viernes, 25 de noviembre de 2022

¿Cuál es la causa del mal en el mundo?


Una de las asiduas lectoras del Blog ha enviado un comentario para la reflexión. Dice así. En estos tiempos de desarraigo, el estar arraigado en esa confianza en el amor de Dios es como un bálsamo. Sin embargo, hay una mirada que debe ser producto de la época: decir que Dios Padre nos manda el sufrimiento y las caídas, sería admitir que Dios es causa del mal en nuestras vidas, aunque sea indirectamente. Ahí podríamos discutir con nuestro Fundador, porque Dios no puede ser ni directa ni indirectamente causa del mal. En todo caso habría una permisividad indirecta, pero nunca una acción voluntaria de Dios contra el hombre.”

Recuerdo haber escuchado decir a uno de mis familiares – era un sacerdote – que el sufrimiento en este mundo era fruto del pecado. Dios creó al mundo en armonía y felicidad, y el demonio consiguió que el hombre pecara. Nosotros hemos pecado también. Y ahora, en esta tierra nos toca sufrir. Pienso que Dios tiene que ser consecuente con sus propias leyes. Ni siquiera liberó a su Hijo del sufrimiento y muerte en la cruz. Me viene a la mente la Carta que escribió Pedro a los que andaban en la diáspora. Allí dice: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado.” (1 Pedro 4,1)

Nuestro Fundador explica también esto en su jornada pedagógica que venimos leyendo en estas semanas. En una de las conferencias dice así:

“Detrás de estas terribles catástrofes está la influencia directa del demonio. Por el Apocalipsis sabemos que detrás de todo este acontecer, está la influencia extraordinaria de los poderes anti-divinos. No sólo está actuando la maldad humana, sino que también la maldad diabólica.

Si aquí hacemos una comparación con la época actual, tenemos que señalar que las barbaridades que vemos hoy en el mundo no se pueden explicar por medios naturales. ¡Detrás de esto tiene que esconderse una influencia tremendamente grande del demonio! En el mundo existen muchas desgracias, muchas deficiencias, mucha propensión al pecado y mucha crueldad, lo que se puede explicar con el daño ocasionado por el pecado original a la naturaleza. Para esto no se necesita suponer que haya existido una influencia directa del demonio. Pero ahora yo estoy hablando intencionadamente de una influencia directa de los poderes anti-divinos. La influencia indirecta siempre existe; mientras el mundo sea malicioso y maligno, siempre estará indirectamente expuesto a la influencia del demonio, desde que el demonio, en el principio, indujo a Eva al pecado en el cual Adán también cayó. Sólo así podemos explicar el tremendo mal, la crueldad que ocurre en el mundo. Todas estas situaciones suponen la influencia indirecta del demonio.”

Siguiendo la lectura de la semana pasada comprobamos que el Padre Kentenich quiere ahondar en el pensamiento de que Dios es amor y actúa por amor; habla de que Dios tiene contados todos nuestros cabellos:

“¡El Padre sabe incluso que ha caído un cabello de tu cabeza! El Señor nos quiere decir con esto que el amor de Dios está detrás de todo. ¡Y cuánto más amor de Dios tenemos que ver detrás de todas las dificultades que Dios deja caer sobre nosotros! El Señor se esfuerza parábola tras parábola para hacernos entrar en la cabeza esta ley fundamental del amor.”

Para explicarlo nos recuerda algunas parábolas, y entre ellas la de la oveja perdida (Lc 15, 4-7):

“Si ustedes se adentran en esta parábola, encontrarán la misma situación. El pastor deja a las noventa y nueve ovejas en el desierto para ir detrás de la oveja perdida. Entiendan por favor: ¿No es paradójico dejar a noventa y nueve ovejas solas y exponerse al peligro de perderlas, sólo por una oveja? Esta parábola también se entiende sólo cuando captamos lo que el Señor nos quiere decir: Dios es tan buen Padre que se preocupa de cada uno, y tanto como si estuviera sólo para esa persona. ¡Él se preocupa de los detalles más pequeños! Por lo tanto, tratándose de una completa y perfecta reforma interior, en la vida católica, encontrarán personas que como Pablo estén compenetradas del pensamiento: ¡Él me ama como a la pupila de sus ojos!

