viernes, 29 de mayo de 2020

Anunciar la muerte del Señor, ¿cómo?


Al meditar sosegadamente la frase del apóstol Pablo a los Corintios – "Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga" – se me ocurre que podemos dirigir nuestra mirada en varias direcciones. En primer lugar, es una mirada al pasado, en la misa recordamos lo que ocurrió en aquella ocasión, la primera vez; es también una acción de gracias y una conmemoración: aquí y ahora obedecemos el mandato del Señor que nos dijo: "Haced ésto en memoria de mí". Pero es además algo presente, es actualización y comunión: estamos viviendo unidos al Cristo que vive y sube al madero de la cruz. Y finalmente es un compromiso de vida: debemos anunciar con nuestra vida que Cristo vive en nosotros hasta que Él venga en la segunda venida, y podamos con él celebrar el banquete eterno, la cena de las bodas del Cordero (Apocalipsis 19).

El Padre Kentenich, al recordar el tercer principio por el que nos regimos sus hijos espirituales en la celebración de la santa Misa diaria, lo explica así, para aclararnos lo que significa en concreto ese compromiso de vida al que aludimos antes:

“Y después la tercera ley: Morten Domini annuntiabitis, donec veniat. Anunciaré la muerte del Señor hasta que vuelta a juzgar a vivos y muertos. Quiero anunciar la muerte. Quiero anunciar que el Salvador se ofrece misteriosamente de forma incruenta al Padre en sacrificio por nosotros. Pero también quiero anunciar la muerte del Señor ascendiendo misteriosamente con el Señor a la cruz en la santa misa. Por eso, en la santa misa me dejo colocar la corona de espinas. Me dejo atravesar el corazón por la lanza, hincar los clavos en las manos y en los pies. De ese modo camino por la jornada diaria. Durante el día el Salvador debe pender nuevamente a través de mí en la cruz y redimir el mundo. Así, la ofrenda de mi vida se convertirá en una continuación de la santa misa matinal, del mismo modo como la santa misa es una actualización del sacrificio de la cruz.”

En la charla a los matrimonios que venimos comentando en estas últimas semanas, aborda el mensaje de Pablo desde otra perspectiva, la del sacrificio:

“El tercer principio nos ha sido transmitido por el apóstol Pablo: Morten Domini annuntiabitis, donec veniat. Quiere decir: Proclamaréis y debéis proclamar la muerte del Señor, hasta que vuelva. Tenemos que citar más exactamente el texto: Cada vez que celebráis y cada vez que comulgáis, debéis proclamar la muerte del Señor. ¿Comprenden lo que significa? Solo lo comprende el que ha penetrado más profundamente en la esencia de la santa misa. Sabemos — o lo oiremos más tarde — que, en la santa misa, el Salvador es nuestra víctima.

No sé si los hombres modernos tenemos presente que el sentido del sacrificio, en el sentido estricto de la palabra, es un impulso primordial de la naturaleza humana. Si consultan alguna vez a los prácticos y teóricos, nos dirán que casi todos los pueblos tienen un sacrificio. Ahora bien, en el sacrificio tienen que distinguir entre un sacrificio habitual de mortificación y un sacrificio en sentido propio, en el sentido estricto de la palabra. Eso ha de estar también en su catecismo, el que aprendimos cuando éramos niños. ¿Qué es el sacrificio en este sentido estricto? Es el ofrecimiento de un don visible a fin de reconocer a Dios como el supremo Señor.”

Y en otro retiro en Schoenstatt (La santa misa escuela de filialidad) lo puntualizará de esta manera:

“Si nuestra actuación en la santa misa fue profunda deberá encontrar una continuación en nuestro trabajo cotidiano. Si hemos subido con Cristo a la cruz de manera misteriosa y en entrega total, si manos y pies fueron clavados en la cruz, el Padre puede hacer con su hijo lo que le plazca; y si eso no se hace realidad durante el día - es decir, si tengo la ocasión de hacer algún sacrificio, por ejemplo, si estoy con alguien que me resulta antipático - y no lo hago, bajo de la cruz.”

“Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.”   Tarea exigente, lo que Pablo nos pide ……..


viernes, 22 de mayo de 2020

De sacrificio (de la misa) a sacrificio (de la misa)


En estos tiempos de pandemia generalizada, de reclusión forzada y de presencia prohibida o regulada en nuestros templos seguimos anhelando y reflexionando sobre la participación y celebración de la santa Misa. Lo hacemos conducidos por el Padre Kentenich y sus charlas de los lunes a los matrimonios de Milwaukee, en este caso inspirándonos en la charla del 11 de marzo de 1957.

