viernes, 27 de octubre de 2023

MI IMAGEN DE DIOS


¿Cómo están las cosas con mi imagen de Dios? ¿Cómo está mi amor al Padre? ¿Estoy poseído por el Padre? ¿Cuánto he avanzado en ello?

No sé si debo responder la pregunta en nombre de ustedes. Pienso que hasta tendría que extremar la pregunta diciendo: ¿Tiene la imagen de Dios alguna influencia en mi vida? No debemos perder de vista que vivimos en un mundo secularizado. Casi querría decir que vivimos en un tiempo ateo y en un tiempo secularizado. Millones de personas son hoy ateas. Si se les menciona la palabra «Dios» o «imagen de Dios», «imagen del Padre», sacuden la cabeza y dicen, simplemente que es imaginación, que no es más que una ilusión del ser humano, una ilusión de la imaginación y del corazón. Dios no existe, por supuesto que no.

¿Y el hombre moderno, secularizado? Si bien este dice que Dios existe, afirma que está allá arriba en el cielo, donde se siente a gusto. Del este mundo aquí no tiene interés ninguno.

Permítanme pedirles que reflexionen lo siguiente: ¿Qué imagen de Dios vive en mi imaginación, en mi cabeza y en mi corazón? La respuesta [tienen] que dársela ustedes mismos. Yo solo puedo dar una respuesta general e indicar líneas generales.

Importancia de los padres para mi imagen de Dios

¿De qué manera llegamos comúnmente los hombres modernos a tener una imagen de Dios? Aquí tenemos que distinguir. Primero, el tiempo de nuestra [juventud]. Allí está el padre, está la madre. Sobre todo la madre nos conduce a Dios. Ella nos muestra y nos advierte de que existe un Dios vivo. Por último, el padre también ayuda un poco con eso. El padre es religioso: por el hecho de que reza, de que ofrece sacrificios, de que comulga, advierte de que existe todavía Otro por encima de él. Y así experimentamos en general a Dios como un reflejo de nuestros padres.

Esta es la primera imagen de Dios que absorbemos en nuestro corazón como niños pequeños.

Basta con que pensemos lo siguiente: cuántos cristianos hay que hoy en día no toman esta imagen del padre y de la madre, en parte porque el padre y la madre no son suficientemente religiosos, y en parte porque el padre y la madre representan cualquier otra cosa menos un trasunto de Dios. Lamentablemente, ese tipo de imagen de Dios que recibimos en los primeros años de nuestra vida se conserva, tal vez, durante toda nuestra vida.

Nos hacemos mayores, vamos a la escuela, primaria, secundaria, universitaria. ¿Qué significa? ¿Qué aprendemos de Dios? Todo tipo de cosas, pero solamente para la cabeza: en la mayoría de los casos, eso no penetra en el corazón. En efecto, qué pocos son los maestros y maestras que saben depositar la imagen de Dios en el corazón. ¿Qué imagen de Dios existe todavía actualmente a lo sumo en nuestra cabeza y en nuestro corazón? Solamente la imagen que he recibido de papá y mamá.

La relación con Dios en la hora punta de la vida

Ahora salimos de la escuela y, por lo tanto, nos internamos en medio de la vida. ¿Cómo es la vida moderna? No tiene nada que ver con Dios. En el ámbito de la vida pública no se percibe nada de lo que habíamos aprendido antes —que la creación en la que vivimos es un regalo de Dios—. ¿Cómo experimentamos la creación cuando entramos en una lucha por la existencia?

¡La creación nos pertenece! Tenemos que darle forma, plasmarla, procurar ganar dinero de modo que podamos vivir. De Dios como Señor de la creación no vemos nada en nuestro entorno. Podremos escuchar alguna vez algo sobre eso en la Iglesia, pero la vida en cuanto tal pasa corriendo a nuestro lado, ya no conoce más ningún Dios y Señor. Y de lo que aprendimos antes —que existe un gran orden de leyes establecido por Dios— no se escucha nada tampoco. Aunque hay leyes, las utilizo solamente para obtener ganancias a fin de que me vaya bien aquí en la tierra. ¿Y dónde encuentro en mi lugar de trabajo, en mi ambiente, personas que coloquen a Dios realmente en el centro de su vida?