…… Tarde o temprano surgirá también la pregunta: el Padre ama también a su Hijo unigénito ¿y cómo deja que lo maltraten? ¿Y se supone que eso es amor? Quien ha comprendido cabalmente nuestro mundo católico, está convencido de que la sabiduría de Dios tiene como meta para todos nosotros el asemejamiento y la incorporación al Dios hecho hombre. Cada vez tenemos que ser hombres más configurados por Cristo y más configuradores de Cristo conforme al ser, en la actitud y en la vida. ¡Esta es una meta tremendamente grande para nuestra autoeducación!”

  

viernes, 18 de noviembre de 2022

POR SOBRE TODO, EL AMOR DE DIOS


En las últimas semanas venimos considerando algunos aspectos de lo que nuestro Fundador denominaba ‘tiempos apocalípticos’ en su jornada pedagógica del cincuenta y uno. También hoy nosotros vivimos en tiempos difíciles, trátese de las guerras, del encarecimiento de la vida, de los extremismos de los políticos, del cambio climático, en fin, del olvido generalizado de Dios en nuestras sociedades. Ante tantas ‘señales apocalípticas’ podríamos caer en la tentación de desvanecernos interiormente de miedo y de angustia por todo lo terrible que pueda ocurrirnos a nosotros mismos. Según el Padre Kentenich, nosotros, como personas apocalípticas, deberíamos cultivar el espíritu de una profunda y cálida fe en la divina Providencia. Ya dijimos que esa fe considerada como “la ley de la puerta abierta” quiere determinar esencialmente nuestra concepción de la vida, nuestra tarea de vida y nuestra forma de vida. Seguimos meditando en lo que el Fundador nos dice. En una comparación entre lo que él llama el fatalismo, el Deismo y el Teismo, anima a sus interlocutores a ser hombres que sepan decidirse por sí mismos desde dentro y a luchar contra el hombre-masa, a ser seguidores del Teismo. Él nos lo aclara:

“El teísmo es un reconocimiento práctico al amor como ley fundamental del mundo. Asegura que Dios ha elaborado desde toda la eternidad un gran plan mundial y un pequeño plan de mi vida como un plan de amor, de sabiduría y de omnipotencia y que realiza este plan por amor a través del tiempo con todos sus detalles.

Por eso es que la persona católica con fe en la divina Providencia siempre está rodeada de Dios, incluso también cuando en su vida carga una cruz pesada y pesadísima. La persona católica providencialista construye su vida sobre el amor como la gran ley fundamental del mundo. Está convencida de que todo, absolutamente todo lo que Dios hace, manda y dispone, ocurre hasta en sus más íntimos detalles por amor, a través del amor y para el amor, incluso cuando la justicia divina remeza y sacuda al hombre aquí en la tierra.

Detrás de todo está el convencimiento de que el amor es la fuerza fundamental y de que éste mueve también a la justicia. Todo ocurre por amor también cuando la justicia divina hubiere estipulado al final de nuestra vida la posibilidad de la eterna perdición en el infierno, la última razón sería solo el amor. Dios no quiere que los hombres se vayan al infierno, por eso es que no siempre ni en todas partes el demonio tiene poder sobre los hombres. A veces Dios también quiere lograr sus metas mediante grandes caídas en el pecado. Al final, Dios siempre vence al demonio. También en los casos donde el hombre recibe un golpe tras otro, Dios persigue definitivamente sólo una meta: el amor. A través de todo esto el hombre debe llegar a una gran y profunda unión con Dios en el amor. Acuérdense de los contenidos que hemos estado meditando hasta ahora.

¿Cuál es el sentido de las confusiones apocalípticas? ¡Ellas tienen que ser acelerados obstetras, no acelerados cavadores de tumbas! ¡Deben ayudar a dar a luz a Cristo en la humanidad actual de manera acelerada y perfecta! Preocúpense de que la historia universal actual sea una historia de amor de los hombres con Dios. Esto no sólo es válido para las grandes catástrofes mundiales, sino también para las pequeñas dificultades de cada día, ya sea de la vida matrimonial, profesional o familiar. Todo debe llevarnos a una unión más profunda en el amor con Dios.