Aquel día les enunció los tres principios por los que nos regimos en Schoenstatt al respecto. La semana pasada abordamos el primero, Nulla dies ….., hoy traigo algunas reflexiones sobre el segundo. El Padre lo explicaba así:

“El segundo principio reza: De sacrificio in sacrificium. ¿Qué quiere decir esto? Tengo que reducir mi vida entera a un día, y este único día está enmarcado por dos santas misas. Al comienzo de las 24 horas está la santa misa, y al final está la santa misa. ¿Qué quiere decir el principio? Que las gracias que necesito para vivir de forma agradable a Dios durante 24 horas las recibo a través de la santa misa. Lo que sucedió ayer no me resulta más una carga, pues lo he depositado en el cáliz; y lo que sucederá mañana no me inquieta todavía, pues de eso cuidará el Salvador mañana.

Como ven, esto es significativo: mi jornada diaria está sostenida por la gracia de la santa misa. Por tanto, me acostumbro a vivir siempre solamente por un día. El pasado ya no existe, el futuro no ha llegado aún. Esto no significa que, por ejemplo, como hombre de negocios, no deba reflexionar sobre lo que tengo que hacer mañana o dentro de medio año. Solo quiero decir con ello que no me inquieto. Con el tiempo maduran las uvas. De este modo solemos rezar también nuestra pequeña oración: «Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco todo a ti… Te consagro en este día…». Concentrarlo siempre todo en el hoy. Un auténtico schoenstatiano vive siempre solo por un día. En el centro está la santa misa.”

En otras fuentes de la catequesis kentenichiana podemos informarnos con más exactitud sobre la forma y manera de vivir nuestro día en el espíritu de la Misa. Recordemos, por ejemplo, las estrofas de la ‘Misa del instrumento’ en el librito de oraciones ‘Hacia el Padre’. Allí rezamos, al finalizar la misa, las estrofas del ‘Envío’:

Desde el altar
nos dirigimos, Señor,
a dar tu forma
a la vida cotidiana.

Por todos los medios
queremos arrebatar
el mundo y los corazones
hacia el cielo, hacia el Padre.

Así como el pan y el vino
inmolándose se consagran a ti,
en todas las cosas debe
renovarse el o f e r t o r i o.

Todo exclame en coro:
"Santo es Dios";
todo debe c o n s a g r a r s e,
y ser y obrar santamente.

Todo sea c o m u n i ó n
en ti, Hijo de Dios,
un festejo con el cielo
y manifestación de la gloria divina.

Todo sea tu Reino,
e igual a ti, su Cabeza;
todo alabe con alegría
a la Trinidad en las alturas. Amén.


En todas las cosas ‘renovar el ofertori
En todas las cosas ‘renovar el ofertorio, obrar santamente consagrando todo, y hacer que todo sea comunión en y con Cristo Jesús’.

Al meditar sobre estos consejos del Padre Kentenich he recordado los primeros tiempos de nuestra formación en el Instituto de Familias de Schoenstatt. Fue en un retiro, Mayo de 1984. El Padre José Manuel López H., entonces en España, nos introdujo en el pensar del Fundador acerca del sacrificio de la Misa y la vida de cada día en nuestro matrimonio. El texto pertenece a la herencia de nuestro curso, lo titulamos “Eucaristía y matrimonio”, y pienso que a mis lectores les haré bien poder leerlo, meditarlo y llevarlo a la vida. El que así lo desee, puede encontrar el texto en el siguiente enlace. Aprovecho para agradecer una vez más al P. José Manuel, ahora en Chile, por todo el cariño que nos tenía.
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Para leer o escuchar el texto del retiro, haz 'clic' en el siguiente "Enlace":






viernes, 15 de mayo de 2020

NULLA DIES SINE SACRIFICIUM MISSAE


¡Que no haya día sin la santa Misa!, deseaba el Padre Kentenich para todos sus hijos. Aquí, en mi tierra de España, seguimos sin poder hacer realidad este consejo. El confinamiento por un virus es el culpable. Agradecemos las posibilidades que Internet nos brinda con la transmisión de las misas en diversos altares del mundo, pero nos falta, anhelamos, la celebración conjunta y personal de este gran misterio, la liturgia del sacrificio del Señor.

Esta clausura obligada me lleva a menudo (curiosamente) a la nostalgia: en estos días estoy hurgando en los recuerdos de mi infancia. Entre ellos, el recuerdo de mi padre, el maestro de escuela de los años de la postguerra española. De niño me senté en los bancos de aquella escuela del pueblo …… la de mi padre. De él aprendí yo el catecismo, porque, en aquellos tiempos, los maestros eran a la vez los catequistas. Su fuente, el célebre ‘Catecismo Ripalda”.

¿Qué aprendí de él sobre la Misa? Junto a mis compañeros de escuela, repitiendo en coro y en voz alta, contestando todos a las preguntas del maestro, aprendimos:

En cuanto al oír Misa, decidme: ¿Qué cosa es Misa?
“Un sacrificio que se hace de Cristo, y una representación de su vida y de su muerte”.
¿A quién se hace este sacrificio?
“Al Padre Eterno”
¿Para qué?
“Para tres fines: para darle gracias, satisfacerle, y pedirle beneficios”.

