viernes, 16 de julio de 2021

En camino hacia la celebración de los 80 años de la Obra Familiar de Schoenstatt

Hoy, 16 de julio de 2021, comienza un año especial, es el año de preparación al ochenta aniversario de la fundación del Instituto de Familias de Schoenstatt y con ello de la fundación de la Obra de Familias por nuestro Padre Fundador (Dachau, 16 de julio de 1942). La Divina Providencia ha querido que estemos en pleno “Año especial dedicado a la familia” convocado por el Papa Francisco el 19 de marzo de este año 2021, quinto aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia.

Como ocurre a menudo en nuestra Familia de Schoenstatt, queremos celebrar este aniversario - (80 años de la fundación) - volviendo a los inicios, y dejándonos motivar en nuestras vidas por la idea primitiva, la idea original que motivó al Fundador y a sus acompañantes a asumir el riesgo de tal fundación. Es también una forma concreta de hacer vida en nosotros el espíritu de la Exhortación Apostólica antes citada, y con ello de ser una respuesta probada al desafío que nos presenta el Papa Francisco.

Veinticinco años después del día de la fundación, el 16 de julio de 1967, ambas comunidades (Instituto de familias/Obra de familias y Hermanos de María) celebraron las bodas de plata de su fundación en Dachau, en el mismo lugar en que nacieron a la vida. El fundador pudo estar presente. Durante los festejos el Padre Kentenich dictó tres pláticas. La noche del día de la fiesta destacó, en una plática, su significado (ver “Charlas de Dachau”, Padre J. Kentenich). Entre otras cosas, dijo:

“En el barracón de entrada, pronto contacté con pastores protestantes, especialmente con uno llamado Wilms de la escuela de un pastor protestante de Bethel. Es una doble escuela: una para aquellos que están flojos espiritualmente, pero también otra escuela para teólogos, diáconos y diaconisas. Él terminó allí sus estudios. Me contó entonces todo lo que Bodelschwingh, el fundador, llevó a cabo y que fue fuente de abundantes bendiciones en el círculo protestante. Entonces me surgió inmediatamente la pregunta: ¿qué quiere decirme con esto el buen Dios? Reflexioné: Naturalmente, no podemos consagrar a los matrimonios que crecen en nuestra escuela y después enviarlos como sacerdotes casados. Pero lo que hacía Bodelschwingh, o sea, lo que se hacía en Bethel, sí era factible para nosotros si fundábamos un Instituto de Familias de Schoenstatt.

Ahora permitan que les diga de lo que se trata. Un Instituto es siempre una rama de elite; el Instituto de las Hermanas de María, el de los Hermanos de María y otros por el estilo. Se da siempre por supuesto que hay… todavía dos ramas más. Por eso, el plan —ahora nos debemos preocupar por ello— el miembro superior debe ahora en primer lugar, asegurarse y prepararse para las otras dos ramas subordinadas; es decir, toda la forma organizativa de las otras ramas de Schoenstatt debe transmitirse a las familias.

En aquel entonces, dos hombres se presentaron para este propósito y esta tarea. En primer lugar, fue el mismo padre Eise. Debía continuar con la tarea de consolidar y ampliar no solo esta rama superior. Entonces, esta rama superior se llamaba solamente Obra de las Familias; más tarde, a estas tres ramas, la Liga de Familias, la Federación de Familias y el Instituto de Familias, se las denominó Obra de las Familias.

¿Qué cómo fue? Ya lo sabemos, lo hemos escuchado antes: El 16 de julio el señor Kühr y Joos —Joos como pseudónimo— se consagraron bajo peligro de muerte a esta obra. ¿Quién fue el Sr. Kühr?

Primero tengo que decir, que todo sucedió muy rápido, fue posible casi de un golpe. Apenas había llegado, se acercaban a mí laicos de todas partes. Querían cerciorarse de tal y cual cosa, querían que les orientara y les condujera más profundamente en la vida espiritual. En aquella situación algunas almas luchaban y aspiraban profundamente. Entre ellas, dos amigos: Dr. Kühr y Dr. Pesendorfer. Imagínense: Fui a Dachau con el pensamiento de que me faltaban dos comunidades. ¿Habría que fundarlas aquí? Siempre he tenido por costumbre no comenzar nada teóricamente. Cuando surgía un plan —aparte de que yo siempre lo interpretaba de las almas— esperaba hasta que alguien insistiera en esa misma dirección. Tras una amplia formación, poniendo en peligro continuamente nuestra vida —que les expliquen todas las hazañas de Dachau, a las que me refería al principio— de pronto el pensamiento: uno que quiere entregarse a la Obra de las Familias, o sea a la fundación de la rama superior; y el otro a la comunidad de los Hermanos Marianos. Luego se adhiere a ellos un hermano de una congregación austriaca. Así tenemos dos portadores, dos supuestos portadores, dos excelentes portadores de dos comunidades grandes, profundas y necesarias para que nuestra Familia pueda también desenvolverse en el mundo y trabajar con todos los medios para una renovación, unión fuerte y profunda, para una renovación del orden social cristiano”.

