viernes, 16 de febrero de 2024

TE BUSCARÉ DÍA TRAS DÍA: El horario espiritual

La oración es la respiración del alma

La oración se la respiración del alma religiosa. Los hombres de hoy lo hemos olvidado. Por eso todos tenemos que orar más y asegurar una medida sana de prácticas de oración. De otro modo, caemos víctimas del espíritu de la época y no encontramos nunca un camino hacia la verdadera santidad de la vida diaria.


J. Kentenich, 1964, en

Die religiösen Übungen, t. 1, 84


Que no haya tiempos relativamente prolongados sin una práctica de oración asegurada


Ahora bien, se plantea la pregunta: ¿qué prácticas debemos colocar en nuestro horario espiritual, en lo esencial? (….) Creo que aquí tienen que hacer que rija un principio. (….) Según mi opinión, el principio debería rezar así: debemos ordenar la jornada de manera tal que no existan tiempos prolongados sin una práctica, una práctica religiosa asegurada. (….) ¿Cuál es el motivo por el cual no debería haber un tiempo relativamente prolongado sin una práctica asegurada? El motivo es este: primero, para mantener la actitud. En efecto, la actitud se establece a través de la repetición de actos. El acto debe emanar de la actitud, pero debe ser también un medio para profundizar la actitud interior.

Y si damos tanta importancia a estar, vivir y actuar siempre unidos y conectados con Dios, para nosotros tiene que ser una obviedad el que interrumpamos una y otra vez el día de alguna forma para establecer de nuevo de manera actual el contacto con Dios. Y eso se da, en definitiva, a través de las prácticas religiosas.

Está pensado para que la labor diaria se vea impregnada, interrumpida, interiorizada, sobrenaturalizada y animada siempre de nuevo por determinadas elevaciones del alma hacia Dios. Este tiene que ser el principio.


J. Kentenich, 1963, en Ein Durchblick in Texten, t. 5, 591 ss.

Llegar a ser santo

Para arraigar entre los laicos la aspiración a la santidad en el mundo actual en el sentido de la idea del “hombre nuevo en la comunidad nueva”, Schoenstatt retomó las ideas de San Francisco de Sales y amoldó su doctrina de la santidad de la vida diaria a las circunstancias y necesidades actuales, o sea, enseñó una ascética expresamente laical. (….)

El que quiera ser aceptado en la Federación Apostólica o unirse al Movimiento como miembro de la Liga asume con ello obligaciones en las tres direcciones mencionadas: en la dirección de la aspiración personal a la santidad, del espíritu de apostolado y del espíritu de comunidad. Constantes cursos de formación, un moderado cultivo de la vida comunitaria, así como la asunción de prácticas personales como el control escrito del horario espiritual y la cuenta mensual (….) cuidan de que exista seriedad, solidez, fiabilidad y fidelidad. (….)

   

J. Kentenich, 1951, en

Die religiösen Übungen, t. 1., 65

 

viernes, 9 de febrero de 2024

ELABORAR LAS IMPRESIONES CON DIOS EN LA ORACIÓN

 ¿Qué es, pues, lo que debo comentar con Dios de manera especial? […] (En primer lugar,) las impresiones no digeridas que proliferan en la vida subconsciente de mi alma y que constantemente embarullan todo; y, en segundo lugar, mi sentimiento de culpa. Aquí tengo que advertir primeramente de nuevo acerca de que, realmente, son innumerables las personas que hoy en día están también físicamente enfermas. ¿Saben por qué? Por esas impresiones no digeridas. …. Ahora tienen que reflexionar cuántas impresiones absorbemos, cuántas absorben incluso nuestros hijos, y que nunca digieren.

Ahora, si quieren seleccionar impresiones especialmente claras, profundas, incisivas en su propia vida, tienen que pensar, tal vez en una grave desgracia: por ejemplo, que se me haya privado de mi honor. ¿Comprenden qué impresión profunda deja eso en los sentimientos?

Muchísimas personas reprimen eso, lo empujan hacia abajo, pero no lo elaboran. Y cuando esas impresiones no se elaboran, operan casi como serpientes que se arrastran durante un tiempo por el subconsciente y que, de pronto, saltan hacia arriba. ¿Qué efectos tendrán? Hay en mí una fuerza oculta que me hace estar siempre intranquilo.