¡Así es nuestra imagen de Dios! […]

 

  

viernes, 20 de octubre de 2023

¿CÓMO GESTIONAR EL MIEDO?


Superar la angustia profunda

Cuando hay estados de angustia el cuerpo nunca es la única causa: las dolencias físicas se han incrustado en sus efectos en el alma. Los médicos aconsejan un cambio de ambiente y de aire. Podemos intentarlo, y puede ser que eso alivie y atenúe. Pero estoy convencido —tal vez, ustedes también lo estén— de que la angustia profunda no se supera con un cambio tal. Es lo que justamente quiero destacar: es lícito aplicar todos los medios denominados de régimen propio según el sentido que tienen, pero, sin la correspondiente ingenuidad y filialidad [frente a Dios, el Padre celestial], no conducen a la meta […].

La fuerza para soportar cosas

El motivo más simple y efectivo es siempre el siguiente: doy alegría al Padre del cielo. Si a él le alegra, por ejemplo, que yo haga soberanamente el ridículo, entonces yo también quiero alegrarme de ello. […] Tienen que notar cómo la filialidad da realmente la fuerza para paralizar cosas, para soportarlas y, tal vez, en determinados casos también para superarlas por completo. […]

Experimentamos en nosotros mismos. ¡No estudiar mucho, sino experimentar! Si lo experimentamos en nosotros mismos, lo tendremos con seguridad; y si otros experimentan lo mismo, tendremos un saber experiencial. No nos dejamos desbaratar el saber experiencial por todo tipo de sofisticaciones teóricas.

J. Kentenich, 1937, en

Kindsein vor Gott, 335 ss.

Saltar con audacia

El Dios vivo nos habla. El Dios vivo nos habla en su persona, pero también a través de su palabra, del acontecer del mundo. […] Un salto, un salto audaz a sus brazos: eso es la fe en la Providencia. Es algo así como decir, por ejemplo: [estando arriba,] en la cima de una montaña, ahora tengo que saltar hacia abajo, al mar.

Esta es la fe en la Providencia. ¡Saltar a los brazos de Dios! Dios es el que está detrás de todo el acontecer del mundo, detrás de todas las situaciones: esté yo sano o enfermo, tenga éxito o fracase, nada de eso es casual, Dios está detrás. La fe en la Providencia me hace dar audazmente el salto a los brazos de Dios, que está detrás de todas esas cosas.

El águila es arrojada fuera del nido

O bien, otra imagen. ¿Podemos imaginarnos más o menos cómo se siente un pichón de águila que es arrojado por primera vez fuera del nido? Con inquietud interior se deja arrojar fuera de su nido. ¿Qué vendrá ahora? De pronto siente que sus alas son sostenidas por el aire y, entonces, asciende seguro hacia lo alto, hacia el sol. Este es el hombre que tiene fe en la Providencia: ha saltado fuera del nido, expulsado de todas las circunstancias satisfechas de su vida. Pero ¿hacia dónde ha saltado? ¿Hacia lo incierto? Oh, no hacia lo incierto, sino siempre a los brazos de Dios, a los brazos del Dios eterno, a los brazos del Dios infinito.

J. Kentenich, 26 de mayo de 1963, en

Aus dem Glauben leben, t. 7, 151 s.

  

viernes, 13 de octubre de 2023

NUESTRA VIDA EN MANOS SEGURAS


Con audacia

El hombre audaz no es que vaya por la vida sin miedo, sino sin particular miedo. No va por la vida con rodillas temblorosas. Por ejemplo, no es vergüenza alguna que, si me veo arrojado en medio de las dificultades del tiempo actual, mi corazón experimente un temblor interior; o, por ejemplo, que, si tuviésemos que perder la libertad, tuviésemos un cierto sentimiento de angustia. Esto no es falta de hombría, es algo enteramente humano. El Salvador también lo experimentó: ¡qué angustia estremeció al Dios hecho hombre! ¡Por angustia derramó gotas de sudor, y hasta sudó sangre! […]

En efecto, la palabra del Salvador nos dice que Dios permite tanta incertidumbre para que el ser humano siga siendo consciente de que depende de Dios. Podemos asegurarnos cuanto queramos: todo eso puede quedar destruido de la noche a la mañana. Por más que pueda tener un puesto asegurado, mañana pueden echarme. El hombre que tiene fe en la Providencia sabe de la seguridad del péndulo: por eso es tan sereno y audaz. Es decir: todas las cosas fluyen, todo lo humano se ve arrojado de ese modo. El ser humano no tiene seguridad en las cosas del mundo, tampoco en las leyes y costumbres. Solamente hay seguridad en manos de Dios. El hombre audaz sabe ver en todas partes el plan de vida de Dios e incorporarse a ese plan. […] Desde luego, en todo ello es lícito que haya un poquito de preocupación y de prudencia, pero solo un poquito.