El amor como ley fundamental de la vida nos exige no sólo que todo lo hagamos por amor, sino para el amor. La vida práctica a menudo tiene la apariencia de que todo está al revés. Por eso, ustedes se preguntarán de dónde sabemos todo esto. Y es muy comprensible que lo hagan. ¡El hombre actual está cada vez más desarraigado, despersonalizado! ¿Y todo eso debe ocurrir por amor? ¿Entienden ahora lo grande que es la tarea que asume la educación? La educación debe preocuparse de volver a anunciar a los hombres el correcto concepto de Dios, la verdadera imagen de Dios, y así volver a despertar el amor recíproco. Debe preocuparse de que el Dios eterno sea reconocido como Dios-Padre, el Dios del amor. Entendamos cómo san Juan reproduce con una palabra la esencia de Dios, ésta es: ¡Dios es amor! No sólo quiere decir: ¡Dios es justicia! La espiritualidad occidental vive como si la esencia primera de Dios estuviera en la justicia, no en el amor. La Sagrada Escritura protesta rotundamente contra eso. También protesta contra eso la esencia de Dios, la esencia del Salvador del mundo, que se hizo hombre por amor y que como tal asumió cosas terribles y que sufrió por amor a nosotros. …..”

viernes, 11 de noviembre de 2022

LA 'LEY DE LA PUERTA ABIERTA', NUESTRA COSMOVISIÓN

Siguiendo las conferencias de la jornada pedagógica que mantuvo el Padre Kentenich en el año 1951 en Santiago de Chile nos hemos dado cuenta de que también nosotros en estos tiempos vivimos en una época marcadamente apocalíptica. Ya sabemos lo que esto significa. Una de las intenciones del Fundador era, y sigue siendo para nosotros, llamarnos la atención de algo que es fundamental en nuestra existencia como Familia, como hijos de Dios: “Nada ocurre por casualidad, todo viene de la bondad de Dios”. En la quinta conferencia se ocupa específicamente de ello:

“¿Qué se desprende de esto para el espíritu apocalíptico? Él nos da la respuesta a las necesidades y dificultades. Es el espíritu de una fe en la divina Providencia, marcada, cálida, fuerte, que abarca a la persona completa. Hoy queremos detenernos en este tema.

Cuando nos encontramos en medio de una confusión apocalíptica, cuando el tiempo se torna cada vez más oscuro y tenemos que enfrentar grandes dificultades y catástrofes extraordinarias, entonces es necesario que nos eduquemos a nosotros mismos y a quienes nos han sido confiados a una fe práctica en la divina Providencia. ………

La fe práctica en la divina Providencia ocupa un lugar preferencial en nuestra Familia. Se ha transformado en nuestra cosmovisión. A la fe práctica en la divina Providencia también la llamamos ’ley de la puerta abierta’. La expresión se la pedimos prestada a san Pablo. En distintas oportunidades, él nos indica que Dios le abría una puertecita por la cual podía pasar para desarrollar una actividad apostólica en tal o cual lugar. ¿Cómo se le abrían estas puertas? ¡Mediante situaciones ordinarias! De repente se daba la oportunidad de anunciar el Evangelio aquí o allá. La fe práctica en la divina Providencia le iba mostrando lo que Dios le pedía. En este punto queremos detenernos un poco para estudiar con mayor profundidad la ’ley de la puerta abierta’ o la fe práctica en la divina Providencia en el ámbito de la historia de nuestra Familia.

Tengo que nombrar y fundamentar tres afirmaciones. La ley de la puerta abierta o de la fe práctica en la divina Providencia, determina claramente nuestra concepción de la vida, nuestra tarea de vida y nuestra forma de vida.

Este es el carisma que Dios nos ha regalado. Esto es un pedacito de la sabiduría de vida moderna, que en el contexto de la ley de la puerta abierta o de la fe práctica en la divina Providencia hemos podido adquirir. Como supongo que ustedes conocen la historia de nuestra Familia en lo esencial, me doy por satisfecho al nombrar unos pocos detalles.

