y la voluntad de Dios hay que mantener un contacto cuidadoso y constante con ellas, hay que comprender, abrir las almas, leer en ellas y llevar lentamente lo que se ha captado a la Familia [= comunidad] en su conjunto. Esta es la única manera en que crece a la larga una atmósfera de comunidad sana y con la impronta de Dios.

Nuestros jefes tienen que realizar el más minucioso trabajo de hormiga y, sobre todo, cultivar […] el contacto interior. […]

Para mí personalmente ha sido siempre una obviedad, antes de dictar un curso, intercambiar por lo menos un par de palabras con alguno de los participantes a fin de tener la ocasión de arrojar una mirada rápida al fondo del alma de modo de descubrir qué corrientes espirituales están vivas en ella. Y durante la conferencia se me había convertido en segunda naturaleza interpretar a partir del brillo de las miradas lo que ocurría en las almas a fin de enlazar con ello y, de ese modo, seguir trazando y dibujando las líneas de forma lenta pero segura y ayudar así a crear una gran atmósfera de comunidad en la que el individuo se sintiese a gusto y por la que fuese arrastrado y formado.

 J. Kentenich, 09.12.1953, en Mach heimisch in ihr Führerfähigkeiten (manuscrito),

Hablar con cercanía a la vida.

Dicho sea de paso, desde el punto de vista pedagógico es siempre importante que en sus conferencias les muestren a sus oyentes cómo son ellos realmente, o sea, no dictar conferencias siguiendo libros, sino a partir de la vida, tener contacto con la vida. Ustedes pueden leer en los ojos si el muchacho ha comprendido lo que ustedes han dicho, si [su mensaje] le ha llegado.

J. Kentenich, 27.02.1952, en Brasilien-Terziat (manuscrito)

Comprensión pedagógica significa:

Primero, que yo piense con aquello que dice mi interlocutor.

Segundo, presupone una resonancia de mi alma. Esto es muy esencial. Si me limito a escuchar, a elaborar conceptualmente lo que quiere expresar mi interlocutor, entonces no podemos hablar de una comprensión pedagógica. En mí tiene que resonar lo que suena en mi interlocutor. No es necesario que yo mismo lo haya experimentado: no tengo que haber yacido yo en el lodo si el otro yace en el lodo.

Tercero, un decir sí, por lo menos al punto de vista de mi interlocutor.

Cuarto, ciertamente también una fe, y una fe sincera en el valor de aquello que mi interlocutor persigue y quiere.

Quinto, una fe firme en la misión personal de mi interlocutor.

J. Kentenich, 21.05.1932, en Marianisch-pädagogische Tagung (manuscrito), 336 s.

 

Mover hacia una meta.

En el proceso pedagógico hay que transmitir valores. Los valores son una meta consciente o inconsciente. El padre Kentenich da al proceso de apropiación de valores el nombre de «pedagogía de movimiento»: moverse con el educando hacia una meta.

Ahora cabe preguntarse: ¿cómo puedo acercar todos esos valores lo más posible al alma? Ahora viene el psicólogo, que quiere captar los aspectos más fundamentales. En última instancia, se trata del conjunto de cuestiones que giran en torno a estos dos pensamientos: ¿cómo puedo acercar al alma estas cosas, estas verdades, primero, en el plano del conocimiento?; y, segundo, ¿en el plano de los impulsos?

En el plano del conocimiento.

¿Cuándo ocurre que una verdad incida desde el punto de vista del conocimiento en lo más profundo de mi interioridad?

Primera posibilidad: por ejemplo, salgo a pasear o paso en vehículo y leo en el diario: en tal mina de carbón se ha producido una gran desgracia. ¿Producirá ese conocimiento una gran impresión e influencia en mí? Probablemente, no.

Segunda posibilidad: leo la edición del mediodía. Las distintas escenas se describen allí de la forma más drástica y cercana a la vida que se pueda. ¿Producirá esa descripción una impresión profunda en mí? Sí. ¿Por qué? Porque ahora el objeto me es acercado desde el punto de vista del conocimiento.

Tercera posibilidad: mientras paso por el lugar, de pronto se produce una explosión. Allí el objeto está lo más cerca posible de mí y, sin duda, producirá en mí una impresión profunda.

Del mismo modo queremos hacerlo nosotros con las verdades sobrenaturales. Tenemos que desmenuzar de tal modo los distintos conjuntos que se nos acerquen lo más posible.