El Padre Kentenich nos habla también de la Misa como representación y de la ofrenda de este sacrificio al Padre. La eucaristía fue siempre para él “una fuente inagotable de gracias, el momento de mayor intimidad con el Señor y la ocasión para tomar las decisiones de mayor envergadura”, leemos en el libro ‘La santa Misa, escuela de filialidad’, que nos regala textos de un retiro predicado por el Padre en el año 1937, y del cual extraigo los siguientes pasajes:

“La liturgia de la santa misa es lo más importante para nosotros. …… Quiero hablarles sencillamente de ella. Me voy a expresar gráficamente para darle a nuestros sentimientos un punto de partida comparando la santa misa con un drama teatral. Ahora deben pensar qué puntos de coincidencia hay entre la santa misa y un drama. No voy a nombrarles todos los puntos, sino que voy a señalarles tres de ellos en los que ambas cosas se distinguen. ….. La primera diferencia: Si vemos un drama teatral en el escenario, sabemos que sólo se trata de una representación. Por ejemplo, se representa a un rey. Es sólo una representación, un recuerdo de algo que ya pasó o que tal vez podría haber sucedido.

¿Notan ustedes la diferencia? La santa misa no es solamente una representación sino viva realidad.

¿Qué quiere decir esto?  ¿Qué es lo real en la santa misa? ¿Qué representa el sacrificio de la santa misa? El sacrificio de la cruz. Por lo tanto, recuerda algo: es un signo, un símbolo o un recuerdo. ¿Es la santa misa simplemente un recuerdo? ¿El sacerdote en el altar solamente nos recuerda que Jesús, en aquellos tiempos ofreció el sacrificio en el Calvario?

Eso ya sería hermoso. Pero sin embargo no es lo más profundo, el núcleo de la santa misa. En la santa misa tenemos al Salvador verdadera y efectivamente. En la luz de la fe vemos - si puedo expresarlo así - cómo Él baja desde la eternidad a la temporalidad y repite y renueva sobre el altar el sacrificio de la cruz de manera misteriosa. Por lo tanto, no es solamente representación sino realidad.

Acuérdense simplemente de estas cuatro palabras: drama teatral: representación, santa misa: viva realidad.” ………

Más tarde, en el mismo retiro, el Padre Kentenich habla también del Padre Eterno en relación al sacrificio de la Misa.

“Jesús: nuestro camino al Padre. Si consideramos nuestra propia experiencia diremos que Jesús será para nosotros camino hacia el Padre, en la medida en que nosotros lo amemos íntimamente. Debo estar vinculado profundamente a Él; entonces me resultará natural vincularme por medio de Él con el Padre. Por lo tanto Jesús no es sólo racionalmente el camino hacia el Padre sino también vitalmente; y para que esto sea verdad es necesario que yo lo ame íntimamente.

La liturgia presupone - mirándola desde el punto de vista de una sana sicología - una intimidad con Cristo.

Ya les dije que podemos considerar a la santa misa como medio de alabanza. En lugar de alimento uso una expresión más linda que me propuso uno de ustedes: medio de vida. La liturgia debe ser considerada también como objeto de culto.

¿Qué quiere decir eso? Yo mismo estoy vinculado a Él, yo mismo lo alabo, yo mismo quiero amarlo profundamente.
……. Vuelvo otra vez a la idea de ayer: pienso en mi miseria y en mi pecado, y me siento tan pequeño ante el Padre celestial… en vez de decir: me siento pequeño ante el Padre celestial, es comprensible que, por decirlo así, me esconda en Jesús, ante el Padre. Yo estoy vinculado a Jesús; Él y yo somos una sola cosa. ¡Contacto íntimo entre Él y yo! Tal como Jesús se hizo pequeño en el Monte de los Olivos, así yo quiero adoptar esta actitud en el Salvador.

A aquel a quién todo esto todavía no le resulte natural, debe procurar ir armando poco a poco el puente de unión entre lo que hemos experimentado y lo que hemos oído.”

Buen consejo, esto último, para reflexionar y rezar en esta semana. ¡Mis saludos!

viernes, 8 de mayo de 2020

Anhelando anunciar la muerte del Señor


En algunos países de nuestro entorno europeo se están abriendo cauces para superar el así llamado estado de alarma, retornar a la normalidad para que los ciudadanos puedan volver a disfrutar de sus derechos más elementales, por ejemplo, el de asistir a los templos para celebrar con el sacerdote la eucaristía. Lo anhelamos y nos alegramos de poder recibir pronto el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el pan y el vino eucarísticos.