J. Kentenich,

extracto de una carta, manuscrito

La seguridad está arriba, «en el gancho»

La seguridad propia del ser humano en cuanto tal es siempre la seguridad del péndulo. Hacia abajo el péndulo está inseguro: puede ser puesto en movimiento por cualquier soplo de viento. Algo semejante ocurre a menudo con la seguridad del ser humano en la tierra. ¿Dónde tiene su seguridad el péndulo? Arriba, en el gancho. Algo semejante sucede en el ser humano. Solo estoy asegurado en Dios. El hombre actual no tiene ya seguridad alguna en los demás hombres, y ha arrojado de sí la seguridad en Dios. Es necesaria la vinculación al gran Dios.

J. Kentenich, 1946, en

Das katholische Menschenbild, 39

Estar seguros en el «nido primordial»

Seguridad del péndulo: puede que la naturaleza se estremezca y tiemble transitoriamente cuando se nos retira nuevamente el suelo bajo los pies o cuando se nos corta una seguridad terrena, mundana […] [Pero el hombre creyente] se habrá decidido con prontitud de nuevo por Dios y habrá buscado conscientemente refugio en su hogar primordial, en el corazón de Dios. Allí está cobijado y seguro como en ninguna otra parte del mundo. Nadie tiene tan buenas intenciones para con él como Dios, y nadie es capaz ni tiene disposición como Dios para que todo lo desagradable y malo redunde en su bien.

J. Kentenich, abril-junio de 1944, en

Marianische Werkzeugsfrömmigkeit, 37

Seguridad del péndulo, poder en blanco

¿Qué es lo que resuena más fuerte en la expresión «poder en blanco»? Es justamente aquello que está grabado muy profundamente en el rostro del tiempo moderno: la oscuridad, la incertidumbre y la inseguridad de la vida actual.

Tienen que prestar atención, en general, a que ninguna de estas expresiones ha sido «fabricada». Lo que se ha desarrollado entre nosotros con esas expresiones no se ha plasmado nunca en el escritorio, tras una larga reflexión. Esas expresiones son muchas veces fruto de una ocurrencia repentina.

¡Poder en blanco! Examinen nuevamente cómo se capta aquí la vida psíquica moderna, puesta como está en este tiempo oscuro, tenebroso.

Poder en blanco: ¿qué significa? Significa que le regalo a Dios un poder en blanco. Piensen en un cheque en blanco. No necesito exponerlo ahora, pues se trata de asuntos corrientes. Un papel en blanco, y el nombre infrascrito. ¿Quién puede escribir en el papel lo que quiera? ¿Comprenden qué importante es esto?

O bien, tomen otras expresiones que giran en torno al mismo proceso de vida: internarse en una eterna inseguridad de péndulo a fin de adquirir una seguridad de péndulo. Desde luego, son formulaciones jocosas que de pronto se hicieron populares: fuera con la seguridad de caja, ¡a la seguridad de péndulo! Los acontecimientos históricos pueden hacer que, abajo, el péndulo se vea lanzado constantemente de un lado al otro, como sucede justamente con un péndulo. ¡Conformidad con la voluntad de Dios!

¡Cómo suena esa expresión! En primer lugar, encierra en sí una estática. El cheque en blanco expresa toda la dinámica que se exige de todos nosotros si queremos o debemos ver correctamente la vida actual, desenvolvernos correctamente en ella.