O bien, una vez he tenido en mi vida una desgracia tremenda, por ejemplo, la comisión de un pecado muy grave y horrible. Lo he confesado; en realidad, ya está absuelto, pero, aun así, no está interiormente elaborado. (….) Pensemos cuántas impresiones se esconden todavía en mí que todavía no he aceptado interiormente, no he elaborado interiormente. ¿Qué objetivo debo perseguir con esa elaboración? No debo descansar hasta que el ritmo de mi vida personal se sincronice con el ritmo de la vida de Dios.

¿Qué significa esto, en la práctica? Tengo que extraer lo que se esconde en ese acontecimiento, lo que Dios quiere decirme. (….) Por ejemplo, he tenido mala suerte en los negocios, perdiendo de pronto dinero de a miles. ¿Lo ven? Entonces no se trata de que yo salga y me emborrache para ahogar toda esa historia. La pregunta es: Dios querido, ¿qué quieres tú con ello y qué debe decir ahora mi corazón en vista de lo sucedido?

 Voy a contarles un ejemplo de la vida corriente, cotidiana, para que comprendan la expresión según la cual la cabeza y el corazón deben estar en sincronía con el ritmo de vida de Dios. Supongan, por ejemplo, que alguno de ustedes sabe tocar muy bien el piano. Pero en el negocio ha tenido mala suerte y está nervioso. ¿Qué he de hacer ahora? A fin de cuentas, para eso está la esposa, ¿no? Pero la esposa es astuta, conoce a su marido y sabe: si logro llevar ahora a mi marido hasta el piano, comenzará a tocar furiosamente el piano, de un lado al otro (del teclado), y, pasados diez minutos, se habrá tranquilizado.

En otro caso, (la esposa) dice así: si logro inducir a mi marido a que salga al bosque que hay cerca, una vez que haya estado un cuarto de hora en el bosque regresará a casa y será el hombre más espléndido del mundo. Así no tendré que soportar su nerviosismo. ¿Comprenden que eso puede ser así? Pero ¿dónde reside la psicología de este método? Tomen, por ejemplo, el bosque. El hombre que sale al bosque pateará y correrá todo lo que pueda – todo eso está todavía rabiando en su interior, ¿no? – Pero no pasará mucho tiempo hasta que se absorba en sí la tranquilidad del bosque. ¿Qué absorberá? El ritmo del bosque. Pues bien, ¿qué debo absorber yo? El ritmo de la vida de Dios. Tengo que saber cómo juzgaría Dios el acontecimiento en cuestión y qué exigiría él de mí. Y entonces, no cejo hasta que todo el ritmo de mi vida se haya sincronizado con el ritmo de la vida de Dios. Entonces me convertiré en un hombre sano y santo, y no sabré cómo se ha dado. Este es el secreto de los santos: no es que hayan ido a tocar el piano ni salido al bosque cuando estaban excitados, sino que comentaron todas sus dificultades con Dios.  

 

J. Kentenich, 28 de Mayo de 1956, en Am Montagabend, T. 2, 251 ss.

 

viernes, 2 de febrero de 2024

MÉTODO DE MEDITACIÓN: POSGUSTAR Y PREGUSTAR

Meditación

El tipo de meditación, tal   como es popular entre nosotros, no es de orden secundario: posgustar y examinar las misericordias divinas y las miserias humanas, o examinar previamente y pregustar con vistas hacia el futuro es hoy en día esencial, más esencial que antes.

J. Kentenich, 22 de noviembre de 1965, en

Rom-Vorträge 17.-23.11.1965, 166

Tenemos que reunir un saber experiencial. ¿Qué significa eso? ¡Adentrarse en la propia historia de vida! Saber experiencial. ¿Acaso no he experimentado innumerables veces la conducción misericordiosa de Dios en mi vida? Ahora solo necesito recordarlo que muchas veces decimos sobre el tipo de meditación preferido. ¿Cómo hemos de meditar? Queremos nadar en el mar de las misericordias de Dios y de las propias miserias a partir de la propia vida. ¿Dónde me ha mostrado Dios que tiene mi vida en sus manos? Posgustar, examinar. ¿Posgustar qué cosa? Las mise5ricordias divinas y las miserias personales. (…..) Este tipo de meditación podemos y deberíamos aplicarlo todos aunque no tengamos mucho tiempo. Son cosas que, probablemente, ya hemos considerado en común. Podemos hacerlo estando de viaje, cuando vamos en el tren o dondequiera que estemos. Estas son las cosas: hacer una retrospectiva y, después, mirar dentro de nuestra vida.       