La primera afirmación dice: la fe práctica en la divina Providencia determina de manera sobresaliente nuestra concepción de la vida.

La fe práctica en la divina Providencia es la fuente más grande para reconocer la voluntad de Dios en nuestra vida. ¿Cuáles son las fuentes por las que puedo reconocer la voluntad y el deseo de Dios? Puedo recibir una iluminación interna directa o un ángel del cielo me puede traer una noticia de parte de Dios. También le puedo pedir a un superior que me dé la solución a ciertos problemas. Dios nos anuncia su voluntad y deseos a través de ciertas leyes y determinaciones, también habla a través de los mandamientos. Dios también me puede hablar a través de las situaciones de mi vida, mediante los nudos que se han formado en mi circunstancia concreta, mediante las complicaciones de mi vida. Dios nos habla también mediante las grandes catástrofes, como las que se han desencadenado actualmente en Europa. La expresión de una fe sencilla es: ’Nada viene por casualidad, todo viene de la bondad de Dios’. A través del acontecimiento más pequeño y con mayor razón a través de los grandes acontecimientos, Dios me quiere decir algo personal a mí. Él ha diseñado por amor el gran plan del mundo y también el pequeño plan de mi vida. Sólo por eso podemos afirmar que la fe práctica en la divina Providencia llegó a ser la fuente principal de conocimiento en la historia de nuestra Familia.

Todos los hijos de Schoenstatt tratan de descubrir la voluntad y el deseo de Dios en las circunstancias del tiempo, en las confusiones y dificultades de la vida. ¡Estas no son coincidencias! Mi tarea consiste en preguntarme siempre: Señor ¿qué quieres de mí? ¿Qué debo hacer? El mismo Cristo llama nuestra atención sobre esta verdad, diciendo en forma sencilla: "En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados" (Mt 10,30). Y ni siquiera un pelito caerá de vuestra cabeza o será torcido si no es por la voluntad de Dios. Y eso que los cabellos son algo insignificante, secundario, de lo que ni siquiera nos preocupamos. El Señor quiere grabar en nosotros que nada en nuestra vida pasa sin que esté incluido en el plan de amor de Dios.”

 

viernes, 4 de noviembre de 2022

VIVIR LA FE PRÁCTICA EN LA DIVINA PROVIDENCIA


Deseo continuar compartiendo con los lectores del Blog las reflexiones del Padre Kentenich en esta jornada pedagógica que venimos leyendo en las últimas semanas. Me parecen muy adecuadas para los tiempos que nosotros estamos viviendo en la actualidad. En la quinta conferencia leemos:

“En la última charla ahondábamos acerca de la violencia y la variedad de la confusión apocalíptica y de la cruz apocalíptica cómo nos la muestra la Sagrada Escritura y cómo la constatamos hoy en nuestra vida. Con esto sabemos un poco cómo es un tiempo apocalíptico.

¿Qué se desprende de esto para el espíritu apocalíptico? Él nos da la respuesta a las necesidades y dificultades. Es el espíritu de una fe en la divina Providencia, marcada, cálida, fuerte, que abarca a la persona completa.

Hoy queremos detenernos en este tema. Cuando nos encontramos en medio de una confusión apocalíptica, cuando el tiempo se torna cada vez más oscuro y tenemos que enfrentar grandes dificultades y catástrofes extraordinarias, entonces es necesario que nos eduquemos a nosotros mismos y a quienes nos han sido confiados a una fe práctica en la divina Providencia.

¿Qué significa en detalle fe práctica en la divina Providencia?

Para dar una buena respuesta nos hará bien ojear de nuevo el Apocalipsis. A grandes rasgos recordamos la terrible confusión apocalíptica. Hay dos momentos a los cuales el Apocalipsis hace alusión y muestra el elemento fundamental de la fe en la divina Providencia. El Apocalipsis hace alusión al causante de la confusión y a la meta que persigue este autor.

¿Quién es el causante de esta gran confusión?