J. Kentenich, 23 de noviembre de 1965, en Rom-Vorträge 17.-23.11.1965, 213 s.

viernes, 6 de octubre de 2023

DECIR SÍ A DIOS Y A SUS DESEOS


Superar la angustia

Si como psicólogo analizo la condición humana y cristiana pienso tener que decir que está llena de tensiones, y estas tensiones se ven constantemente alimentadas por un temor y una angustia muy profundos. Así pues, el psicólogo ve asociados a la condición humana un temor y una angustia implacables. No estará de más que descorramos ahora el misterioso velo de nuestra alma. También nosotros nos vemos mucho más torturados por el temor y el miedo de lo que lo admitimos […].

¿Qué entendemos por angustia? La angustia es un malestar psicofísico enormemente fuerte a causa de la inferioridad frente a algo indeterminado, de la impotencia que sentimos en nosotros frente a una oscura omnipotencia […].

Aprender a decir sí de forma filial

Si me permiten […] decir algo sobre los remedios […], notarán que los remedios contra [la angustia] no son conducentes si no se agrega a ellos el arrojo de la filialidad […].

Hasta el fin de la vida tendríamos que esforzarnos por grabar en los sentimientos, el corazón y la voluntad el arrojo de la filialidad. […] Otra expresión para ello es: el arrojo de decir sí. Cristo también pronunció este sí en una difícil situación de su vida: ¡Sí, Padre! Decir sí con audacia. […]

Observen la vida de grandes hombres, observen su propia vida: ¿acaso no llegamos periódicamente a un cierto límite, a una cierta barrera [ante la cual nos preguntamos] «y ahora qué»? En cualquier caso, sentimos el corte, notamos que saltar por encima de esa barrera es, en cierto sentido, un acto de arrojo; sentimos que las cosas ya no son tan tranquilas, tan confortables y sosegadas: hay que pasar a un plano más alto. Antes habíamos sentido los límites: ahora hay que hacerlos saltar […].

Todos nosotros […], que nos encontramos en la vida moderna, deberíamos movernos constantemente en estas consideraciones. ¿Qué quiere Dios? Si el ser humano necesita arrojo ya en su desarrollo puramente natural, ¡qué arrojo será necesario para entrar en la oscuridad de la fe! […]

¿Sienten ahora la grandeza que anida en nuestra filialidad? No tenemos que pronunciar un sí desesperado, sino un sí audaz y alegre —aunque asociado a una gran opresión—.

J. Kentenich, 1937, en Kindsein vor Gott, 236, 241, 291 s.

Siga siendo siempre el niño despreocupado

¿Qué he de responder a sus afectuosas líneas? Dios lo ha conducido a través de la noche oscura del alma. Fue bueno que así fuese. Ahora volverá a resultarle más fácil regresar a la antigua sencillez, simpleza y derechura de la aspiración a la virtud. Hágalo pronto. Dicho concretamente: no se deje atomizar más por lo que escucha o lee. Y después, siga siendo, como era antes, el niño despreocupado tomado de la mano de nuestra Madre del cielo.

J. Kentenich, 10-06-1920, en Brief an Fritz Esser

  

sábado, 30 de septiembre de 2023

RELACIÓN CON DIOS PADRE - FE EN LA PROVIDENCIA

El problema más difícil para la cristiandad actual es la fe práctica en la Providencia […] A muchas personas no les cuesta creer en la divina Providencia tal como ha actuado en los siglos pasados.

La dificultad […] comienza cuando, aquí y ahora, es decir, en el acontecer mundial actual, se trata de [creer en] una planificación del amor, la sabiduría y la omnipotencia divinas o de [creer en] un Padre Dios que tiene en sus manos las riendas del acontecer mundial y que conduce todas las cosas hacia una meta claramente reconocida y querida. Esto es lo que llamamos fe práctica en la Providencia.

J. Kentenich, 1952-53, en

Texte zum Vorsehungsglauben, 26

Este tanteo y esta búsqueda del plan divino, la escucha atenta de los deseos de Dios y la obediencia alegre son siempre la nota característica de la Familia [de Schoenstatt]. Por eso decimos también que el mensaje de la fe en la Providencia es el mensaje de Schoenstatt sin más.

J. Kentenich, 1952, en

Texte zum Vorsehungsglauben, 60

Es muy valioso que nos acostumbremos a examinar retrospectivamente en el pasado cómo Dios nos ha marcado el rumbo en cada caso; que yo mantenga firmemente solo esto: ¡Dios me quiere!, y yo quiero regalarle mi amor […]; que yo responda a la cruz y al sufrimiento solamente con amor: [la cruz y el sufrimiento] son un saludo de Dios.