Invito a mis lectores a leer la ‘Charla’ completa y a meditar sobre su contenido. Al finalizar la ‘Charla’ el Padre Kentenich nos dijo:

“Finalmente, la pregunta ¿dónde está nuestra misión histórica? Si hablamos de la misión histórica, tarea o responsabilidad, en cierto sentido es lo mismo. Desde otro punto de vista, debo decir aquí que la misión es doble: es la fidelidad a las fuerzas motrices originales de la Familia y a su desarrollo histórico, como también fidelidad a las grandes metas de la Familia de Schoenstatt.

¡Fidelidad a las fuerzas motrices originales! ¿Cuáles son estas fuerzas originales? En una palabra: Es nuestra alianza de amor con la Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt, con Schoenstatt como lugar y con Schoenstatt como Familia. Fidelidad a esta alianza. Aquí están todas nuestras fuerzas motrices. ……

Finalmente, también fidelidad a la gran meta. En una palabra, se trata de formar el nuevo y auténtico orden social cristiano para la Iglesia en las nuevas playas. En resumen, se trata de formar un hombre nuevo en una comunidad nueva en el sentido y en la forma como lo acabamos de esbozar. ….”

 Enlace para leer el texto de la citada charla:

Charlas de Dachau - Padre J. Kentenich - 16 julio 1967 - Tercera charla

viernes, 9 de julio de 2021

Dignidad de padre

Una vez presentadas las principales tareas educativas del padre, nuestro fundador hace referencia a la ‘Jornada Pedagógica’ que él mismo diera en Schoenstatt en el año 1950, aportando a su ‘Estudio’ de 1964 textos de la misma.

La jornada se tituló “Un esbozo de una pedagogía moderna para el uso del educador”. Hoy podemos nosotros leer los textos de las charlas, y estudiarlos también, en un libro titulado “Pedagogía para educadores católicos”, editado por las Hermanas de María de Florencio Varela, Buenos Aires, en la ‘Colección Grandes Jornadas’.

En la ‘Duodécima conferencia’, páginas 205-221, el Fundador investiga cómo se pone de manifiesto concretamente la conciencia de ser padre cuando ella se arraiga en la paternidad divina. Responde: en la conciencia de una singular dignidad de padre y en una vigorosa actividad como padre.

Hoy me detengo en el texto referido al apartado de la dignidad de padre.

La dignidad de padre se mide utilizando como patrón la dignidad del eterno Padre Dios. Aquellas palabras de Jesús: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5, 48) resuenan a los oídos de todo auténtico cristiano plenas de majestad y belleza. Si hay alguien a quien esta exhortación esté dirigida especialmente, ése es el padre humano. Precisamente porque él comparte y experimenta, como Dios Padre, la realidad de engendrar. “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.” El padre humano es en todo sentido (de acuerdo con su vocación y según sus posibilidades) el más maravilloso transparente del eterno Padre Dios y el más directo. Es adecuado, entonces, examinar las cualidades del Padre eterno y meditar sobre cómo esas cualidades pueden aplicarse también al padre humano.

Inmutabilidad

Dios Padre se nos aparece como absolutamente inmutable. En el Apocalipsis se lee lo siguiente: “Vi que un trono estaba erigido en el cielo, y Uno sentado en el trono” (Ap 4, 2). Dios Padre es el único que no está en movimiento. Todo el cielo se halla en continuo movimiento, pero el que está sentado en el trono permanece allí en reposo inmutable.

Los jesuitas aplican a su Padre General el siguiente principio: “Primus motor non movetur”, vale decir, no debe moverse aquel que es el impulsor fundamental de todo movimiento. La inmutabilidad divina… De manera similar debe haber una cierta inmutabilidad en los principios y en las decisiones de quien es portador de la autoridad paternal en la familia, y en todos aquellos que posean o aspiren a una autoridad paternal derivada.

Son muy pocos los padres que hoy tienen conciencia de esta dimensión metafísica de su autoridad. Además, son presa de la vacilación y juguete de las distintas corrientes del tiempo y las ambiciones y pasiones del propio corazón. ¿Dónde encontrar padres que realmente sean imagen y semejanza del Padre eterno?

Omnipresencia

Dios es Padre eterno e inmutable; pero también es omnipresente. De manera semejante, el padre humano tiene que ser omnipresente para sus hijos, ya sea física o al menos espiritualmente. Debe tenerlos siempre presentes en su mente, en su perspectiva de interés, en su corazón. Los otros intereses pasan a un segundo plano. El padre tiene sus hijos, por los cuales se sacrifica, para los cuales está siempre presente y a los cuales tiene presente en sus pensamientos.