¿Se acuerdan de lo que aprendimos ayer a la luz del Apocalipsis? Pensemos en el libro de los siete sellos, en los caballos y sus jinetes, en los ángeles con siete trompetas y en los siete ángeles con las copas de la ira. ¿Quién es entonces el que da la orden de abrir los siete sellos del libro? ¿Quién abre los cuatro primeros sellos, de manera que los caballos y jinetes apocalípticos salgan a cabalgar al mundo y recorran el tiempo? ¿Quién le da la orden al ángel para que derrame las siete copas sobre los hombres e inunde a la humanidad de plagas? Cristo le da al ángel esta orden y lo hace en nombre del eterno Padre Dios, que es el Dios del amor eterno.

¿Cuál es la meta que persigue este autor?

Este Padre divino es el Dios del amor. ¿Qué me dice por eso la fe práctica en la divina Providencia? "Nada sucede por casualidad, todo viene de la bondad de Dios". No es casualidad que actualmente el colectivismo se arraigue por todas partes. No es porque sí que los hombres modernos hablamos del frío cósmico. El mundo se ha enfriado, pero ¿por qué? Porque se ha separado de Dios. Actualmente sentimos muy poco su influencia en el acontecer mundial. Antiguamente se vivía de esta convicción: "Nada sucede por causalidad, todo viene de la bondad de Dios", de la bondad del Padre de los cielos, del Salvador, quien incluso derramó su sangre por nosotros.

Con esto sabemos qué es la fe práctica en la divina Providencia, creemos en un gran plan de amor, de sabiduría y omnipotencia que el buen Dios ha ideado desde la eternidad y que ejecuta por amor a través del tiempo hasta en los más mínimos detalles.

Esto significa que creo que en el mundo no existe la casualidad. Creo que todo lo que Dios permite y hace se debe a un gran plan, incluso todos los acontecimientos de mi pequeña vida. Y la realización del plan de Dios es el objetivo principal de mi vida. ¿No creen ustedes que debiéramos quedarnos un poco más en este tema?”

Invito a meditar sobre las palabras de nuestro Fundador. Quizás sean difíciles de aceptar y comprender, pero la oración nos puede ayudar en la tarea. Yo lo voy a intentar.

  

viernes, 28 de octubre de 2022

SEGUIMOS LEYENDO EL APOCALIPSIS

En las últimas semanas venimos leyendo el Apocalipsis siguiendo algunas indicaciones del Padre Kentenich. Sabemos que este libro contiene el texto de una carta que Juan escribió a los cristianos de las iglesias de Asia, y constatamos que, como toda carta, tiene su saludo y sus palabras de despedida. Leemos también que Juan anima a sus feligreses a que soporten el sufrimiento hasta el final. La carta es una profecía que el Cristo resucitado revela a Juan para que la comparta con sus discípulos y les transmita su aliento.

Mientras leemos el Apocalipsis se nos alienta, también a nosotros, a mirar a Cristo y perseverar fielmente porque Dios está en su trono, y Él le ha entregado toda su autoridad al Hijo. Jesús está reinando desde lo alto, y está dirigiendo toda la historia, incluida nuestra historia. En el capítulo 4 Dios invita a Juan a su sala del trono para mostrarle, primero, que no importa cómo aparezcan las cosas “abajo”, Dios está en su trono y no será sacudido ni retirado del mismo. A continuación, en el capítulo siguiente, Dios entrega la autoridad al Cristo resucitado y exaltado, y que a partir de ahora está sentado con Él y gobernando desde lo alto.

El Padre Kentenich lo expresa así:

“Así, todo el Apocalipsis se transforma en la manifestación visible de la gran frase que nos dejó san Pablo: "Ahora bien, sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman" (Rom 8,28). Y si toman el Apocalipsis en sus manos, también leerán ahí que todas las cosas redundarán en beneficio de los elegidos, "hace concurrir todas las cosas para el bien", todo sin excepción, también la cruz y el sufrimiento y todas las catástrofes extraordinarias. Sí, y más aún: todo debe ayudarnos de manera extraordinaria también a acelerar nuestra salvación y santificación (Ap 7,13-17). “

Y continúa explicándonos:

“Con esto estamos preparados para las siguientes ideas. Nos preguntamos ahora cuál es la fuerza y la diversidad de la catastrófica confusión apocalíptica y de la cruz apocalíptica y cuál es el carácter salvífico de la época actual.