Sobre este misterio tan grande de la liturgia eucarística dice el Padre el Padre Kentenich en una de sus charlas de los lunes a los matrimonios de Milwaukee, en concreto, en la del 11 de marzo de 1957, lo siguiente:

“¿Qué entendemos por liturgia? La liturgia es el misterioso actuar de Cristo como cabeza de la Iglesia y el misterioso co-actuar de la Iglesia, su esposa, para exorcizar, limpiar de pecado y transfigurar el mundo. No sé si ya habrán comprendido alguna vez toda la profundidad de la liturgia. Ahora tenemos la televisión. ¡Cuántas cosas pueden explicársenos a través de la televisión! Acontecimientos que sucedieron hace tantos y tantos cientos o miles de años. Pero eso no es más que una exposición ilustrada de lo que sucedió en otro tiempo.

La liturgia es más que una mera exposición ilustrada de lo que hizo el Salvador. Por eso decimos: la liturgia es el misterioso actuar de Cristo, un actuar de Cristo como cabeza de su Iglesia, pero también, al mismo tiempo, un misterioso co-actuar de la Iglesia, su esposa. ¿Y cuál es la intención de ese actuar? Hay que exorcizar el mundo, limpiar el mundo de pecado y divinizar el mundo. Lo que es especialmente importante para nosotros en este momento es la convicción de que la liturgia es un actuar, un actuar de Cristo, o sea, no solamente un recuerdo de algo sucedido en otro tiempo, como lo hace presente a nuestros ojos, por ejemplo, la televisión.”

Queremos agradecer, y agradecemos a todos los sacerdotes que se han esforzado en las últimas semanas por transmitir la santa misa por televisión, dándonos la posibilidad de “asistir” espiritualmente a la misma. Pero no es lo mismo. Anhelamos vivir con el sacerdote, juntos como iglesia, él y nosotros, el sacrificio del Gólgota, anhelamos anunciar la muerte del Señor. Curioso, pero acertado, el comentario del Padre Kentenich en su charla:

“En las últimas pláticas les he expuesto en sus contornos generales la imagen bíblica del Salvador. Y hoy digo: esta imagen del Salvador como reflejo de la imagen del Padre sigue viva también hoy, y no solamente en el cielo; sino también aquí en la tierra. Él nos sale al encuentro actuando de manera misteriosa en toda la liturgia, especialmente en la santa misa. Con esto tenemos el punto con el que podemos confrontarnos hoy un poco. Muchos de nosotros —como, en general, nuestro pueblo católico local— hemos adquirido la costumbre de ir a misa y comulgar diariamente. ¿Qué es, en la práctica, la santa misa? Una actualización, real aunque misteriosa, del sacrificio de la cruz. Tienen que tener cuidado de entenderlo bien: la expresión «make present» puede entenderse de forma muy errónea. Eso mismo lo hace también la televisión: también ella hace presente algo. Pero es solamente una presencia en imagen. En la eucaristía se trata de una repetición, una repetición misteriosa. El mismo acto realizado en el Gólgota es repetido aquí realmente, introducido en nuestro presente. El sacrificio del Gólgota es sin duda también la prueba suprema del amor misericordioso del Padre y del amor misericordioso de Cristo.”

En nuestra Familia de Schoenstatt se vive la santa misa según tres principios enunciados y vividos por el fundador, la primera generación, y los que vinimos después. El Padre Kentenich los enunciaba así:

-              -  Nulla dies sine sacrificium missae  (que no haya día sin sacrificio de la misa)
-              -  De sacrificio in sacrifricium      (vivimos de misa en misa)
-             -  Morten Domini annuntiabitis, donec veniat  (1Cor 11,26 - "Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.")

En el comentario de la semana que viene incluiré algunas reflexiones más amplias para comprender mejor el contenido de estos tres principios enunciados aquí. Lo que nos ayudará a vivir lo que el Padre Kentenich decía: “La santa misa debe ser el centro, el punto de partida y de convergencia de toda nuestra jornada diaria”.

sábado, 2 de mayo de 2020

Superar el confinamiento en la fuerza del espíritu


En la vieja casa del Movimiento en Schoenstatt, la conocida como ‘Bundesheim’, podemos visitar una sala en la planta baja, en la que el Padre Kentenich se reunía con los asesores, sacerdotes responsables de la pastoral schoenstattiana de Alemania. Corrían los años treinta del siglo pasado, y era conocida como la ‘Sala de la Arturrunde’. Había en ella efectivamente una mesa oval, alrededor de la cual se sentaban los responsables del Movimiento. Mis lectores recordarán aquella otra mítica ‘Mesa redonda’ o ‘Tabla redonda’ de Camelot, alrededor de la cual el rey Arturo y sus caballeros se sentaban para discutir asuntos importantes para su reino.