Esto vale también para las comunidades religiosas cuando sobrevienen dificultades. Dios tiene con ellas intenciones determinadas. Mi propia visión no llega lejos, pero Dios ha diseñado un plan universal y también el pequeño plan de vida [individual]. Él conduce día tras día la vida del individuo y de las comunidades. Solo es preciso que hagamos una cosa: querer a Dios.

J. Kentenich , 28-11-1937, en

Das Lebensziel des Christen, 37

Detrás de todas las cosas está la voluntad paterna de Dios. Me sé amado; el destino de mi vida no se ve arrojado ciegamente de un lado a otro: detrás de ese destino se encuentra el Padre Dios […] Pero yo quiero estar también convencido de que Dios pronuncia un sí personal a mi destino. El Dios que pronuncia ese sí es un Dios personal. Eso es importante.

J. Kentenich, 28-11-1937, en Das Lebensziel des Christen, 42 s..

 

DECIR SÍ A DIOS Y A SUS DESEOS

Superar la angustia

Si como psicólogo analizo la condición humana y cristiana pienso tener que decir que está llena de tensiones, y estas tensiones se ven constantemente alimentadas por un temor y una angustia muy profundos. Así pues, el psicólogo ve asociados a la condición humana un temor y una angustia implacables. No estará de más que descorramos ahora el misterioso velo de nuestra alma. También nosotros nos vemos mucho más torturados por el temor y el miedo de lo que lo admitimos […].

¿Qué entendemos por angustia? La angustia es un malestar psicofísico enormemente fuerte a causa de la inferioridad frente a algo indeterminado, de la impotencia que sentimos en nosotros frente a una oscura omnipotencia […].

Aprender a decir sí de forma filial

Si me permiten […] decir algo sobre los remedios […], notarán que los remedios contra [la angustia] no son conducentes si no se agrega a ellos el arrojo de la filialidad […].

Hasta el fin de la vida tendríamos que esforzarnos por grabar en los sentimientos, el corazón y la voluntad el arrojo de la filialidad. […] Otra expresión para ello es: el arrojo de decir sí. Cristo también pronunció este sí en una difícil situación de su vida: ¡Sí, Padre! Decir sí con audacia. […]

Observen la vida de grandes hombres, observen su propia vida: ¿acaso no llegamos periódicamente a un cierto límite, a una cierta barrera [ante la cual nos preguntamos] «y ahora qué»? En cualquier caso, sentimos el corte, notamos que saltar por encima de esa barrera es, en cierto sentido, un acto de arrojo; sentimos que las cosas ya no son tan tranquilas, tan confortables y sosegadas: hay que pasar a un plano más alto. Antes habíamos sentido los límites: ahora hay que hacerlos saltar […].

Todos nosotros […], que nos encontramos en la vida moderna, deberíamos movernos constantemente en estas consideraciones. ¿Qué quiere Dios? Si el ser humano necesita arrojo ya en su desarrollo puramente natural, ¡qué arrojo será necesario para entrar en la oscuridad de la fe! […]

¿Sienten ahora la grandeza que anida en nuestra filialidad? No tenemos que pronunciar un sí desesperado, sino un sí audaz y alegre —aunque asociado a una gran opresión—.

J. Kentenich, 1937, en Kindsein vor Gott, 236, 241, 291 s.

Siga siendo siempre el niño despreocupado

¿Qué he de responder a sus afectuosas líneas? Dios lo ha conducido a través de la noche oscura del alma. Fue bueno que así fuese. Ahora volverá a resultarle más fácil regresar a la antigua sencillez, simpleza y derechura de la aspiración a la virtud. Hágalo pronto. Dicho concretamente: no se deje atomizar más por lo que escucha o lee. Y después, siga siendo, como era antes, el niño despreocupado tomado de la mano de nuestra Madre del cielo.

J. Kentenich, 10-06-1920, en Brief an Fritz Esser

  

viernes, 22 de septiembre de 2023

¿DÓNDE SALIÓ DIOS A MI ENCUENTRO EL DÍA DE AYER?