J. Kentenich, 19 de agosto de 1967, en Es geht dich an, t. 2, 198 s.

 

Llevarse a la boca un caramelo: meditar, posgustar

Pienso que debería pedirles una vez más que intenten realmente introducir pausas en su labor cotidiana, retirarse alguna vez a fin de interiorizarse en sí mismos. Pero no estoy pensando en tomar un libro y repetir lo que el autor del libro les dice, ni tampoco en rezar el rosario, sino en llevarse un caramelo a la boca. ¿Quién es el caramelo? Dios. Ahora, de alguna manera “chupo”, disuelvo y trago a Dios. Esto es lo que yo llamo tiempos de reflexión: es ocio, reflexión sobre sí mismo. Y, después: caminar hacia Dios en la vida cotidiana.

Si lo hacen, con el tiempo les resultará fácil lograrlo también en las cosas cotidianas. Antes se lo llamaba “meditación”. Nosotros lo llamamos tiempos de reflexión, tiempos de posgustación. Peero ¿qué es lo que degusto? ¡Degusto a Dios, a Dios, siempre a Dios! Se trata siempre de Dios. Es que no lo conocemos. Decimos todo tipo de cosas sobre él, pero todo es aprendido, solamente aprendido. (…..)

Ahora él me envía, por ejemplo, pobreza, enfermedad. ¿Qué he de hacer ahora de nuevo? Siempre lo mismo: se trata de un regalo de amor de Dios, de requerimientos de amor de Dios. ¿Y cuál es mi respuesta? Posgustar a Dios, él me desprende de todo lo terreno y me impulsa más a adentrarme en Dios. (….)

Se trata de poner todas las cosas, todos los valores en relación con Dios y de utilizarlos como escalera hacia Dios.

 

Reservar un tiempo de reflexión cada día

No les digo que ustedes deberían realizar meditaciones de horas de duración. No: tenemos que encontrar a Dios en la vida cotidiana, en nuestra vida cotidiana. Pienso que, entonces, ustedes deberían reflexionar cómo pueden logarlo de la mejor manera.

También aquí me permito decirles, una vez más: si no acostumbran a establecer para cada día un tiempo de reflexión – pero en la forma que les he dicho -, no creo que lo logren. ¿Por qué? Porque entonces no es más que una bonita idea. Se dice de inmediato: sí, lo haré. Pero si el amor no se cultiva de alguna manera …..Tengo que cultivar el amor, entonces produce efectos. No se da por sí solo que yo pueda lograrlo, sobre todo en un tiempo como el nuestro, que ya no conoce más este tipo de prácticas.

J. Kentenich, 19 de mayo de 1958, en Am Montagabend, t. 9, 97 

viernes, 26 de enero de 2024

SEGUIR EL RASTRO DE DIOS: LA VIDA DE ORACIÓN

Cuando vayan ahora a casa caminando, o cuando tengan un par de minutos de tiempo, o cuando vayan en el coche o en el tranvía, o cuando hagan no sé qué otra cosa estando tranquilos, consigo mismos,        […] reflexionen: ¿qué sucedió a lo largo del día de ayer? ¿Qué vivencias he tenido ayer? Por ejemplo,      en mi negocio: he tenido que vérmelas con mis trabajadores, ¡y qué difícil me han hecho la vida! ¿Qué hago ahora? Me pregunto: ¿es eso casual? (….) Para mí, la pregunta ahora es: Dios querido, ¿qué estás queriendo decirme? Por lo pronto tengo que decir que él está detrás (de lo sucedido). (….) Por ejemplo, la dureza con la que mis trabajadores me han tratado hoy. Ya es un gran avance que yo me diga: Dios está detrás (de eso). Y aunque solo lo haya permitido. Ahora viene la gran pregunta: Pues bien, Dios querido, ¿qué quieres propiamente con ello?