Al iniciarse el nuevo año 1942 el Padre Fundador escribe desde su prisión de Coblenza una carta a los miembros de la referida ‘Ronda de Arturo’, explicándoles la forma y manera de superar el confinamiento del calabozo en el espíritu del “poder en blanco” y de la “Inscriptio”. Animaba a sus hermanos los sacerdotes de Schoenstatt a no caer en el desánimo y desesperación, como había ocurrido con algunos otros hechos prisioneros por la Gestapo.

“Se me ha dicho que de 85 sacerdotes que pasaron por aquí (Cárcel de la Gestapo en Coblenza) el año pasado, el 99 % de ellos estaba amargado, paralizado y quebrado. A la luz de mis experiencias, esta dura evaluación me parece comprensible, justamente porque un porcentaje no menor de nuestros sacerdotes no va más allá de una concepción aburguesada de la religión y de la vida. Quien no intente tempranamente vivir con seriedad una vida fundada en el poder en blanco y la inscriptio, se verá desbordado por la situación. En este punto las excepciones confirman la regla. Por eso harán bien en cultivar efectivamente, de alguna manera, esta actitud en todos los cursos y grupos. Es una vergüenza (tanto para nuestra vocación como para el cristianismo) que seamos tan poco capaces de asumir la vida de la cárcel. Hay sacerdotes que en todos los ejercicios espirituales descienden hasta los infiernos, que no quieren hacer ejercicios espirituales si en ellos no hay meditaciones sobre el infierno… Sin embargo, se quiebran ante las cosas más sencillas y cotidianas en cuanto la vida deja de ser "burguesa".”

El texto de la carta puede también servirnos a nosotros para superar las dificultades y falta de libertad a las que estamos sometidos en estas semanas de obligado confinamiento. Dice así:

“Ayer me preguntó un señor que a pesar de todos sus buenos propósitos no puede asumir la vida de este lugar, si yo no tengo a veces horas difíciles. Le contesté con toda sinceridad que no tengo horas difíciles, ni siquiera segundos difíciles. Tampoco cuando estuve en el calabozo sin luz, con su extraordinaria máquina trituradora, y encaré el tremendo desgaste que eso suponía. Este hombre no podía creerlo. Pero estoy convencido de que ustedes y todos los que fundan su vida en el poder en blanco y la inscriptio, serían capaces de asumir esa situación con la misma facilidad que yo.”

En una ‘entrada’ a este Blog, la del 28 de febrero de 2020, comentábamos la diferencia entre el poder en blanco y la Inscriptio. Leemos allí:

 …… la santidad consiste en amar a Dios y cumplir siempre su voluntad. Al avanzar en esta dirección nos esforzamos por olvidarnos de nuestro propio yo y damos a Dios el “poder en blanco”, renovando nuestra alianza en este sentido. Es la actitud de aquel que ‘extiende o firma un cheque en blanco’ para que se haga la voluntad del que lo recibe. Como María en su “Fiat” – “Hágase” de la Anunciación, un acto de confianza. Haciendo el “poder en blanco” queremos asemejarnos a Él y cumplir su voluntad, confiando plenamente en el Padre bueno que nos ama incondicionalmente. Entregar la propia voluntad para cumplir con la voluntad suya, la voluntad divina. En esto consiste la santidad.

¿Y qué es la “Inscriptio” entonces? ¿De qué se trata? Al renovar la alianza en el sentido de la “Inscriptio” pedimos a Dios que nos envíe la cruz y el sufrimiento si está en sus planes. …. La meta de la santidad – en el sentido de la Inscriptio - sería pues asemejarnos plenamente a Cristo crucificado en su entrega confiada a la voluntad del Padre. ….. La actitud de ‘Inscriptio’, si Dios nos la regala, es la gracia que nos quita los miedos y nos hace plenamente libres. De todo ello deducimos que la ‘Inscriptio’ es en realidad un don, no un mérito o aportación nuestros. Con el ‘poder en blanco’ y con la ‘Inscriptio’ se pone de manifiesto la verdadera libertad de los hijos de Dios.

En la carta antes citada concluye el Padre Kentenich animando a los suyos a asumir las restricciones de la libertad para conseguir así el verdadero espíritu de libertad para todos los hijos de Schoenstatt en todos los tiempos y lugares.

“Sacrifico con gusto y plena conciencia mi libertad a fin de implorar con mis sacrificios ese espíritu para la Familia. He aquí el nuevo camino. En toda ocasión propicia, alienten a todas las personas con quienes compartan un mismo destino, a desarrollar una similar actitud y modo de proceder, a fin de que recorran y aprovechen este camino. Cuanto más fuerte sea el amor a la Familia, tanto más fácil será asumir esas restricciones de la libertad. Quizás de esa manera sirvamos mejor y más eficazmente a la Obra que recurriendo a otros medios. Basta con no perder jamás de vista el rumbo de nuestra vida. De lo contrario seremos como un tren exprés rápido que se descarrila… ¡Todo sólo por la Familia! Así nuestra alma mantendrá su lozanía, su atención, su continuo desarrollo. Y la Obra florecerá.”
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Para leer o escuchar el texto de la carta, haz 'clic' en el siguiente "Enlace":