En el plano de los impulsos.

Tenemos que acercar esas verdades al alma también en cuanto a los impulsos. Es decir, esas verdades, esos valores deben dar también una respuesta al instinto de felicidad que quiere desplegarse en mí. […]

Puedo recordar que, cuando hace años viajé a través de Suabia […]un sacerdote dijo lo siguiente: hace tiempo ya que predico sobre la filiación divina, pero con un éxito cada vez más fugaz. […] Es importante que yo presente esas verdades de tal manera que sean una respuesta a una necesidad. […] Esas verdades y valores tienen que dar alguna respuesta a un impulso en nosotros.

J. Kentenich, 28 al 31.05,1931, en Ethos und Ideal in der Erziehung, 224 s.

  

viernes, 23 de agosto de 2024

¿Para qué existo? PEDAGOGÍA DE IDEALES

 

¿Para qué existo? 

Descubrir los talentos que ha recibido el hijo ¿Para qué existes? ¿quién eres? ¿qué podrías ser? ¿qué plan tiene Dios sobre ti?

Hay distintos temperamentos. Cada hijo tiene su propia personalidad. Ayuden a sus hijos a desplegar sus propios talentos. Solamente desarrollar lo que está en ellos. Piensen que de un peral no se pueden obtener ciruelas. Hay que ser un artista, descubrir el proyecto de Dios.

Dios revela su proyecto a través de los talentos del niño.

Alguien con un gran amor tiene un deseo ilimitado de servir al modo en que Dios lo quiere de nosotros. Cooperar para que el hijo sea formado según el plan de Dios, ver lo que Dios quiere y realizar las grandes ideas que él ha depositado en nosotros. Una buena formación es solamente una parte de la educación. El niño tiene que realizar lo que Dios ha planeado.

J. Kentenich, primavera de 1955, en Am Montagabend, t., 1, 43

 

Proteger y desarrollar la originalidad del niño.

Si estoy bien orientado, ustedes tienen la costumbre de, a la noche no sé qué tan a menudo sentarse juntos y reflexionar qué características tienen los hijos, qué puede hacerse [en la educación]. Tienen que mantener esto siempre con firmeza: no concebir la unidad como uniformidad. Dejar que cada hijo sea como es. Y da también mucha alegría [] ver al hijo, a sus hijos con esas predisposiciones a menudo fundamentalmente distintas. Y cuánta alegría da si pueden decirse: quiero proteger, desarrollar esa originalidad y hacer también que el hijo sea consciente de ella. No decir, como se hacía antes en la ascética: ¡a este ya lo pondré yo en su lugar! Sí, eso también se puede hacer, pero lo más importante es que cada hijo tiene que aprender a aceptarse. Y si yo como padre o madre apoyo eso… puede ser que cometa errores, lo más probable es que los cometamos; siempre es difícil distinguir qué es peculiaridad propia y qué es una mala costumbre. El principio tiene que ser que yo deje que el hijo sea lo que es. Dios lo ha creado de ese modo, el hijo no tiene que ser como yo. Cada cual tiene el derecho a su ser original. ¡Y yo quiero protegerlo! Y cuando se reúnen en torno a la mesa y filosofan sobre este o aquel hijo, ¡ya verán qué alegría les da!

J. Kentenich, 04.06.1966, en Briefe und Ansprachen an seinen Familienbund, 100

 

Retener siempre esto: cuanto más sobrenatural [se es], tanto más natural y original [hay que ser]. También en la educación de los hijos. Si no dejan que los hijos sean originales por supuesto, siempre es difícil preguntar qué es peculiaridad propia y qué es una mala costumbre. Pero esto no es tan trágico. Si viven en la atmósfera correcta, no deben perder nunca de vista esto []: la Providencia tiene también a sus hijos en sus manos. La Providencia me tiene a mí también en sus manos y nos forma a través de las circunstancias.

J. Kentenich, 04.06.1966, en Briefe und Ansprachen an seinen Familienbund, 97 s.

viernes, 9 de agosto de 2024

¿Vienes conmigo, Señor? PEDAGOGÍA DE ALIANZA

En un tiempo en que la fe en Dios parece esfumarse, la pedagogía de alianza posibilita una nueva relación con el cielo.

Ahora te toca a ti.