Omnisciencia

Dios Padre es omnisciente. Así, pues, el padre humano también debe saber todo lo que de alguna manera concierna a sus hijos. No se trata de un conocimiento obsesivo, sino bondadoso y extraordinariamente enaltecedor. El conocimiento es enaltecedor cuando el padre cree siempre en lo bueno que hay en su hijo, aunque haya sufrido ya mil decepciones. El cree en lo bueno, tiene fe en la misión original de su hijo.

Sabiduría

Dios Padre es suma sabiduría. El padre humano, su semejanza en la tierra, debe ser también sabio. Sabrá medir sabiamente lo que su hijo puede soportar. Sabiamente pesará la carga que le imponga; sabiamente planteará las exigencias y sabiamente dosificará los regalos que le haga.

Santo

Dios Padre es infinitamente santo. Ustedes, los que son padres, deben ser santos, tal como lo es el Padre celestial. ¿Quién es santo? Aquel que gire continuamente en torno al eterno Padre Dios y de sus deseos y voluntad.

Misericordioso y justo

Dios Padre es misericordioso y justo. Ese es también el ideal del padre humano: justicia, honradez y equidad inquebrantables. En su convivencia familiar, el padre no adopta actitudes confusas; no se deja sobornar, sino que es la personificación de la justicia y del sentido de la verdad.

Pero Dios Padre es, asimismo, infinitamente misericordioso y sabe perdonar cuando el hijo perdido regresa a su casa, aun cuando en su estadía en el extranjero se haya alimentado de la comida de los cerdos que pastoreaba o bien, haya llegado al extremo de levantarle la mano a su propio progenitor… Dios recibe y perdona una y otra vez al hijo perdido, con misericordia y amor, y le restituye sus derechos de hijo.

He aquí el maravilloso ideal del padre; he aquí su dignidad, fundamentada en la capacidad y actividad engendradora, que a su vez es imagen terrena del eterno e infinito Engendrador que reside en el seno de la Santísima Trinidad.”

 

viernes, 2 de julio de 2021

Tareas del padre como educador

Al reflexionar sobre la relación paterno filial, el Padre Kentenich nos ha brindado en el “Estudio” de 1964, en primer lugar, una detallada explicación sobre la esencia del amor y los efectos que ese amor produce o puede producir en varios ámbitos problemáticos de nuestro tiempo, como son los vínculos y el amor en el matrimonio y los vínculos y el amor y sus repercusiones en el ejercicio de la autoridad, deteniéndose con una mirada experimentada en la tarea de la autoridad paternal respecto a los hijos.

Aquí pone su mirada – (lo hemos venido leyendo en las ‘entradas’ al Blog de las últimas semanas) - en recordar la problemática en el desarrollo histórico de esta autoridad en los últimos siglos, pasando desde la vida rural y el patriarcado, con la familia como comunidad productiva jerárquicamente ordenada, a los cambios en el orden social de los últimos tiempos, con la huida de los hijos respecto a los padres, llegando a un nuevo anhelo por el padre y por su verdadera figura en la historia moderna, lo que se demuestra en el afán por una nueva imagen del padre como educador de los hijos en el amor, considerando como meta el ideal de la paternidad en “alcanzar una indisoluble comunidad de vida de amor con la esposa y los hijos, partiendo de una profunda comunidad de vida y de amor con Dios.”

Finalmente hemos podido reflexionar sobre el papel de la madre como parte de esa bi-unidad indestructible que deben formar los padres en el ámbito de la educación de los hijos, porque “ambos, unidos, con sus fuerzas básicas congénitas y cuidadosamente desarrolladas en lo paternal y maternal, regalan al alma del hijo la primera vivencia fundamental esencialmente humana y cristiana: la experiencia de ser aceptado, la experiencia de la aceptación primigenia como persona y la experiencia de cobijamiento.”

En las siguientes páginas del “Estudio” nuestro fundador, como buen pedagogo, nos lleva a considerar las tareas principales del padre como educador. Nosotros lo vamos a ver en esta y en las próximas semanas con algunos textos del mismo. El Padre escribe al respecto:

“La tarea educativa del padre comienza principalmente cuando el niño empieza a confrontarse con su ambiente y con el mundo desconocido y comienza a conquistarlos.

Mediante la palabra y la vida, el padre transmite al hijo, sin que se note,

-          la conciencia social básica,

-          un luminoso sentido por y para el orden,

-     a la vez que determina para su subconsciente, principal e indisolublemente, la imagen humana y divina de padre.