viernes, 24 de abril de 2020

SALUDOS PASCUALES


Hemos celebrado la Pascua …… ¡solos en casa! …… Con los bancos vacíos de mi parroquia; el párroco solo, celebrando los misterios pascuales en un silencio atronador. Me lo imagino en el amanecer de la Pascua llevando solo el cirio pascual …. Mi esposa y yo, desde el sofá de nuestro saloncito (¡qué anacronismo!) viendo y oyendo al Santo Padre en la Basílica de San Pedro, vacía, sin pueblo de Dios. La escolanía cantaba el ¡Aleluya! Nosotros intentábamos cantar con ellos, aunque la voz no daba para ello. ¡Increíble, pero verdad!

En estos días me viene a la mente el anhelo del Padre Kentenich, de que sus hijos espirituales encarnaran plenamente el tipo de hombre que él definía como “el hombre del más allá”, “el hombre ingenuo”. Nunca mejor ocasión que en estas circunstancias que nos ha tocado vivir. Las autoridades españolas han prolongado el estado de confinamiento hasta el 9 de mayo. Dos semanas más.

Transcribo dos textos del fundador de Schoenstatt. El primero, su primer saludo de pascua a los suyos después de que los nazis lo llevaran al campo de concentración de Dachau. El segundo un extracto de una de sus conferencias, después de la salida de Dachau, explicando el significado del “hombre del más allá” y del “hombre ingenuo”. 
Supongo que la mayoría de mis lectores tiene tiempo para leer tanto texto. Disculpen.

CARTA DESDE DACHAU

El padre Kentenich fue trasladado el 13 de marzo de 1942 desde la prisión de Coblenza al campo de concentración de Dachau. Estuvo más de cinco meses en la “barraca de tránsito” y dos en la de “los polacos”; y el 13 de octubre de 1942 pasó a la de los sacerdotes alemanes. Fue liberado el 6 de abril de 1945.
Las cartas debieron ser escritas la mayoría de las veces en clave. Por eso no es fácil descubrir la verdadera información. Hacemos abundantes aclaraciones en forma de notas para facilitar su lectura y comprensión.

“Josef Kentenich  - Nacido el: 16. XI. 1885

Prisionero N.º 29392 - Barraca - Dachau 3 K, 05.04.42

Muchísimas gracias por las buenas y gratas noticias y por los saludos de Pascua. Hoy me ha estado dando vueltas en la cabeza ese verso del Cántico[1], que normalmente a diario me une a los míos: "¿Buscas también con estos requerimientos de amor a herederos de tu santa transfiguración? Mira la grey de los que son tuyos… A través suyo [puedes] prepararte de nuevo las alegrías de la resurrección…"[2] Ese es también el mensaje de mis saludos de Pascua para usted y toda la Familia. ¿Qué implica este deseo? El profundo gustar y degustar de la transfiguración como nos la garantiza la fe para el más allá y el más acá. 

La transfiguración del más allá significa lo mismo que la "visio beata", la gozosa y beatificante contemplación de Dios, que también incluye al cuerpo y en forma perfecta nos hace participar en las magníficas cualidades del cuerpo transfigurado de Cristo. Que Jesús, que nos ha hecho merecedores de esta gracia, nos la renueve hoy para todos nosotros, y nos haga comprender más profundamente su trascendencia y su fuerza formadora para la vida. Entonces no nos es difícil decir con Pablo: "Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que nos espera".[3] Esto arroja asimismo clara luz sobre la transfiguración en este mundo. Reflexionen juntos qué aspecto y efecto tiene…[4]

Tal como antes estoy muy bien.

Un cordial saludo de Pascua y bendición para todos. J. Kentenich”


NOTAS

1) ‘Cántico de Gratitud’ compuesto en la Cárcel de Coblenza (N. del T.).
2)  Aquí el padre Kentenich cita, de manera incompleta, las estrofas 620, 621 y 622 de dicho Cántico. Actualmente lo encontramos en el libro de oraciones “Hacia el Padre” que, a su vez, es parte del “Espejo del Pastor” donde se resume toda la espiritualidad de Schoenstatt (N. del T.).
3)  cf. Rom 8,18 (N. del T.).
4)  En este párrafo el padre Kentenich se refiere a su concepto del hombre sobrenatural-ingenuo en contraposición al hombre primitivo y esto, sobre todo, en las condiciones primitivas de Dachau (N. del T.).



CONFERENCIA A LAS FAMILIAS EN DACHAU

(Palabras tomadas de la conferencia que el Padre Kentenich diera en fecha memorable (16.07.1967) a las familias reunidas con él en el Campo de Concentración para celebrar los 25 años de la fundación de la Obra Familiar de Schoenstatt.”)