El verdadero educador tiene que estar totalmente arraigado en el mundo de la fe.

J. Kentenich

Si no me equivoco, todos ustedes tienen un interés muy especial en sus hijos, en su propia carne y sangre. Por un lado, estamos desvalidos frente al desarrollo de nuestros hijos. Por el otro, hay innumerables coeducadores, que son varias veces más fuertes que nosotros. Piensen cuántos coeducadores hay hoy. Podrá ser la escuela, la radio, la televisión, el deporte, los amigos, la atmósfera pública. […] ¡Fíjense qué gran potencia es esa! Y ahí estamos nosotros, solos frente a esa gran potencia.

Ya quisiera yo conocer a aquel que tome en serio esto y no utilice todos los medios para sellar una alianza con el mundo trascendente. Por eso considero como algo evidente que queramos hacer valer nuestras exigencias de amor ante la santísima Virgen especialmente en el sentido de que ella tome en sus manos a nuestros hijos y continúe la educación cuando nosotros nos vemos desvalidos.

J. Kentenich, 07.05.1956, en Am Montagabend, t. 2. 150 s.

¡Es asunto tuyo!

Si tengo todavía hijos relativamente pequeños sigo teniendo aún bastante influencia en ellos por el lado religioso. Pero si los hijos ya son mayores, son a menudo muy susceptibles cuando queremos influir en ellos religiosamente. Entonces tenemos que retener esto: yo invoco mi alianza de amor con la santísima Virgen. Pienso que no podría inculcarles con suficiente frecuencia que la alianza es una realidad, una verdadera realidad. Es decir, la santísima Virgen ha asumido realmente la responsabilidad por todos mis intereses. Por ejemplo: ahora ya no puedo influir suficientemente en mis hijos en cuanto a lo religioso. Entonces tengo que decírselo también a ella y ¡tirar de su delantal! ¿Qué tengo que decirle, entonces? «¡Es asunto tuyo, es asunto tuyo! ¡Tienes que hacerlo tú!»

J. Kentenich, 15.05.1961, en Am Montagabend, t. 21, 102

Ascender hasta el corazón de Dios.

El pequeño corazón humano es tan grande, tan inmensamente grande, que no está nunca del todo satisfecho con la entrega a un ser humano, y aunque fuese el más noble. ¡Con los hombres y más allá de las debilidades humanas, ascender hasta el corazón de Dios!

¡Nos hacemos superfluos en todo, por lo menos en cuanto a la actitud! ¿Cómo lo hago? ¿Cómo actúa eso? Tan pronto como noto que alguien puede andar solo, me retiro. Tiene que andar solo. […] Entonces tranquilamente puedo hacer experimentos y ver si tropieza. Y si tropieza, veo si puede levantarse de nuevo solo. Y entonces dejo tranquilamente que se levante solo. Ni pestañeo. En cualquier caso, tienen que hacerse superfluos. Si quieren no llegar nunca a ser superfluos tienen que hacerse siempre superfluos.

Por eso, primero: tan pronto como note que alguien puede andar solo, retirarse conscientemente. Es preferible hacerlo demasiado pronto que comenzar demasiado tarde a hacerlo.

Segundo y esto también es esencial: nunca hacer algo por ganarse el favor del educando.

J. Kentenich, 28 al 31.05.1931, en Ethos und Ideal in der Erziehung, 245 s. 

viernes, 2 de agosto de 2024

¿Me quieres? PEDAGOGÍA DE VINCULACIONES

El ser humano tiene que decir «tú».

En un tiempo de relaciones inseguras, que desarraiga psíquicamente a la persona y la deja sin hogar, hay que aprender a brindar amor y estima.

Está en la naturaleza del ser humano aspirar desde dentro a la vinculación, a la vinculación a personas. El tiempo actual ya no sabe de eso, conoce la masificación de la personalidad, pero no la vinculación personal querida por Dios. Recuerden, por favor, que el ser humano está estructurado de tal modo que solo encuentra su plenitud en la entrega a una persona. Solo en la entrega a un tú personal se hace pleno el ser humano. Por supuesto, el Dios viviente ha cuidado de que, según la ley de transferencia, los seres humanos no deban vincularse solamente a él, [sino] que hasta deban vincularse a sus representantes. ¡Vinculación personal! Nosotros hemos representado toda una psicología de las vinculaciones. Quiero decir: los tesoros que Dios nos ha regalado y ha depositado en nuestro regazo hemos de reconocerlos con gratitud y anunciarlos al mundo. Tenemos que luchar por esa vinculación personal, por una cierta «pedagogía personal».