Para investigar esto echemos de nuevo una mirada al Apocalipsis y a la época actual. Queremos saber en qué medida la cruz y el sufrimiento redundan en beneficio de los elegidos. Queremos indagar en la fuerza y diversidad de la cruz apocalíptica, en la confusión y el carácter salvífica actuales.

Si queremos responder a esta primera pregunta tenemos que trazar una línea a través del Apocalipsis. Así nos encontramos frente a una gran cadena —para ser más exactos, una triple cadena de siete eslabones— de extraordinarias catástrofes y extraordinarias cruces y sufrimientos. Si ahora miran en el Apocalipsis se darán cuenta de que la primera cadena de siete eslabones, ’El libro sellado y el cordero’ (Ap 5,1), ya nos es conocida. La segunda cadena de siete eslabones corresponde a los siete ángeles con siete trompetas que están delante de Dios y tocan las trompetas. ¿Y cuál fue el resultado? Truenos, relámpagos, terremotos, granizos y fuego (Ap 8,6). Conmovedores trastornos en toda la tierra y muchísimas cruces y sufrimientos. La tercera gran cadena de siete eslabones está formada por los siete ángeles con las copas de la ira. ¿Qué significan los ángeles con las copas? Estos ángeles tienen copas en las manos y derraman su contenido. Eso significa que vendrán grandes plagas para la humanidad, úlceras malignas, grandes dolores (Ap 16,1-21). Ellas derramaron una cantidad extraordinaria de sufrimiento y catástrofes violentas sobre la humanidad.

Si se toman el tiempo para seguir ojeando el Apocalipsis verán una maravillosa articulación de esta triple cadena de siete eslabones. A continuación constatamos una línea transversal entre las cuatro primeras y las tres últimas. Entre el sexto y el séptimo está inserta una visión esperanzadora. Esta visión esperanzadora le quiere decir al lector: todas las cruces y el sufrimiento que he mencionado no te dañarán. Por el contrario, ellas acelerarán tu santificación, tu perfección.

Para mostrarles un poco la forma en que el Apocalipsis ilustra estas gigantescas catástrofes, nos quedaremos un momento en el libro de los siete sellos. Los cuatro primeros sellos (Ap 6,1-8) son para nosotros bastante conocidos. Se trata ahí de los cuatro caballos y sus jinetes apocalípticos. Entonces, se tienen que imaginar un libro con siete sellos. Ya hemos escuchado: "Vi a la derecha del que estaba sentado en el trono un rollo escrito por dentro y por fuera sellado con siete sellos". "Aquel cordero fue y tomó el rollo de la mano derecha del que estaba sentado en el trono" (Ap 5,1.7). Ustedes saben lo que significa esto: ¡Cristo es el Señor del Universo! Cristo tiene las riendas del acontecer mundial en sus manos, en nombre del Padre. Él es quien cada vez da la orden para que se abran los sellos.”

En la próxima semana concluiremos estas explicaciones ‘abriendo’ el resto de los sellos del libro mencionado.

   

viernes, 21 de octubre de 2022

UNA MIRADA A LA MENTE Y AL CORAZÓN DE DIOS

Coincido con la idea expresada en el último comentario de una de las asiduas lectoras del Blog: “Estos tiempos debemos vivirlos con la esperanza y la certeza de que la victoria es de Dios”. El Padre Kentenich en los textos de la jornada que venimos meditando subraya también que “la Apocalipsis, y también los tiempos apocalípticos, nos revelan y descubren la victoria definitiva y perfecta del Eterno Dios sobre su adversario, el demonio”.

En sus charlas a los participantes de la jornada vuelve una y otra vez a hablar sobre este tema: el significado del cambio de época; y lo hace invitando a dirigir la mirada al Apocalipsis:

“Revisemos de nuevo el Apocalipsis. Queremos ver y leer, hoja por hoja, y dejar que el libro entero actúe en nosotros, para que así podamos encontrar una respuesta a nuestras preguntas.