El padre previve al hijo el dominio de la vida en comunidad con sus ineludibles durezas y aristas, con sus tensiones y expansiones y sus interminables oleajes, y que se han de dominar en todas las circunstancias. En todo caso, un presupuesto para ello es que se pueda generar un valor férreo para superar los miedos y temblores ante todas las decisiones y consecuencias osadas, y que continúe recorriendo su camino derecho e incólume – sin prestar atención a todos los impedimentos.

 

“El hijo debe experimentar en su padre que esto es posible, de qué forma es posible y que es posible confiar en uno mismo y en los demás. De alguna manera, el hijo necesita este modelo y ejemplo de un enfrentamiento masculino activo con el mundo. En esta etapa reclama también un padre que pueda y sepa todo, que logre salir adelante en todo, que ingrese en su vida (la del hijo) como una fuerza que lo protege. En esta fuerza protectora deben tornarse experimentables todas las cualidades primigenias de la paternidad: la sabiduría, el poder, la autoridad, el amor, la voluntad de servicio, la virilidad responsable. En él deben tornarse experiencia todas las funciones originales del padre que aquí se llaman mandato, ley, orden, juicio, premio, castigo, ayuda, previsión, construcción, dominio, poderío. En todo esto, el padre se vuelve un factor decisivo para la gestación de la futura imagen del mundo, para el pensar ordenado, para la capacidad de establecer relaciones sociales y para el acceso a los logros culturales humanos.”

El corazón receptivo del hijo se impresiona de manera especialmente profunda y sostenida cuando el padre –sin hacer mucho aspaviento– previve cómo se dominan religiosamente los duros golpes del destino en la vida; es decir, cómo uno puede inclinarse dócil y sin amarguras ante la mano paternal de Dios. El padre no necesita hablar mucho al respecto. Generalmente tampoco lo hace si es un varón auténtico y está profundamente arraigado en Dios. Basta su ejemplo. Éste posee un mayor efecto que largas explicaciones”.


(Nota al margen: de lo acertado de todo esto puedo dar testimonio por las experiencias que yo mismo tuve con mi propio padre. Así fue, lo que agradezco de todo corazón al Dios de mi vida. También lo deseo para todos mis lectores.)  


viernes, 25 de junio de 2021

La madre, educadora también

Aunque el tema central del ‘Estudio’ que he venido comentando en las últimas semanas sea la figura del padre, encontramos también en el mismo alusiones a la madre. Por ejemplo, en el siguiente pasaje: 

“Como educador de sus hijos, el padre debe llevar a cabo una doble función: puede engendrarlos espiritualmente y mantener contacto permanente con ellos. En ambos sentidos es complementado esencialmente por la madre. Ambos forman una bi – unidad indestructible en el ámbito de la educación. Cada uno a su manera, ambos comprenden y realizan las palabras: No es bueno que el hombre esté solo. Hagámosle una ayudante semejante a él.

Una ayudante no es una esclava... Ambos, unidos, con sus fuerzas básicas congénitas y cuidadosamente desarrolladas en lo paternal y maternal, regalan al alma del hijo la primera vivencia fundamental esencialmente humana y cristiana: la experiencia de ser aceptado, la experiencia de la aceptación primigenia de índole personal y la experiencia de cobijamiento. Todas ellas constituyen experiencias que quieren ser consideradas como expresión y seguro y medio para la misma vivencia en un plano superior ante Dios. Por este motivo, ambos aliados no se cansarán de rezar implorando, conforme a su idiosincrasia, el espíritu del amor desinteresado, creador.

Puede suceder algo similar a lo que aconseja Monseñor Sailer en su “Devocionario completo para la lectura y oración”. Según este devocionario, primero los novios y después los esposos rezan:

 

Oh Espíritu del Amor, Espíritu de fortaleza,
hálito que destruyes, animas, creas.
Para honra de Jesucristo
transfórmanos en imágenes de Cristo
.

 

Pero el varón debe implorar para sí mismo:

 

¿Quién, quién purifica mi amor

de instintos pecaminosos, impuros?
¿Quién me reviste de santidad
para que yo pueda decir a mi esposa:
 Tú eres para mí, la Iglesia de Dios
 y yo soy para ti, la imagen de Cristo?

Mientras que la mujer reza para ella:

 

¿Quién, quién purifica mi amor
de instintos pecaminosos, impuros?

¿Quién me reviste de santidad
para que yo pueda decir a mi esposo:
 Tú eres para mí la imagen de Cristo,
 y yo para ti, la Iglesia de Dios?