“Si alguna vez tienen la oportunidad, lean el número 2 de le revista Regnum, del año 1967, página 73. Cito especialmente le revista para llamar la atención sobre ella y estos artículos de Dachau. Están escritos con un buen criterio y deberían llegar a ser nuestra propiedad espiritual. Leemos en esta página:

«Mientras remendaban los colchones, el padre Kentenich iba desarrollando ante sus dos compañeros una línea espiritual marcada por dos conceptos: el hombre del más allá y el hombre ingenuo».

Dos conceptos centrales, característicos para la Familia de Schoenstatt en todas las situaciones.

Me permito añadir un tercer pensamiento que no debe olvidarse; aquí no hace mención de ello, sin embargo, no debe pasar por alto: el hombre ingenuo y anclado en el más allá como portador y creador de un nuevo orden social cristiano. Tres expresiones centrales que debemos recordar. Esto arroja luz sobre toda la historia de la Familia y también sobre las dos instituciones que fueron fundadas en este lugar.

El hombre del más allá

Si se fijan de nuevo en el texto, percibirán cómo el autor enumera las expresiones más diversas para documentar históricamente la expresión del hombre del más allá. Todos los textos datan del año 1942, es decir, del período que incidió profundamente en la historia de la Familia.

«Al igual que durante sus seis meses de prisión en Coblenza, en todas sus consideraciones y decisiones, partió del hecho incontestable y definitivo para él, de que con su estancia en la cárcel y en el campo de concentración, Dios quería cultivar e incluso acelerar el crecimiento del hombre del más allá en ellos, los mismos prisioneros, y en toda la Familia de Schoenstatt. El hombre del más allá es para el padre Kentenich el hombre que (vive) de y en la fe en la realidad de lo sobrenatural, según carta al padre Menningen del 20 de Enero de 1942, "que ’está arraigado con todas las fibras de su ser en el mundo del más allá’, que entiende su vida a partir del bautismo como una participación en la vida de Jesús transfigurado…, que ’cumple alegremente los deseos de la Eterna Sabiduría’…, que toma en serio la exhortación de san Pablo: ’Vuestro caminar sea en el cielo’ y que la interpreta de tal modo que su hogar debe ser y permanecer en el cielo…»

El hombre ingenuo

Después explica él la otra expresión: el hombre ingenuo. Escuchen, por favor, lo que dice en la misma página:

«A partir de entonces, frente a la catástrofe de hambre con su continua amenaza de muerte, la expresión ’hombre del más allá’ adquirió una especial actualidad: el hombre del más allá es aquél que puede superar la horrible situación de la ciudad ’de paganos, de locos y de la muerte’ del campo de concentración de Dachau, en la forma querida por Dios. Pero al mismo tiempo, si quiere superar completamente la prueba, debe ser un hombre totalmente ingenuo, ingenuo comprendido en el sentido teológico cristiano, como filiación divina vivida y tomada en serio, como confianza incondicional en Dios, una confianza que, aún detrás de las manos asesinas de la SS sabe descubrir las manos del Padre celestial».

Las palabras que acabamos de escuchar nos recuerdan otra expresión que a menudo escuchamos en la Familia: estamos arraigados en el otro mundo, queremos estar arraigados en él y estarlo cada vez más; en todas las situaciones de la vida ansiamos descubrir y ver al buen Dios. ¿Qué queremos? Gustar lo divino, donde quiera y como quiera que se nos presente; de igual manera, cuando el buen Dios nos toque con guantes de hierros. Las manos paternales de Dios son siempre manos cálidas; pero estas manos cálidas no pocas veces tienen guantes de hierro.

¿Cómo son estos guantes de hierro? Con esto nos podemos referir a la SS con todas sus espantosas crueldades. Fíjense, el hombre del más allá, sabe de la ley de la transparencia de toda criatura y género. El hombre del más allá conoce el arte de mirar a través de estos guantes de hierro, a través de toda injusticia que le suceda y besar la mano paternal del eterno y bondadoso Padre Dios. ¡De nuevo, el hombre ingenuo! Comprenderán por qué me ocupo tanto tiempo con este tema. Me parece que éste debería ser el gran fruto de nuestro encuentro: abrirse al mundo sobrenatural, hacerse hombres del más allá.

El padre Monnerjahn[1] continúa relatando (en "Regnum"):

«En el curso de las meditaciones que manteníamos en común (las que prediqué entonces, aquí, en Dachau), esta línea espiritual-intelectual se expresó con palabras firmes, que el padre Kentenich formuló así: "Como sacerdotes en el campo de concentración de Dachau, no queremos reaccionar primitivamente en esta situación primitiva, sino de forma ingenua; y si Dios así lo quiere, o morir heroicamente en el campo como fuertes personalidades sacerdotales o madurar de tal modo que más adelante podamos trabajar celosamente y con fecundidad como sacerdotes maduros por el Reino de Dios."»

