viernes, 6 de febrero de 2026

COMO MARÍA, MANO A MANO CON SAN JOSÉ

Plática de 1934

La santísima Virgen debe haber tenido un amor tierno y profundo hacia san José; debe haber vivido una confianza sin reservas ni límites y una entrega incondicional de su vida a él. Cuando digo que ella le dedicó el trabajo de su vida, ¿me comprenden bien? Ustedes dirán: ¡pero si ella se consagró a Dios! Es verdad. Si observamos las circunstancias del Reino de Dios, constatamos que la santísima Virgen es en todo la exacta antítesis de Eva. Eva pecó por desobediencia. ¡No quiso servir! Por eso, la santísima Virgen proclama al mundo: “Ecce ancilla Domini”. El servicio de sierva y la sumisión a toda autoridad querida por Dios son las características fundamentales de su sagrada persona.

Como María, amar a san José. ¿Es correcta nuestra percepción si decimos que ella no quiso ocupar el lugar central en la pequeña Sagrada Familia? Ella se entregó a san José. En el lugar central estaba el Señor. Ella sirvió al Señor exactamente según los deseos del Padre celestial y los de san José. Por lo tanto, ella fue igual al Señor en el cumplimiento del querer del Padre. Pues el Padre, en muchas ocasiones, quiso manifestar su voluntad a la Sagrada Familia. Y la Madre, mano a mano con san José, sirvió al Salvador según sus deseos.

Debemos decir, por cierto, que si tenemos un profundo amor a María, deberíamos también servir al Señor tal como lo desea el Padre celestial. Y con ello también a su imagen más perfecta que es san José. Al conocer más de cerca el sentido y relación interna de este conjunto, deberíamos esforzarnos no sólo por crecer en un profundo amor en general, sino también por crecer más intensamente en un profundo amor a María. Si la santísima Virgen profesó un amor tan grande por san José, entonces no puede serle indiferente cómo lo tratemos. También resuena en nuestros oídos el suave reproche que ella dirigió a su Hijo: “Hijo, ¿por qué nos hiciste esto?”. Oímos este reproche cuando no damos el lugar debido a san José en nuestra Familia. La Madre de Dios nos llama también a nosotros: “Hijo, ¿por qué nos hiciste esto? San José y yo buscamos tu amor afanosamente”. ……

Sentimos que hay en nuestros corazones cierta resonancia y cierto equilibrio en nuestro amor. El corazón puede trabajar más ricamente en todas las direcciones y estar, a la vez, más en casa en el regazo de la santísima Trinidad. ¿Y qué debemos hacer nosotros en tal sentido? Por de pronto, deberíamos apreciar más sus imágenes y estatuas. “¡Jesús, María y José: el corazón y el alma mía les daré!”. Deberíamos introducir cada vez más a san José en el círculo de amor de nuestra Familia.

La tarea de san José, enseñarnos a amar a María. Cuando la santísima Virgen encienda y desarrolle más fuertemente en nosotros una sincera devoción por san José, ¿no les parecerá natural que él considere como tarea propia tomar en sus manos la fuerza de nuestro amor y elevarla consigo hasta el corazón de la amada Madre de Dios y del Señor, y que considere como labor suya ayudarnos? Porque es muy natural que tenga particular interés en ayudarnos a comprender a Jesús y a su Madre, por haber estado tan íntimamente unido a ella, por haberla comprendido él mismo tan perfectamente. Él la amó también, la apreció, protegió y reconoció como el gran tesoro de su vida. ¿No debería consistir su misión principal en enseñarnos a amarla, a comprenderla, a quererla sincera y cordialmente? Él nos ayudará incluso a comprenderla cuando, humanamente hablando, no podamos a veces entender el sentido de sus intercesiones.

La santísima Virgen fue extraordinariamente privilegiada. Ella concibió del Espíritu Santo. San José quedó casi enteramente desconcertado con ella, pero confió. Permaneció, instruido por el ángel, sereno y fiel a ella. Así fue en esta tierra. Él nos ayudará si nos agobian los golpes del infortunio. ¡Cómo se entregó él a ella, después de que ella se entregara así a él! Esto es un hecho de la realidad objetiva.

San José debe encender nuestro amor a Cristo. Pero no basta con que él nos muestre a su esposa. Con mayor razón, depositará en nuestros brazos, en nuestro corazón, a Jesús, al Hombre Dios. Toda su vida, junto con la de María, fue un solo girar en torno al Señor. Vemos aquí que lo sobrenatural no conoce la mezquindad. La entrega, la vida de amor, la unión amorosa en el sentido divino es para él, al mismo tiempo, un movimiento del amor hacia la otra persona divina. ¿No habrá de encender san José en nosotros el amor en forma similar? Por amor a su esposa, por amor a Dios, cumplió con sencillez sus obligaciones cotidianas. Él es el gran modelo del santo del día de trabajo. Su vida se movió en un ámbito estrecho. Desempeñó su trabajo por amor al Señor.

Abbá José

Textos del padre José Kentenich

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