Si preguntamos por el sentido del tiempo apocalíptico a partir de las ideas y revelaciones del Apocalipsis, podemos subir lentamente a la metafísica y desde ahí tratar de resumir todo. Así, el Apocalipsis se convierte en una teología y filosofía de la historia del tiempo actual. No queremos sólo comparar hechos aislados, sino que queremos hacer una filosofía y una teología. Creo que les interesa más esto, que si me detengo en uno u otro momento o escena.

Nos preguntamos entonces acerca del sentido del tiempo apocalíptico. La respuesta es triple:

— Descubrimiento de los misteriosos caminos de salvación del Dios eterno en el acontecer mundial.

— Descubrimiento de los misteriosos planes y caminos calamitosos del adversario de Dios, del demonio.

— Descubrimiento de la victoria perfecta y definitiva del Dios eterno sobre su adversario, el demonio.

Esta respuesta metafísicamente clara deben aplicarla al tiempo actual con su tremendo caos. Las catástrofes violentas hoy tienen los mismos tres significados. ¿Qué se desvelará por medio de ellas? No deben olvidar que la palabra Apocalipsis viene del griego y en nuestro lenguaje significa revelación y descubrimiento. Los extraordinarios golpes del destino, los enormes desórdenes los podemos palpar con las manos. ¡Compréndanlo, por favor! El libro no sería necesario si se tratara de meras descripciones. Por eso queremos preguntar por lo esencial, por la intención que tenía Dios al manifestarnos estas terribles revelaciones. ¿Cuáles son los misteriosos planes y caminos de salvación que Dios persigue con esto?

…….

1. El Apocalipsis nos revela y descubre los planes y caminos de salvación ocultos, secretos, del Dios eterno en el acontecer mundial y también en mi historia personal.

Todas las grandes ideas del Apocalipsis adquieren forma extraordinariamente concreta cuando las aplico a mi pequeña vida personal. De ahí que los poderes que están latentes en los acontecimientos actuales tocan también toda mi vida.

2. El Apocalipsis nos revela y descubre los planes y los caminos calamitosos del adversario de Dios, el demonio.

Esto también debo aplicarlo a mi vida personal. El demonio ronda, se acerca a los hombres y los confunde. Por eso me pregunto: ¿qué pretende el demonio? ¿Qué quiere lograr en mi vida? ¿Por qué caminos me quiere llevar? ¿Qué tipo de planes misteriosos tiene? ¿Entienden por qué les digo que el Apocalipsis es tan tremendamente interesante y atractivo? Solo hay que entenderlo y hay que aprender a leerlo correctamente. Por lo general, eso ya es bastante difícil.

3. Pregunto por última vez: ¿Que nos revela y descubre el Apocalipsis? El Apocalipsis nos revela y descubre la victoria definitiva y perfecta del eterno Dios sobre su adversario, el demonio.

¿Y cuándo ocurrirá esa victoria definitiva y perfecta? ¡Al fin del mundo! Hoy vivimos el poderoso preludio de este gigantesco juego final.

………

Según el plan de Dios, las catástrofes violentas deben impulsar la configuración de mi vida en Cristo y acelerar y, en lo posible, completar la búsqueda y conducción de los elegidos hacia el cielo.

¡Dios Padre nos quiere llevar a su corazón! ¿Qué medios utiliza para alcanzar su meta, para llamar nuestra atención? La respuesta se encuentra en las dificultades extraordinarias, los sacrificios extraordinarios y las catástrofes extraordinariamente fuertes.”

  

viernes, 14 de octubre de 2022

INFLUENCIA DIRECTA DEL DEMONIO


En los años infantiles de catecismo supimos lo de los ‘ángeles caídos’ y lo de ‘Adán y Eva y la serpiente’, aprendimos también que los enemigos del alma eran tres, y que uno de ellos era el demonio. Más tarde, leyendo y meditando textos evangélicos, nos impresionó saber de las tentaciones de Jesús en el desierto y constatar por los textos de Juan que el demonio – “el príncipe de este mundo” (Jn 12,31) - es un “homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8,44) y que “el mundo entero yace en poder del Maligno” (1 Jn 5,19).