Verán: de otro modo, tal vez vaya en mi coche y piense: he hecho negocios. ¿No podrás ganar mañana un poco más? (En cambio,) ahora voy en el coche y mantengo trato con Dios. Pero de manera totalmente sencilla. Dios querido, ¿qué quieres decirme propiamente con ello? Y ahora tienen que pensar qué es lo que él les quiere decir: ¡Oh, Dios puede decir muchas cosas con pocas palabras! Tal vez quiera decirme: “Un momento: a veces eres terriblemente duro en tu vida. Ten cuidado, tienes que superar esa dureza en ti. ¡Y cuántas personas han sufrido ya bajo tu dureza!”

¿Lo ven? Entonces habré puesto la escalera para el entendimiento (….) Ahora hay que poner la escalera también para el corazón. ¿Qué significa eso? Lee regalo a Dios mi corazón y digo: Dios querido, tienes que ayudarme a que mi corazón también permanezca puro, que no me dé a los demás de forma dura, cruel y desmotivada. Entonces habré permanecido totalmente en el suelo, el terreno de la vida cotidiana, pero, al mismo tiempo, habré ascendido muy alto, hasta Dios.

J. Kentenich, 7 de mayo de 1956, en Am Montagabend, t. 2, 161 ss.

   

viernes, 19 de enero de 2024

IR CON DIOS A LA LABOR DIARIA

Con Dios a través del día

Tengo que ir con Dios a través de la labor diaria. Y ello a través de mi propia labor, no de la del religioso o de la religiosa. Ellos tienen una labor diaria totalmente distinta que yo. De modo que tengo que ir con Dios, digamos, a las ollas.

Pero tengo que ir con él. O sea, no veo solamente las ollas, sino que, junto a ellas, veo también a Dios. O bien, tengo que ir ahora con Dios al trabajo. En eso tenemos muchas veces la preocupación de no lograrlo. ¿Por qué no lo lograríamos? Porque temo que, entonces, mi atención estará escindida. Si ahora he de encontrar a Dios en las ollas olvidaré cómo tengo que salar bien en este caso. (….)

Ahora solo tienen que ver la dificultad. Después tenemos que encontrar un método que nos ayude a no realizar peor nuestro trabajo y a no enfermar interiormente por encontrar el trabajo por un lado y a Dios por el otro. Es decir: tenemos que encontrar un método por el cual la atención no se escinda, por el cual hasta realicemos un trabajo aún mejor. ¡Ojalá comprendan qué significa ir con Dios a través del día, a través de mi día! Ahora tienen que considerar las distintas partes de su labor diaria.

 

No perder la naturalidad

 

Tenemos que cuidar de que, por (nuestra aspiración a) la santidad no perdamos la naturalidad, no nos volvamos inútiles para la vida. (….) Enseguida le daré tres respuestas a la pregunta de qué sistema se puede aplicar para aprender con el tiempo algo semejante.

Tengo que:

primero, contemplar muy a menudo a Dios en la fe;

segundo, hablar con Dios muy a menudo y de forma totalmente natural;

y, tercero, ofrecerle a Dios por amor y espíritu de fe muchos sacrificios.

 

Encontrar a Dios en el sagrario

Digo que tenemos que contemplar muy a menudo a Dios en la fe. Pero ¿dónde encontramos a Dios? Pienso que tendríamos que decir lo siguiente: lo encontramos en sí mismo y en sus efectos. ¿Dónde y cómo lo encontramos en sí mismo? Por ejemplo, en la iglesia. La fe me dice que allí delante, donde está la hostia, está Dios – pero está realmente -. Es decir, si él está realmente allí, entonces tengo que tenerlo frente a mí como un tú con el que me relaciono, como un tú viviente. Es totalmente distinto decir “así lo creo” que decir “lo creo vivamente”. Un amigo de Goethe solía decir: “si yo creyera lo que los católicos creen, cuando estuviese en la iglesia no dejaría de estar todo el día de rodillas”. ¿Lo ven? Tiene que ser la fe viva de que el Salvador está realmente allí delante. (….)