Dios es un Dios personal. No está sentado en el cielo donde hace «un calor agradable» mirando a los seres humanos que estamos abajo. Tampoco contempla indolente las atrocidades que se cometen en esta tierra, las guerras entre las naciones, los terribles sufrimientos de la humanidad. Nada de eso le es indiferente. Los seguidores del deísmo anuncian un Dios así, impersonal. Dicen: sí, hay un Dios en el cielo, pero no se preocupa por los hombres en este mundo. Son los hombres los que causan su propio sufrimiento, sus propias preocupaciones, y tienen que ver cómo se las apañan con ellas. Dios tiene allá arriba suficiente que hacer. La tierra está para los hombres. Sabemos que hay un Dios trino que reina en el cielo y se preocupa personalmente por cada uno de nosotros. Sabemos también que nada sucede sin su conocimiento. Él ha diseñado el gran plan universal y tiene también un plan y un lugar para cada uno de nosotros. 

Él sabe por qué

Hay muchas cosas de las que no sabemos por qué Dios las permite. Pero él es omnisciente: él sabe por qué. Él tiene en sus manos las riendas del acontecer universal y de nuestro destino personal, él guía y dirige todo lo que sucede.

Nosotros creemos en un Dios verdadero, el creador y conductor del universo. Esto se denomina teísmo. El comunismo enseña que no existe ningún Dios creador. Según el comunismo, el mundo, tal como es, ha surgido a través de un proceso. Así como el agua, cuando se la calienta, se convierte en vapor [y a la inversa], así se formó la materia; de la misma manera surgió después el ser humano con su alma espiritual, dicen ellos.

Los comunistas enseñan también que la religión es opio para el pueblo. Según ellos, el que enseña religión adormece la mente de los hombres. Según su postura, vivimos una sola vez y, mientras se pueda, tenemos que trabajar y luchar por lo que necesitamos. Para ellos no hay diferencias de clase: todas las personas son iguales. El trabajo es su dios, y tiran abajo todo lo que tiene que ver con la vida después de la muerte.

Miremos a una gallina cuando bebe. Inclina la cabeza hacia el agua, después la levanta lentamente y deja que el agua corra hacia abajo por el cuello; disfruta cada gota. Así deberíamos saborear nosotros también la bondad de Dios: de alguna manera elevar nuestros ojos hacia el cielo y agradecer al Dios trino por todos los beneficios.

J. Kentenich, 22 de enero de 1955, en

Am Montagabend, t. 1, 93 ss.

 

Libro de meditación: la vida práctica

Me preguntaron cómo se puede meditar. El mejor libro de meditación debería ser para nosotros la vida práctica. Abro el libro del día de ayer, recorro el día entero desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche y me pregunto: ¿Dónde salió Dios a mi encuentro el día de ayer? Él nos sale al encuentro con mucha más frecuencia de lo que sabemos. Dios nuestro Señor es extraordinariamente noble. Él nos prepara para cada pequeñez. Pero las más de las veces no estamos preparados, porque no le hemos prestado atención. Por eso: ¿Dónde salió Dios a mi encuentro el día de ayer?

¿Dónde me demostró amor? ¿Le he dado una respuesta? No debemos pasar por alto ningún acontecimiento en la vida de nuestra familia, pues ni siquiera un cabello cae de nuestra cabeza sin que Dios lo quiera; tengo que atribuir el origen de todo en el plan de Dios, interpretar el plan de Dios.

¿Qué me quiere decir con eso?

Comprendo cada acontecimiento como una catedral. Pongo la escalera para [que asciendan por ella] el entendimiento y el corazón. En la cúspide de cada acontecimiento veo a Dios, incluso si alguien me ha hecho sufrir [ejemplo de la bola de nieve]. Detrás de cada sufrimiento se encuentra en última instancia nuestro mejor amigo, el buen Dios. He ahí una fe sencilla en la Providencia. Tenemos que ver mucho más al Dios de la vida. Dios nuestro Señor está detrás de todas las cosas. A mí se me agría el rostro, pero también se me dulcifica. Con ello habré puesto la escalera para el entendimiento y veo a Dios en su misericordia divina. ¿Dónde me ha salido Dios al encuentro en mi vida? Pongo también la escalera para el corazón. Entonces tengo que decirle a Dios nuestro Señor que lo he visto, que sé que todo proviene de él, y darle gracias por ello. Esto es verdadera religiosidad, verdadera piedad. Esta es la realización de la frase que dice: «Sed constantes en orar» (1 Tes 5,17). Es mantener un contacto constante con Dios. Tenemos que adquirir esto. No tenemos que medir nuestra piedad por las prácticas exteriores: así, podremos no hacer muchas cosas, pero sí estar constantemente en contacto con Dios, poner la escalera para el entendimiento y el corazón. ¿Acaso no lo hacían también nuestros abuelos?