En realidad, Don Bosco vio correctamente esta vinculación personal. Él estaba convencido de que, entonces, tenemos el educador correcto, el método de educación correcto. Los educadores son amantes que no dejan nunca de amar. Podré ser interiormente todo lo agudo que quiera, la agudeza de vida puede hacer que todo un mundo se asombre, pero solo educaré en la medida en que ame realmente a mis seguidores y esté dispuesto, en el amor, a regalarme desinteresadamente.

J. Kentenich, 17.10.1946, en Krönungswoche, 167 s.

Queremos regalarnos mutuamente un lugar en el corazón. Por último, no deben olvidar lo que en el pasado les dije tan a menudo: no hay en el mundo lugar más hermoso que el corazón de un ser humano noble, íntimamente compenetrado de Dios. […] Procuren que su corazón llegue a ser cada vez más noble, más puro, más fuerte, más íntimamente compenetrado de Dios. […]

J. Kentenich, 25.12.1941, en Karmelbriefe, 24

La educación solo es posible en la medida en que se ha establecido una vinculación interior.

J. Kentenich, 28 al 31.05.1931, en Ethos und Ideal in der Erziehung, 117

 

Donde no se dé este afecto personal, cordial, se podrá ser un caudillo, pero no existe una relación personal. De modo que tenemos que mantener una relación cordial, personal y de afecto también hacia las personas de nuestros seguidores.

J. Kentenich, 28 al 31.05.1931, en Ethos und Ideal in der Erziehung, 148

Los educadores son amantes que no dejan nunca de amar.

J. Kentenich

 

Amor vigoroso. Donde solo hay bondad y esa bondad se convierte en blandura, no existe nada vigoroso. En ese caso podrán hacer lo que quieran, que nunca habrá una consciencia de cobijamiento.

J. Kentenich, 28 al 31.05.1931, en Ethos und Ideal in der Erziehung, 118

 

Amor cálido. Peter Dörfler, un escritor popular alemán, relata sobre su juventud. Su padre era granjero. Tenían una granja grande y podían tener un buen pasar. Él estudió, quería ser sacerdote. Y cuando venía de vacaciones, era evidente que colaborara mucho en casa. […] El padre era un auténtico padre. Después [de las vacaciones] le dijo el padre: dime, muchacho: ¿cuánto necesitas para el próximo semestre? Y extrajo su cartera. El joven se dijo: ahora he visto de nuevo cuánto tienen que trabajar y afanarse mis padres día y noche. […]

Más adelante, siendo el joven ya sacerdote, recordó hasta su vejez la imagen de las encallecidas manos de su padre. […] A pesar de que en aquella ocasión el padre estaba en la flor de sus años, sus manos temblaban. Después le entregó el dinero.

¿Cómo son unas manos de padre? Son manos que cuidan vigorosamente, manos de bondad paternal. ¿Dónde se muestra esa bondad? No le daba largos sermones morales, sino que conocía a su muchacho: lo que necesita, ha de tenerlo. ¿Por qué temblaban sus manos? Era su cálido amor al muchacho y a la vocación del muchacho.

J. Kentenich, 19.06.1961, en Am Montagabend, t. 21, 227 s.

 

viernes, 26 de julio de 2024

¿Confías en mí, en mi capacidad? PEDAGOGÍA DE CONFIANZA

Tener confianza en el educando, confiarle cosas, confiar en su capacidad de alcanzar logros.

La confianza en el sentido de la pedagogía de confianza del padre Kentenich designa:

1) la confianza en lo bueno que hay en la persona y en su tarea única e irrepetible

tanto en el educando

como en el educador;

2) la confianza en el crecimiento, que se produce en virtud de leyes y constantes propias; dadas las correspondientes condiciones, a lo largo de ese proceso surgirá espontáneamente algo;

3) la confianza en la conducción de Dios: él puede escribir recto también en renglones torcidos.

 

Promover talentos. La meta de la pedagogía de confianza es descubrir y llevar a su madurez los talentos depositados en el educando. Si Dios ha depositado una capacidad en la persona, en la verdadera maternidad [o paternidad] todo impulsará a llevar dicha capacidad a su madurez, aunque más tarde la persona en cuestión me supere.