Rezar con espontaneidad y naturalidad

 ¿Me permiten preguntarles si comprenden lo que quiero decir? El pensamiento central es aprender a hablar de forma espontánea y natural con Dios que está presente, aprender a orar de forma personal. En alemán solemos decir, literalmente: “tengo que hablar con Dios como me ha crecido el pico” (o sea, de forma natural, espontánea). Por esa razón puedo hablar en dialecto con él. Por esa razón no tengo que decir: ¡Ahora tengo dos minutos, venga mi devocionario, página doce! Y consultar el devocionario, ¿no? Tampoco apresurarse para rezar de prisa un par de rosarios.

Me pregunto si me malentenderán. No quiero decir nada en contra del rosario, sino señalar de forma muy acentuada lo que significa hablar personalmente con Dios. Entonces ya saben lo que significa: contemplar a Dios tal como está en el sagrario y hablar con él. (….)

Encontrar a Dios en el corazón de los hombres

Me permitirán ahora que lo repita: contemplar a menudo a Dios. ¿Dónde lo encuentro? Acabo de decirles:

a) primero, en el sagrario;

b) segundo, en el corazón de los hombres.

Él está en mi corazón. Está en el corazón de mis hijos. No tengo que ver solamente lo exterior del hijo. Tengo que mirar a través de lo exterior y descubrir a Dios allá abajo, en el fondo del alma. Dios está siempre en el alma de la persona en gracia.

San Agustín sintió una vez de forma muy profunda que Dios está en el corazón del ser humano, pero que se lo olvida por completo. Entonces exclamó: “¡Oh Dios, tú estabas en mí, y yo fuera!” ¿Dónde he estado todo el día? ¿Dónde he estado? Por todas partes, en todas las ollas, ¿verdad? Haciendo cálculos: por ejemplo, aposté que este o aquel ganaría en el deporte, ¿no? Como ven he estado en todas partes, pero siempre fuera de mí, nunca dentro de mí. Tengo que mirar en mi interior y adorar allí a Dios (….)

 

 J. Kentenich, 14 de mayo de 1956, en Lunes por la tarde, tomo 2, 175 y ss

 

viernes, 12 de enero de 2024

LA ORACIÓN EN FAMILIA ALIVIA LAS TENSIONES

La oración en familia es la llave para el día y el candado para la noche. Para la noche necesitamos un candado, pues, de otro modo, tenemos miedo: si no cerramos, ¡podría entrar alguien en la casa! Pero también necesitamos una llave para el día.

En toda vida de familia hay tensiones. Para referirnos a ellas solemos decir que tales cosas pasan en las mejores familias. Y así es: dondequiera que haya seres humanos se manifiesta la humana fragilidad. Lo mismo sucede también en la familia religiosa. La oración en común en la familia alivia las tensiones, y de forma totalmente natural, espontánea; alivia tensiones a mi izquierda y a mi derecha. Supónganse que, con mi hijo, mi hija, mi esposo, con quienquiera que sea, hemos tenido un altercado —¡y prolongado!—. De ese modo, la atmósfera de la familia se purifica gracias a la oración.

J. Kentenich, 25 de agosto de 1963, en

Aus dem Glauben leben, t. 9, 75

 

Un tú grande y concreto se encuentra en mí y a mi alrededor

Tengo que esforzarme por mantenerme siempre de forma muy sencilla y serena en relación con el gran Dios que está presente a mi alrededor. Procuren responder a todo lo que Dios les envíe con un acto correspondiente.

Conversarlo todo con el Dios que está presente no significa fantasear en el aire, en un espacio vacío: es darme cuenta de que mi yo concreto se encuentra frente al Dios grande y concreto. Un tú grande y concreto se encuentra en mí y a mi alrededor. De forma sencilla, simple, casi infantil tienen que comentar con Dios todo lo que llegue a su vida.  En todas partes tienen que ver su mano, su mano bondadosa, su mano de Padre.