 

J. Kentenich, junio de 1950, en Familientagung 31.5-4.6.1950, 81 s. 

viernes, 15 de septiembre de 2023

«MI PADRE LLEVA EL TIMÓN»

 LA FE EN LA PROVIDENCIA

Hoy dejamos el tema de la sexualidad y nos adentramos en algunos textos referidos a nuestra “VIDA CON DIOS”. El Padre Kentenich enseñó a los suyos a cultivar y crecer en la “fe práctica en la Divina Providencia”, o sea en el convencimiento de que Dios guía nuestros pasos, de que lleva en sus manos el volante. Con ello nos anima a poner toda nuestra confianza en que Dios como buen padre nos ama y cuida de nosotros. En una charla a los matrimonios del mes de enero de mil novecientos cincuenta y cinco decía lo siguiente:

“En la vida cotidiana tenemos que ver a Dios detrás de todas las cosas, en nuestras alegrías y sufrimientos. Dios no es un tirano, sino un padre amoroso que nos ama como a la niña de sus ojos. Nos ama como si fuésemos su único hijo, como si no existiera nadie más fuera de nosotros. Dios cuida de forma totalmente personal de nosotros. Pensemos siempre que todo lo que nos ocurre está en el plan [de Dios], que tiene un motivo determinado, aunque momentáneamente nos duela. En todo momento tenemos que sostener con firmeza que Dios es nuestro padre amoroso y pronunciar con disposición nuestro «sí, Padre», independientemente de que él nos envíe una cruz o una alegría. Tenemos que depositar toda nuestra confianza en la Providencia de Dios.

Debemos hacerlo como el niño cuyo padre es médico. Ya conocemos el ejemplo: el niño está muy enfermo; el padre le dice que tiene que ser operado, y de inmediato, sin anestesia. El niño tiene mucho miedo, pero sabe que su padre tiene conocimiento de lo que es mejor para él y que salvará su vida. Gime de dolor, pero se somete a la voluntad del padre, porque sabe: papá me ama y hará todo lo que esté en su poder para salvarme.

También el Salvador se lamentó en el Monte de los Olivos cuando previó su pasión. Pero también él dijo: «Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Tal vez nosotros también tengamos que cargar una pesada cruz. No hay problema en que le digamos al padre qué pesada es la cruz y le pidamos ayuda. Solo tenemos que agregar siempre: «No se haga mi voluntad, sino la tuya».

Vamos a depositar toda nuestra confianza en la Providencia de Dios.

 

Él reconoce a su mejor amigo

Les cuento otra pequeña historia. Imagínense: es invierno. Alguien está fuera rezando el rosario, está feliz meditando qué bueno es Dios. De pronto, una bola de nieve le golpea por detrás la cabeza. El señor se vuelve indignado: quiere ver quién se ha permitido semejante cosa. Entonces reconoce a su mejor amigo, parado frente a él con rostro sonriente. ¿Qué hace entonces? Antes de percatarse, ya se está riendo con él. Aun cuando la bola de nieve duela en el momento, él perdona gustosamente a su amigo, porque este no tenía mala intención. El ejemplo podemos aplicarlo a Dios. Todo viene de una amorosa mano paterna, aun cuando duela mucho. Tenemos que llegar a ser personalidades, no ser hombres masa. Debemos poner la escalera para el entendimiento y el corazón y ver a Dios detrás de todas las cosas. Ya sabemos: en el mundo nada sucede sin Dios. Él lo ve todo. Él lo dispone o lo permite para que, a través de ello, lleguemos al cielo.”

J. Kentenich 22.01.1955 en “Am Montagabend, Tomo 1