No hay absolutamente nada más grande en la educación que ver que aquellos a quienes he educado están parados sobre mis hombros. Yo mismo he pasado a ser superfluo. […]

Creer en lo bueno que hay en el otro a pesar de las decepciones. Queremos mantener la fe en lo bueno que hay en la persona. Queremos hacerlo, en primer lugar, a pesar de las innumerables decepciones; y, en segundo lugar, aunque haya que constatar toda una cantidad de errores. Como psicólogo tengo que decirme que tales errores en la edad juvenil no son siempre tan peligrosos. […]

Dejar que cometan tonterías. Dejar que los hombres cometan tonterías, no malgastar la última autoridad propia. Sin duda, tengo que preservar a la persona joven de desaciertos, pero puedo permitir tonterías y descarríos. Lo único que no debo permitir son aquellas tonterías de las que sé que, si ocurren, la persona se deslizará rápidamente pendiente abajo. ¿No fue acaso así cuando nuestros padres nos dijeron esto o aquello? Pero no les creímos hasta que nosotros mismos lo experimentamos. En cualquier caso, pienso que ustedes no deberían considerar interiormente tan malos este tipo de descarríos. Exteriormente, en atención a la disciplina, habrá que intervenir; pero interiormente no ponerse tan furiosos. […]

No ahorrarles nunca las luchas. Por último: hemos de creer en lo bueno que hay en la persona también cuando las luchas se hacen más intensas y continúan siéndolo. Y permítanme agregar algo más: ¡no les ahorremos nunca las luchas a nuestros hijos! Si empezamos con eso, los educamos a todos a la dependencia e inmadurez. Y les aseguro que si les ahorran las luchas a aquellos que les han sido confiados sea que les resuelvan rápidamente las dificultades o que les ahorren las luchas haciendo pesar en la balanza, aun sin quererlo, el mayor peso de su personalidad la consecuencia será que un ser humano honesto dará gracias de rodillas a Dios cuando ustedes hayan desaparecido del mapa, cuando hayan muerto. [] Procuren que cada cual libre por sí solo sus luchas y batallas.

Digo, por cierto: quiero saberlo todo. Pero ¿intervenir? Ni se me ocurre. Yo no intervengo. Que tengan tranquilos sus tropiezos, con tal que no caigan muy abajo. De otro modo, no llegarán a ser personalidades vigorosas. De otro modo, no estaremos educando para la vida, estaremos educando muñecos, pero no seres humanos que están insertos en la vida.

J. Kentenich, 28 al 31.05.1931, en Ethos und Ideal in der Erziehung, 238 ss.

viernes, 19 de julio de 2024

PROMOVER EL CRECIMIENTO

En el niño pequeño. ¡Qué hermoso es cuando, como padre o como madre, tengo delante a mi hijo! Puedo imaginarme bien cómo la madre en casa estudia todo el día a su hijo. No que esté sentada en un rincón y no haga nada más: tiene que trabajar, está claro. Pero absorbe en sí al niño. Observa cada pequeño detalle. Es el estudio más elevado e interesante. ¿Por qué? En mi hijo me estudio a mí misma y descubro las mismas predisposiciones. Me pregunto: ¿qué tienes que hacer tú para superar eso, para que el hijo lo aprenda de ti? Por eso, mi hijo es la mayor escuela del carácter. […]

Cuando el padre llega a casa, tal vez se siente en el rincón y piense: dejadme en paz, ya he tenido suficiente faena. Alguna vez puede hacerlo, […] ¡pero no debe ser siempre así! […] El padre pide que le cuenten todo lo que ha hecho el pequeño durante el día. Cada pequeñez, cada suspiro le interesa y es objeto de estudio. Esto mismo lo hace todo padre de forma instintiva, no reflexiva. Quiere absorberlo en sí. […]