 

J. Kentenich, 4 de noviembre de 1934, en Friedrichroda, Turingia 

viernes, 5 de enero de 2024

EL ALMA: UNA REALIDAD FINA Y DELICADA

 

Siguiendo a León Tolstói, el P. Kentenich ilustra la libertad individual del psiquismo humano recurriendo a la imagen del mecanismo de relojería. Esa libertad debe ser tenida en cuenta no solamente en el acompañamiento de otras personas, sino también y especialmente en la autoeducación.

La interioridad humana puede compararse con un reloj. Según ello, nosotros mismos somos nuestros relojeros, nosotros mismos somos los que reparamos su mecanismo interior, hábilmente realizado. Tolstói (….) nos expone ese trabajo de reparación en su símil “El relojero”. Primero se investiga concienzudamente la causa del desperfecto; después hay que volver a poner las piezas torcidas en su posición correcta, hasta que cada engranaje encaja con el otro y se acaban los chirridos y zumbidos. Pero todo eso ocurre con una suave delicadeza. ¿Qué objeto tendría comenzar a los martillazos tan pronto como algo se detiene o va demasiado de prisa? De ese modo, el reloj quedaría pronto hecho pedazos. Poco a poco adquirimos la convicción de que el alma humana es una realidad mucho más fina y delicada que el mecanismo de un reloj. Por eso se desordena tan fácilmente; por eso suele ser tan difícil descubrir la verdadera causa de ese desorden, sobre todo porque cada alma individual es de índole distinta, no en esencia, sino solo en su estado. Los responsables de ello son la herencia, la educación y las circunstancias en las que vivimos y, sobre todo, la postura que hemos asumido con respecto a la importante labor de nuestra autoeducación.

J. Kentenich, diciembre de 1912, en Unter dem Schutze Mariens, 91 s.

 

Imitar a otros es un trabajo de pacotilla

En el contacto con los jóvenes y en diferentes pláticas el P. Kentenich se preocupó por despertar en ellos la consciencia de su valor individual, de su originalidad, de su carácter único e irrepetible.

No queremos quitar nuestra naturaleza, no queremos abandonar nuestra individualidad, el cuño del ser y actuar que nos es propio por naturaleza. Por eso no debemos medir a todos con la misma vara, no debemos ser simplemente la imitación de un modelo, no debemos ser una copia, sino que cada uno de nosotros tiene que ser un original. Yo no poseo las mismas capacidades y disposiciones que tú, ni las mismas pasiones y dificultades, ni el mismo interés por esto o aquello. Por eso no debo aplicar tampoco las mismas maniobras que aplicas tú para reparar tu reloj.

Justamente mi reloj, mi reloj interior es totalmente distinto del tuyo. Yo tengo mi individualidad. Justamente, mi reloj, mi reloj interior, es totalmente distinto del tuyo. Yo tengo mi individualidad y tú tienes la tuya. Cada uno de nosotros tiene que formar su individualidad. Entonces cada uno llegará a ser humano completo, a pesar de que todos somos diferentes y tenemos que seguir siéndolo. Solo entonces se suscita una verdadera disposición al trabajo que no deja que disminuya nunca nuestro imp0ulso. Querer imitar a otro sin tener en cuenta la propia individualidad es un trabajo de pacotilla, es mera apariencia exterior que deja el interior completamente insatisfecho, lo que en consecuencia, no nos deja nunca llegar a ser personalidades unificadas interior y exteriormente, personalidades fuertes e íntegras.

No sé si se habrá entendido este pensamiento. Más tarde volveremos a tratarlo extensamente. Hoy solo quería insinuarlo a fin de advertir de un precipicio que, tal vez, amenaza a algunos. Pero todos queremos que nos digan que cada cual tiene que estudiar y reparar su propio interior. Por eso tenemos que preguntarnos siempre: ¿se da lo dicho también en mi caso? ¿Qué experiencias he hecho hasta ahora en ese punto? ¿Qué medios tengo que aplicar para poner totalmente en condiciones el mecanismo de mi reloj? Lo que aquí decimos no siempre se aplica a todos, pero algo habrá siempre en ello para cada uno. Y cada uno debe encontrar ese algo y hacerlo fructificar para sí mismo.

    J. Kentenich, diciembre de 1912, en Unter dem Schutze Mariens, 92 s