 

Tomando como ejemplo a su madre, Sailer describe en concreto la tarea de la madre así:

 

“¡Gracias te sean dadas, querida mamá! Seré tu deudor eternamente. Tantas veces como ante mis ojos ... se presentan tu mirada, tu comportamiento, tus movimientos, tu amor, tu silencio, tu oración, tus trabajos, tus manos que bendicen, tu oración constante, silenciosa... desde la más temprana infancia, por así decirlo, volvió a nacer en mí la vida eterna, el sentimiento de la religión y más tarde, no pudo matar este sentimiento ningún concepto, ninguna duda, ninguna atracción, ningún ejemplo opuesto, ningún sufrimiento, ninguna felicidad, incluso ningún pecado. Aún vive en mí esa vida eterna que ahora, pronto, hará cerca de 40 años me regalaste en lo temporal.”

 

En la tarde del lunes 15 de junio de 1964 el Padre Kentenich se lo explica así a los matrimonios de la parroquia de Milwaukee:

 

“Ahí tienen ustedes el ejemplo clásico de cómo la madre se da a través de su vida y no de sus palabras. Repito:

 

“Tantas veces como ante mis ojos se presentan tu mirada, tu comportamiento ….”

 

Tal como tú me trataste de niño, tal como tú te diste, tu amor, tus silencios … Todo lo que ha hecho la madre ha tenido su influencia en el hijo, también los silencios; o sea, todo:

 

“tu amor, tus trabajos, tus manos que bendicen …”

 

Vean ustedes, antiguamente existía la costumbre de que los padres, especialmente la madre, bendecían a menudo a sus hijos, por ejemplo, al anochecer.

 

“Tu oración constante y silenciosa, … aún vive en mi esa vida eterna”

 

Y más aún:

 

“desde la más temprana infancia volvió a nacer en mí la vida eterna, el sentimiento de la religión”.

 

Miren, esto es así: la oración de la madre, la entrega de la madre, todo su ser estaba de tal manera inmerso en lo religioso, que el hijo tenía con ello una experiencia religiosa. Prácticamente quiere decir que la madre no ha dicho cosas para la mente, para la cabeza, ella vivía sencillamente de forma femenina la vida religiosa. Y ese ejemplo le impresionó de tal manera que en el futuro estuvo preparado y asegurado contra toda tentación.

Ustedes saben que cuando se está estudiando, especialmente si eres de un entorno humilde, se enfrenta uno a muchas tentaciones. Ese puede ser el caso hoy también. Él (el joven Sailer) pasó también por todo tipo de tentaciones. Pero esta experiencia religiosa tenida con su madre le hizo resistente a todo. No fue lo que aprendió para la cabeza en la universidad, eso no aguantó. Escuchen cómo lo explica:

“Y este sentimiento, o sea la experiencia de lo divino que yo he experimentado en mi madre, nunca jamás pudo ser eliminado por nada. Ninguna duda que se adueñara de mí; ningún atractivo, indiferentemente de quien procediera; ni el ejemplo de mis profesores, que fue todo lo contrario; ni ningún dolor que me sobreviniera; sí, ni ninguna buena suerte, incluso ni ningún pecado pudieron hacer tambalear esa experiencia.”

 


viernes, 18 de junio de 2021

El padre como educador del amor

Hoy paso a completar el mundo de ideas que venimos tratando en las últimas semanas con un texto correspondiente del ‘Estudio’ de 1964 sobre el principio paternal y la figura del padre. El Padre Kentenich nos plantea a los padres de familia una tarea importante y difícil, que sólo con la ayuda de la santísima Virgen en nuestros santuarios hogares podremos llevar a cabo: debemos volver a aprender a amar. Leemos:

 

“También al ‘Estudio’ le resulta difícil tener plenamente en cuenta a cada uno de los tipos. Por eso –sin considerar que es también lo que persigue– se ve obligado a limitarse a elaborar la actitud básica propia de la figura paternal que debería ser común a ambos tipos en sus rasgos esenciales; en cuanto ambos tipos tratan de escuchar las voces de Dios, en las voces del tiempo.

 

A cada uno de ellos en su idiosincrasia propia se le ha puesto como meta ver el ideal de la paternidad: alcanzar una indisoluble comunidad de vida y de amor con la esposa y los hijos partiendo de una profunda comunidad de vida y de amor con Dios.

 

De este modo el ‘Estudio’ retoma instintivamente su punto de partida: la importancia de (un vivir) uno en, con y para el otro entre el padre y los hijos como la solución más segura y eficaz a la creciente crisis de autoridad.

 

Dado el contexto general y en la meta general del ‘Estudio’ resulta conveniente detenerse un momento aquí.