Nuestro Padre Fundador, en la jornada que venimos repasando en estas semanas, después de explicar que las características más destacadas de los tiempos apocalípticos (no se refiere al fin del mundo) son catástrofes violentas de orden físico, de orden moral y de orden religioso, asegura que detrás de estas terribles catástrofes está la influencia directa del demonio. Dice así:

“Por el Apocalipsis sabemos que detrás de todo este acontecer, está la influencia extraordinaria de los poderes anti-divinos. No sólo está actuando la maldad humana, sino que también la maldad diabólica.

Si aquí hacemos una comparación con la época actual, tenemos que señalar que las barbaridades que vemos hoy en el mundo no se pueden explicar por medios naturales. ¡Detrás de esto tiene que esconderse una influencia tremendamente grande del demonio! En el mundo existen muchas desgracias, muchas deficiencias, mucha propensión al pecado y mucha crueldad, lo que se puede explicar con el daño ocasionado por el pecado original a la naturaleza. Para esto no se necesita suponer que haya existido una influencia directa del demonio. Pero ahora yo estoy hablando intencionadamente de una influencia directa de los poderes anti-divinos. La influencia indirecta siempre existe; mientras el mundo sea malicioso y maligno, siempre estará indirectamente expuesto a la influencia del demonio, desde que el demonio, en el principio, indujo a Eva al pecado en el cual Adán también cayó. Sólo así podemos explicar el tremendo mal, la crueldad que ocurre en el mundo. Todas estas situaciones suponen la influencia indirecta del demonio. La pregunta clave aquí es: ¿hasta dónde llega la influencia directa del demonio?

Esto quiere decir en la práctica: ¿en qué medida debemos suponer que el demonio gobierna directamente a los hombres con su influencia, o basta la fragilidad de la naturaleza, para explicar tanta maldad y tanto sufrimiento que existe en nuestros días?

Si juntamos todas las citas de la Sagrada Escritura acerca del significado del demonio, debemos admitir que la influencia directa del demonio es tremendamente grande. Los textos de san Pablo hablan especialmente de esto. Él ve al mundo lleno de demonios y habla de una lucha "contra principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires" (Ef 6,12); él también lo llama nuestro adversario, que nos quiere poner "bajo el dominio del príncipe de las potestades aéreas" (Ef 2,2). Pablo se refiere a Satanás. Es algo peculiar. Cuánto nos gusta ir a su escuela, sobre todo cuando nos habla de que somos miembros de Cristo; pero cuando nos muestra la imagen demoníaca, nos olvidamos de que también entonces estaba inspirado. Si estamos de acuerdo con san Pablo, podemos entender la palabra clásica de san Pedro "Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, anda rondando y busca a quien devorar" (1Pe 5,8).

Esta influencia del demonio se encuentra en todas las épocas de la historia de la humanidad y de la historia de salvación. Eso sí que hay momentos en que el demonio se retrae un poco y otros momentos en los cuales irrumpe tan fuertemente del infierno que podemos decir: ahora se escapó del infierno y quiere arreglar las cuentas de siglos. ¡Estos son los tiempos apocalípticos! Son tiempos en que el demonio puede ejercer su influencia casi desenfrenadamente. También nos gusta hablar de los tiempos tranquilos, aburguesados y satisfechos. Ahí el demonio se retrae aparentemente, pero en lo escondido sigue actuando; quizás su actuar es más peligroso aún en este tiempo que en los tiempos apocalípticos. Porque no se le presta atención. Por eso tiene rienda suelta, puede hacer y ejercer el mal donde quiera y como quiera. Estos son los tiempos de los cuales Goethe dijo una vez: "Este pueblecito no le cree nunca al demonio, ni cuando lo tiene al cuello".

Y ahora tenemos que decir: hoy vivimos en una época en que realmente el demonio celebra su juego infernal. …… Ahora ustedes deben recordar todo aquello que han escuchado de las crueldades de la guerra moderna y considerar lo que ocurrió en los campos de concentración, entonces se asombrarán de la crueldad extraordinaria de que es capaz la naturaleza humana. La única respuesta para todo esto es: el demonio celebra una impresionante marcha triunfal, porque Dios le dio el poder de salir del infierno para jugar con los hombres como él quiera.”

Me parece que la situación de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado se repite en las primeras décadas del siglo actual. También hoy podemos constatar la influencia directa del demonio en el mundo.