J. Kentenich, 29.03.1953, en Familie - Dienst am Leben, 143 s.

Acompañar el crecimiento. Ahora tienen que pensar cómo los hijos mantienen unida la vida de la familia. Por ejemplo, cuando el padre y la madre están sentados juntos y reflexionan: ¿cómo van las cosas con el pequeño? ¿Crece? ¿Aumenta de peso? No tenemos que limitarnos a preguntar si tiene ojos sanos y mejillas rechonchas; tenemos que interesarnos también acerca de cómo es el carácter. De pronto descubrimos, tal vez, que es goloso o mentiroso. Como padres nos preguntamos: ¿cómo es que el niño ha adquirido esta terquedad y esta ira? El padre dice: «La niña lo tiene de ti». Y la mujer dice: «El muchacho lo tiene de ti». No tiene por qué ser justamente en esa medida. Pero, en fin: ahora [los padres] son una comunidad de educación. […]

Ahora bien, como es natural, a los padres se les plantea la pregunta: ¿qué hacemos ahora con el niño cuando descubrimos sus malas costumbres? […] Allí comienza la autoeducación. Primero tengo que disciplinarme a mí mismo. Después puedo pensar qué puedo hacer ahora con el niño para que se supere esta o aquella mala costumbre.

J. Kentenich, 29.03.1953, en Familie - Dienst am Leben, 144

Crecimiento gracias al amor. Un hijo quiere sentirse acogido […] no quiere saberse nunca echado del corazón de papá y mamá. Sin duda: no echado, ante todo, del corazón de la madre, pero tampoco del corazón del padre. De modo que el hijo quiere ser acogido. Quiere ser aceptado, confirmado, por sí mismo, no por alguna buena cualidad.

Tarea de la madre en la educación. Si la madre quiere al niño porque es bello, porque es hábil, porque es inteligente, […], seguramente, eso podrá aportar todavía un poco a que yo quiera a mi hijo. […] Pero el hijo quiere ser aceptado y acogido por de sí mismo. Y eso es lo peculiar en una madre. Un hijo podrá ser feo, pero para la madre no hay hijo más hermoso que el suyo, aunque sea feo. Justamente porque es su hijo.

A menudo un hijo tiene que decir: como mi hermana tiene mejores cualidades, mi madre quiere más a esa hija. Tendría que ser a la inversa. El hijo que tiene cualidades menos buenas debería y querría ser tanto más acogido por la madre.

Este es el núcleo, es lo que importa. Ser aceptado, acogido y confirmado con mi modo de ser, tal como soy, por mí mismo, esa es la pieza de maestría de la educación. Ser madre significa también dar amor y despertar amor.

J. Kentenich, 10.05.1953, en Familie - Dienst am Leben, 197 s.

Crecimiento gracias a un trabajo de jardinería. - La tarea de la madre en la educación.

Ser madre significa también ser jardinera, hacer trabajo de jardinería. ¿Qué quiere decir esto? Trabajo de descuajo y de cuidado. Es una tarea de jardinero.

Ser madre significa también ser constantemente lugar de refugio para otros; regalarles un hogar a los hijos y al esposo.

J. Kentenich, 10.05.1953, en Familie - Dienst am Leben, 199

Crecimiento gracias al interés y la intervención. - La tarea del padre en la educación.

No sería correcto decir, como padre: «Quiero esforzarme por ganar dinero y ser competente en mi profesión, actuar también en política, pero en mi familia dejo el cetro a la madre. Cuando estoy en casa, los niños deben dejarme en paz. Allí quiero estar tranquilo».

No: a pesar de la competencia profesional, a pesar de la necesidad de ganar dinero, a pesar de la actividad política, el ámbito principal de mi actividad paterna tiene que ser siempre la familia. […] Yo intervengo en la educación de mis hijos. De otro modo, al final no soy nada más que el proveedor de pan, pero no el padre. En tal caso, no estaré «adoptando» de alguna manera nuevamente a los hijos, es decir, no los engendro nuevamente, sino que me limito a procurar que tengan algo que comer. Pero lo más íntimo de los hijos no será tocado por la autoridad paterna. Por eso, más tarde en la vida no saben mantenerse firmes.

J. Kentenich, 18.01.1953, en Familie - Dienst am Leben, 30

  

viernes, 12 de julio de 2024

EDUCACIÓN EN LA PUBERTAD

Superar primero las dificultades en el propio corazón.

Tienen que retener esto: el educador educado es la gran personalidad que obra milagros en la educación. Esto es muy esencial para la educación. Todo lo que les digo a los hijos tengo que hacerlo pasar antes por mi cabeza y mi corazón, lucharlo primero yo mismo interiormente antes de abrir la boca para hablar. Entonces tienen ustedes que ver lo eficaces que serán como educadores aun cuando no hayan estudiado.