 

También podríamos decir en lugar de la expresión escogida: El padre de mañana tiene que ser más y más conscientemente que ayer y antes de ayer, un educador educado en el amor, que jamás abandona su misión y su amor. Después que la vida laboral y profesional han separado tan completa y prolongadamente al padre del hogar y de la familia, ahora más que nunca interesa hacer de ambos una isla de paz y de amor celosamente custodiada y protegida, una floreciente Iglesia en pequeño y un lugar de educación bien construido, todo ello de primer rango. Cuanto más fracasen la escuela y las asociaciones u otras instituciones similares, tanto más perfecta debería volverse la célula de la sociedad. Según la voluntad de Dios, en virtud de su estructura de ser, debería haber sido siempre: el hogar y la universidad primera, más perfecta y permanente hogar de la auténtica educación cristiana. Y, en ellos, el padre del futuro, al lado de la madre, es la figura principal. Aquello que ambos hicieron y fueron funcionalmente en forma natural en tiempos del patriarcado, ahora debe presentarse mucho más aún en la conciencia reflexiva y ser visto y realizado como una tarea de vida claramente contemplada. Presupone en el padre futuro –lo mismo vale para la madre– un corazón que sea tan amplio como las arenas en las playas del mar. O usando otra imagen conocida: tan grande como el corazón de Pablo del cual se dice: ¡cor Pauli, cor mundi!

 

En la fiesta de Don Bosco –uno de los más grandes educadores paternales modernos– la Iglesia reza: “Dios le dio un corazón amplio como las arenas de las playas del mar.” Con ello se describe un ideal hacia el cual todo educador debería tender la mano. Nos encontraremos en camino de dominar la crisis de autoridad del tiempo actual en la medida en que Dios regale a nuestros padres un auténtico corazón paternal lleno de amor, lleno de paciencia, lleno de fuerza y de responsabilidad.

 

No es sencillo implorar y luchar por lograr un tal corazón paternal. Ante ello se pueden recordar las palabras: ¡Lo que no cuesta, no vale!

 

“¿Cuál es la causa de que en la actualidad haya tanta falta de alegría en el mundo?”, se preguntaba hace 15 años un exitoso General norteamericano ante un acantonamiento militar. Él mismo dio la respuesta: “Nosotros contamos con demasiados científicos y con pocos hombres de Dios. Hemos investigado el átomo y olvidado las bienaventuranzas y el corazón humano. Por eso, hoy sabemos más de matar que de la vida, más sobre el odio que del amor.”

 

Verdaderamente: ésta es una afirmación importante que testimonia un profundo conocimiento de las cosas y una vasta experiencia. En verdad: es así. Dios exige por los acontecimientos de la época, ante todo por la transformación que sufre la imagen de nuestras familias, que nuestros padres vuelvan a descubrir sus corazones y que graben en él las leyes básicas de las bienaventuranzas en forma indeleble. Su tarea principal consiste en volver a aprender a amar en forma auténticamente cristiana. Sus corazones deben volver a pertenecer indivisamente a Dios y a sus hijos; el corazón que, en una época materialista y hedonista, industrializada y secularizada, ha sido descuidado en forma lamentable; el corazón que se ha vuelto helado, frío, egoísta, insensible y salvaje o adicto en forma aterradora.

Con otras palabras: lo que interesa ante todo es la transformación del ser, la reforma y reconversión de la propia personalidad: sencillamente, una marcada paternidad. En la medida en que esta disposición y actitud se vuelvan realidad, se puede considerar como segura la reforma de la acción.”

viernes, 11 de junio de 2021

Comunidad de amor y de vida

Me permito en esta ocasión seguir con el texto de la charla del lunes 8 de junio de 1964 a los matrimonios de Milwaukee que traje al Blog la semana pasada. Sus palabras nos facilitan la comprensión del contenido del “Estudio” que venimos considerando en estas semanas y que seguiremos tratando en las próximas. Habla el Padre Kentenich:

“Una vez más la pregunta: ¿Si alguien debiera pintar un cuadro ahora, sí, de qué lado estaría? Si se ha de dibujar al padre como el patriarca, es fácil y sencillo. Si se trata del camarada .... Por supuesto que sigue siendo lo mismo de antes: el padre debe tener la última palabra; alguien tiene que tenerla. Bueno, eso no significa que los dos deban siempre de pelearse diciendo: ¡Igualdad de derechos para todos! No, alguien tiene que tener la última palabra.

Miren, en Schoenstatt antes lo expresamos siempre así: si tomo al padre de familia, entonces debe ser autoritario en principio, tener la última palabra, pero democrático en la aplicación. ¿Qué significa eso, democrático en la aplicación? Debe proteger los intereses de la mujer, debe tener en cuenta sus deseos.

Lo mismo ocurre entre el padre y la madre con los hijos. Eso está claro, acabo de decir que los jóvenes exigen autoridad, pero una autoridad que depende en sí misma de la máxima autoridad, de Dios. Verán, aquí también: juntos somos en principio autoritarios con los hijos y democráticos en nuestra aplicación.