El hombre ingenuo es el hombre filial que en todas las situaciones se inclina filialmente ante los deseos del Padre Dios eterno e infinito.

«Conocemos las palabras ―escuchadas a menudo― de un pedagogo Suizo que dicen lo siguiente: "La mayor desgracia de la época actual es la pérdida del sentido filial, porque impide la actuación paterna de Dios."[2]»


NOTAS

1)  Colaborador de nuestro Padre y miembro del Instituto de los Padres de Schoenstatt.
2)  cf. Heinrich Pestalozzi, Die Abendstunde eines Einsiedlers, en: Ders., Werke 1, 321. “Olvidar a Dios, ignorar las relaciones filiales de la humanidad frente a la divinidad es la fuente que apaga toda la fuerza de bendición de las costumbres, del esclarecimiento y de la sabiduría en toda humanidad. De ahí, que este sentido filial que la humanidad ha perdido frente a Dios sea la mayor desgracia del mundo, imposibilitando toda educación paterna de Dios, y la restauración de esta pérdida del sentido filial es la redención de los hijos de Dios perdidos.


viernes, 17 de abril de 2020

Participación en la vida gloriosa de Cristo


El exilio del Padre Kentenich en Milwaukee/EEUU concluyó con la conocida audiencia que el Papa Pablo VI le concediera y que tuvo lugar en Roma el 22 de diciembre de 1965, justo quince días después de la solemne clausura del Concilio Vaticano II. No es de extrañar que en las homilías del Padre para la comunidad alemana de la parroquia de San Miguel en la ciudad antes citada aparezcan referencias a los documentos y Constituciones que el Concilio fue publicando durante las diversas asambleas y reuniones. Así también en la homilía del domingo de Pascua, 18 de abril del año 1965. En esta ocasión se refiere a la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium.

En la homilía destaca que ya desde la primera página de la Constitución citada se nos recuerda que Cristo, el Señor, ha cumplido a través del misterio de la pascua la obra redentora del género humano, aclarando a continuación que este misterio pascual abarca la bienaventurada pasión, la resurrección de entre los muertos y la gloriosa ascensión.

“Se trata, pues, de dos hechos de la redención; de dos, no de uno… No las consideremos como dos realidades simplemente yuxtapuestas y sin conexión entre sí, sino integrando una unidad indisoluble, una "bi-unidad". El proceso de la redención descansa sobre esta santa e indisoluble bi-unidad.”

Lo que sin duda tiene, o debe tener, sus consecuencias en nuestras vidas. En su homilía exhorta a sus oyentes a vivir y a enseñar ambas realidades: la teología, la ascética y la pedagogía de la cruz simultáneamente con la teología, la ascética y la pedagogía de la bienaventurada resurrección del Señor. Y anima también a que no enseñemos ni vivamos una resurrección que se reduzca sólo a aquella que se producirá al final de nuestra vida, porque, resalta que ya, aquí ahora, en la tierra, participamos de la vida del Señor glorificado.

Si hacemos memoria de lo que aprendimos de nuestros mayores, constatamos una cierta unilateralidad con la teología de la cruz: “se nos presentaba una cruz tan despojada y austera como la que suele colgar en nuestras casas, en nuestras habitaciones”. De esa cruz no parece desprenderse ningún destello de gloria. La Constitución sobre la liturgia Sacrosantum Concilium lo muestra de forma diferente.

“Modelo para nuestra vida no es únicamente la cruz, la pasión de Jesús, sino también su gloriosa resurrección. Al considerar el misterio de la resurrección, no pensemos sólo en que algún día resucitaremos gloriosos, sino que ambas realidades, tanto la resurrección como la cruz del Señor, son causa de nuestra redención, de nuestra participación, aquí y ahora, en la vida de dolor, de cruz y de gloria de Jesucristo.”

Lo entendemos mejor si recordamos que por el bautismo se nos injerta en el misterio pascual en su totalidad: morimos con Cristo, somos sepultados con Cristo y resucitamos con Cristo, tal como podemos leer en el capítulo I, 6 de la citada Constitución. Al pensar en la resurrección y la gloria acostumbramos a referirnos al final de nuestras vidas, y sabemos que entonces nuestros cuerpos participarán de la glorificación.

“Sin embargo, ya aquí en la tierra, podemos participar espiritualmente de la vida de Cristo glorificado; más aún, debemos hacerlo. Tenemos el programa y la tarea de ir desplegando ya aquí, y de manera perfecta, todo lo que entraña esa participación en la vida de Cristo glorificado.”

En este tiempo de Pascua podemos reflexionar sobre el programa y las cualidades del cuerpo glorioso de Cristo que por el bautismo queremos encarnar en nuestra vida diaria.

Ver: Cristo es mi vida, P. José Kentenich, Editorial Patris, Santiago/Chile, Págs. 92-95