Mi hija está flirteando constantemente.

Déjenme agregar un par de ejemplos. Supongamos que mi hija está atravesando justo ahora la adolescencia. Flirtea constantemente con distintos muchachos, y ello de una forma que me hace temer que, mañana o pasado mañana, pase alguna cosa. Ahora se lo quiero prohibir. Puedo hacerlo, pero ¿surtirá efecto?

Si me entienden ahora correctamente, tienen que decirse lo siguiente: primero tengo que arrojar una mirada a mi propio corazón. ¿No hay en mi corazón instintos semejantes a los que ahora están actuando en la jovencita? ¿No hay también carencia de dominio en lo sexual en mi naturaleza? ¿Qué tendré que hacer ahora? Primeramente, intentar superar de nuevo en mí mismo esa carencia de dominio. Cuando la haya superado interiormente, podré presentarme a la chica y decirle lo que tiene que hacer.

El muchacho no conoce la docilidad.

Otro ejemplo. Tomen a uno de sus muchachos. Está en la adolescencia y, evidentemente, es indisciplinado. No es dócil para nada, es incontrolable. Si esto fuese alegría juvenil, podría estar en orden. Pero no: el muchacho es rebelde hasta el extremo, no obedece para nada. Yo puedo decir, ahora: «Amiguito, voy a mostrarte cómo son las cosas, verás quien es el que manda en casa». Podrá ser correcto, pero lo importante es que yo mismo me discipline, que sea dueño de los instintos que están despiertos en mí. O sea, preguntarse con sinceridad: ¿No hay acaso también en mí mucho desenfreno, mucha indisciplina? Eso tengo que superarlo yo primero: «coger el toro por los cuernos». Cuando yo mismo haya cogido por los cuernos al toro que hay en mí, entonces podré coger por los cuernos al toro que hay en mi hijo adolescente; entonces se dejará controlar. De otro modo, a la larga conseguirán lo contrario. Podrán forzar al muchacho exteriormente, pero no se lo ganarán interiormente.

Los hijos tienen dificultades de fe.

Piensen, por ejemplo, que sus hijos tienen dificultades de fe o de índole moral. ¿Qué significa eso? Reflexionen primero: ¿no hay algo semejante en mí mismo? ¿Cómo puedo superarlo?

¿Comprenden de qué se trata? Es la secreta eficacia de una persona que está totalmente identificada con lo que dice. […] Entonces no seré solamente aquel que educa, sino que yo mismo seré educado por mis hijos.

J. Kentenich, 18.01.1953, en Familie - Dienst am Leben, 34 ss.

Aun con todas las malas costumbres, creer en lo bueno del hijo. Una comprensión enaltecedora puede ser especialmente difícil si nuestros hijos se encuentran en la adolescencia. […]

Si los hijos a esa edad permanecen abiertos, ustedes habrán ganado.

¿Qué preocupaciones tenemos cuando tenemos ante nosotros a nuestros hijos? Yo quisiera llevarlos a la santísima Virgen, pero ellos están más interesados en el fútbol. Es hermoso que papá y mamá se interesen también por ello. Pero más importante es no creer ahora que todo está perdido. Desde el punto de vista evolutivo, el muchacho en esa edad debe tener esos intereses. También la chica tiene sus pajaritos en la cabeza. Ustedes solamente tienen que lograr que sus hijos permanezcan abiertos a ustedes. Si sus hijos son abiertos frente a ustedes en esos tiempos, ustedes habrán ganado. Si a esa edad sus hijos acuden a ustedes con sus necesidades y preocupaciones y ustedes pueden participar en ellas sin asumir de inmediato una postura de jueces de vivos y muertos, entonces eso es también una comprensión enaltecedora.

¿Cuándo enaltece la comprensión? Cuando, a través de toda confusión y toda oscuridad, veo en el otro la luz; cuando, aun con todas las malas costumbres, sigo creyendo todavía en lo noble y bueno que hay en el otro. Creo que el muchacho que ahora se repanchinga podrá llegar a ser alguien de valía. No tacharlo de criminal. Tienen que creer en lo bueno que hay en él y, de ese modo, reforzar lo bueno que hay en él. Eso es comprensión enaltecedora.

J. Kentenich, 03.06.1950, en Familientagung, 31.05-04.06.1950, 63 s.