Por supuesto, cuando los niños son pequeños, todavía no pueden juzgar por sí mismos. Está claro; la autoridad tiene que influir más decididamente.

Cuando los hijos crezcan, y yo sea entonces como ya lo he explicado en otra ocasión, que me abajo hasta los niños de tal manera que ya no represento en absoluto ninguna autoridad, que solo soy un muñeco para mis hijos, entonces, ¿qué significa eso? Ahí no hay autoridad, no hay ninguna educación. Entonces el niño, especialmente el adolescente, no se inclina ante una lex aeterna objetiva, ante una ley eterna, ni ante el Dios eterno detrás de la lex aeterna.

……………..

Verán, vale también lo mismo si se quiere representar hoy el ideal del padre moderno; esto es muy difícil. Entonces, lo mejor que podemos hacer es enfatizar lo que es propio para cada tipo de persona en la actualidad. Entonces, ¿qué debe tener cada padre, independientemente de si mi familia todavía está bajo un gobierno patriarcal o un gobierno basado en la comunidad, o es más como un regimiento en equipo? ¿Qué es lo central que cada uno debe tener a su manera? Ante todo y sobre todo, el padre y la madre deben estar y sentirse profundamente arraigados en una comunidad de amor y de vida.

Más exactamente, podrán recordar que una vez hablamos extensamente sobre la educación. Hubo dos términos que destacamos particularmente en aquel momento. Primero: Educar significa crear, gestar. ¿Qué tenemos que hacer ahora como padre y madre, ya sea que nos caracterice el patriarcado o el estilo comunitario de familia? Verán, lo que hemos enfatizado tantas veces: gestar de nuevo a nuestros hijos. Eso significa ser un educador de principio a fin, hasta la punta de los dedos. Tiene que ser una idea tan central que casi nos tenga obsesionados: tengo que educar a mis hijos. No es solo la madre quien tiene que hacer esto, y mucho menos la iglesia o la escuela. No, hoy todo depende de nosotros, de los padres. ¿Qué significa eso? Padre y madre, deben ser, por tanto, una comunidad educativa o, en vistas a la educación, una estrecha comunidad de amor y de vida.

Ahora detengámonos aquí. Busquemos en este momento otras expresiones para ello. Creo que tenemos clara la idea central. Entonces, durante el poco tiempo que estamos juntos, tenemos que ser los educadores de nuestros hijos de una forma bien pronunciada y eficaz. Miren, los educadores son amantes, porque es sólo a través del amor que ejercemos un poder procreador en la educación. Si nosotros, como comunidad de educadores, no somos una comunidad de amor, - padre, madre e hijos -, no se logrará mucho con la educación.

En la familia (familia de Schoenstatt) existe una vieja expresión que dice así: los educadores son amantes que nunca dejan de amar. Yo como padre, tengo que amar a mis hijos. Claro, lo hago preocupándome por el progreso, me preocupo del avance económico de mis hijos.

Pero eso es solo una parte de la expresión de mi amor. ¿Qué tengo que hacer cuando estoy solo o en casa por la noche? Ser el amante que dedica todo su amor a la educación de los hijos. Miren, por eso ya dije una vez aquello de que ser padre es la mayor aventura que puedas imaginar hoy. ¿Por qué? Apreciando sólo lo externo, lo difícil que es estar trabajando todo el día y luego comenzar el trabajo principal por la noche. Por tanto, ¿qué significa ahora engendrar al hijo? A través del gran poder del amor, educar a mis hijos para que sean católicos ideales, para que sean cristianos ideales.”

 

 

viernes, 4 de junio de 2021

La imagen del padre para los nuevos tiempos

Acabo de recibir el tomo 30 de la serie “Am Montag-abend … Mit Familien im Gespräch” en su versión alemana. Lleva el título „Heute Vater sein“ (Ser padre hoy). La persona amiga que me lo envía desde Alemania me avisó de que el Padre Kentenich comentaba en algunas de las charlas que recoge el libro (24.02.1964 – 28.12.1964) pasajes del “Estudio” que, precisamente, venimos tratando en este Blog.

En la secuencia de los textos escogidos para hoy el fundador se pregunta ¿cómo es la figura ideal del padre que anhelan la época nueva y la juventud? Reproduzco el inicio del texto del “Estudio” y, a continuación, traigo parte del contenido de la charla que el Padre da a los matrimonios reunidos con él en Milwaukee el 8 de junio de 1964, en donde detectamos la similitud de los contenidos a pesar del estilo coloquial de la charla. Leemos en el “Estudio”:

Si a un artista famoso se le encomendase la tarea de pintar esa imagen, lo pondríamos en un gran aprieto. Ante él se presentarían dos imágenes ideales. En primer lugar, la figura patriarcal del pasado que le resulta conocida por propia experiencia y conocimiento y fácil de representar en forma plástica pues reúne en sí tantos rasgos claros y destacados. Indica claramente que aún hoy esa imagen continúa existiendo, principalmente en familias rurales y ámbitos de artesanos. Igual que antes, aquí, en el ámbito de una comunidad productiva familiar, el hijo varón se va adentrando casi jugando en la vida laboral y profesional del padre y en forma desapercibida, pero firme e irresistible, va formando con su persona (la del padre) una comunidad de ideas, de actitud y de vida. Existe otra imagen paralela a ésta: la nueva, la del camarada y la del equipo. Ella está en camino de conquistar el mundo. Las circunstancias velan casi obligatoriamente para que experimente una marcha triunfal. La ha creado la industrialización moderna.

 

………….

 

A esto se añade que, a causa del desarrollo y éxito visible del movimiento feminista moderno, la esposa y la madre se presentan ante él como compañera y que ambos –teniendo en cuenta el rasgo democrático del trabajo– forman junto con sus hijos una especie de equipo para resolver el trabajo doméstico pendiente. Ellos se sienten apremiados a introducir en el trabajo de la casa una división de las tareas que deberá asumir cada uno de los miembros.”

 

En la charla del lunes correspondiente, el Padre dice lo siguiente: 

“¿Saben ustedes, porqué hoy la imagen del padre es todavía tan variada y diferente en la opinión pública, incluso en la literatura? Pienso, que si encuentran un pintor que creció en la vieja escuela, probablemente éste estaría muy inclinado por mostrar la imagen del padre patriarcal; pero patriarcal en el sentido correcto.

¿Qué significa eso de patriarcal? Allí donde el padre es de forma excesiva el centro de la familia, el titular por derecho de todo en la familia. Créanme, puedo repetir que todavía hay familias como esta.

Por eso es tan difícil hoy, porque nunca hemos tenido una forma uniforme: aquí está esta imagen, y ahí está la otra imagen. Vean, el pintor, que sabe un poco sobre la situación moderna, inmediatamente preguntará: Sí, ¿qué cuadro debo dibujar? ¿Debería ser ésa la imagen del padre patriarcal, o debería ser la imagen del padre camarada, del padre de un equipo?

¿Qué significa eso: del equipo o camarada? El patriarca dominaba todo en la familia. Él dominaba a la mujer, dominaba a los niños. No pocas veces se hizo tan fuerte que se convirtió en el déspota de su esposa y de sus hijos. Vean, ¿cuál es el ideal del padre y de la madre en la familia de hoy? Esto se está convirtiendo cada vez más en una especie de equipo de camaradas. ¿Qué significa eso de equipo? Ahora el padre tiene que bajar un poco de su trono. Y se debe erigir otro „tronito“ para la madre junto al padre. ¿Por qué? Por dos razones.

Primero, tal como está la situación hoy, el padre ya no puede tener el poder en casa como antes, porque no siempre tiene las riendas en sus manos. Y si los niños van a ser educados, ambos deben compartir de alguna manera los derechos y obligaciones. ¿Entienden la primera razón? Está en la naturaleza de la situación de la familia actual.

Luego está la segunda razón; radica en la naturaleza del movimiento de liberación de la mujer de hoy. ¿Qué significa esto? El movimiento feminista de hoy, no solo fuera sino también dentro de la iglesia, ha conquistado para las mujeres en su conjunto muchos más derechos de los que tenían en cualquier cultura anterior. Vean, hoy decimos esto clara y conscientemente: las mujeres tienen los mismos derechos en todas partes, no solo en la familia, es decir, como esposa; para explicarlo mejor: el mismo valor, pero diferente estructura.

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Miren, por eso repito: ¿Cómo puedo entender a la familia? Puede tratarse de una familia gobernada patriarcalmente y, en segundo lugar, una familia gobernada por camaradas.

Profundizando un poco más, se trataría entonces de una familia gobernada por un equipo. ¿Qué significa, que un equipo gobierna? Eso significa que padre, madre e hijos forman, en cierto sentido, un equipo. ¿Qué significa eso, un equipo? Significa que distribuimos el trabajo doméstico y el trabajo que tenemos que hacer afuera, entre padre, madre e hijos. Esto hace que toda la familia sea más democrática. ¿Entienden eso?”

Al final de la página del “Estudio” que comentamos hoy, el Padre escribe:

De este modo, en la actualidad ambas imágenes del padre se contraponen en forma inmediata. Ambas poseen derecho de existencia. Continuarán existiendo por largo tiempo aún. Ambas merecen una consideración respetuosa y un bondadoso reconocimiento.“

 

 Continuaremos, D.m., la semana que viene.