viernes, 24 de mayo de 2024

EL TRABAJO EN GRUPO

 Significación del trabajo en grupo desde la perspectiva de una conquista del mundo

Hay que asegurar el trabajo en pequeños grupos: «célula», «trabajo en células». Nuestro imperativo es: ¡Introducirnos en la catacumba de la célula! Tres puntos de vista deben registrar en cierta medida el material y hacérnoslo intelectualmente accesible: la esencia de la célula, el valor de la célula y la acción de la célula.

La esencia de la célula. En círculos católicos estamos acostumbrados a utilizar otra expresión: trabajo en grupo. Allí se trata de pequeños círculos de élite a los que se reúne y forma. […] O sea, el trabajo en células es el trabajo en pequeños grupos seleccionados, trabajo hacia dentro y hacia fuera, en todas direcciones.

El valor de la célula y el trabajo en células. La historia demuestra que, a menudo, las células, el trabajo en células, el trabajo de club, el trabajo en grupos, han sido desde hace milenios la madre de muchas revoluciones, pero también la madre de todos los grandes movimientos de renovación. Examinen en qué medida eso es cierto. Piensen en el movimiento de renovación que Cristo representó con su pequeño grupo, los apóstoles. Pueden tener presente también a fundadores. El trabajo de élite, el trabajo en grupos, el trabajo en células es la madre de todo gran movimiento de renovación, pero también de toda revolución. […]

En esta era de las organizaciones de masas, de las concentraciones, del marchar resonante de la masa, en la medida en que de nosotros dependa no debemos retirarnos a las catacumbas para permanecer en ellas. Si nos retiramos a la catacumba de la célula lo hacemos a fin de desplegar desde allí planes de conquista del mundo y de realizar un trabajo de renovación. […]

Unas palabras sobre la acción de ese tipo de pequeñas células y grupos. 

Con respecto a lo venidero, pero también, retrospectivamente, a lo que se ha experimentado en el campo católico en la vida de las asociaciones, la forma de acción [de las células y grupos] debería tener las siguientes propiedades:

Primero: los grupos tendrían que actuar de forma creativa: tan creativa como la semilla que se hunde en la tierra y sucumbe ‒tan creativa como lo era, por ejemplo, la de los primeros cristianos en las catacumbas‒ tan creativa como la de los cristianos de todos los tiempos cuando eran perseguidos y tenían que retirarse en pequeños círculos y grupos.

Segundo: nuestros grupos tendrían que actuar interiorizando en todo sentido. El que cree tener una misión especial solo podrá mantenerse en pie si cultiva una pronunciada vida interior. Solo entonces emanará de él la correspondiente fecundidad. […]

Me permitirán que, para variar, les haga escuchar una frase de la literatura que ilustra lo que les he dicho. Son consejos del santo sacerdote [Joseph Marie] Timon-David: «Yo no censuro para nada la música, el teatro, las fotografías, los ejercicios gimnásticos, los juegos, etc.».

Ustedes han escuchado ya el principio a partir del cual queremos aplicar todas las demás cosas. Nosotros acentuamos la educación religioso-moral orgánicamente unilateral. [Lo importante es el cultivo de nuestra competencia central]. Todo lo demás debe verse, en lo posible, en el contexto de este valor central. Lo central no debe pasar a un segundo plano: cultivo de la vida interior y, por eso, aplicación de los medios sobrenaturales. […]

Así comprenderán ustedes el modo en que actúan estos pequeños grupos de élite. Son creativos, son interiores y actúan interiorizando; y,

Tercero: nuestros grupos actúan conquistando el mundo. Sería una gran tragedia si esas pequeñas comunidades fueran autosuficientes. ¡No, no! ¡Conquistar el mundo! Hemos escuchado ya la frase que dice: la élite tiene que introducirse en la masa. No la élite por la élite, sino que la élite tiene que aspirar a la santidad en atención a los demás. El desborde de la vida divina puja entonces también por salir a la masa.

Con ello hemos perfilado brevemente la «segunda catacumba», que tenemos que construir con fuerza creciente si queremos seguir estando preparados para el futuro.

J. Kentenich, 1950, en Grundriss einer neuzeitlichen Erziehung, 230-240

 

viernes, 17 de mayo de 2024

PROMOVER LA VIDA

Promover la vida en una comunidad.

La vida que hay en mí debe pasar a través de la vida de todos aquellos […] por los que he de trabajar. Pero esa corriente de vida se alimenta a su vez por la vida de quienes están en mi comunidad. La corriente que parte de mí recoge la corriente que está en cada individuo. Y la corriente continúa de persona a persona, regresa nuevamente a mí y sigue circulando más y más. […]

Este debería ser, en sí, el sentido de nuestra educación a la comunidad: que realmente dejáramos circular una corriente de vida a través de nosotros y nos dejáramos llevar por ella, pero también que pudiésemos ayudar a crear la corriente de vida. […] La corriente que hay entre nosotros tiene que fluir, seguir fluyendo.

J. Kentenich, 1963, en Ein Durchblick in Texten, t. 5, 342

Las tensiones forman parte de la vida.

Donde verdaderamente reina la vida, hay constantes tensiones, hay una alternancia de pleamar y bajamar. Podrá ser también que, a veces, las olas echen espuma por encima de la orilla. Siempre ha sido así entre nosotros, y siempre seguirá siendo de ese modo.

Por eso hablamos no solamente de pedagogía de movimiento, sino también de pedagogía de confianza. La pedagogía de movimiento conduce por el camino del movimiento a fines claramente reconocidos. La pedagogía de confianza deja intencionalmente las riendas sueltas incluso cuando el oleaje se encrespa. Se apoya y confía no solamente en lo bueno que hay en el ser humano y en la ley de tensiones en la comunidad, sino también en la misericordiosa conducción de Dios. Por cierto, tiene constantemente a la vista la situación, pero se mantiene gustosa en segundo plano y solo interviene cuando resulta necesario y provechoso. […]

J. Kentenich, 1963, en Ein Durchblick in Texten, t. 5, 350

Gestión de conflictos, teoría de las crisis.

Ese es precisamente el fin de la pedagogía de movimiento: impulsar a decisiones a través de crisis surgidas espontáneamente o suscitadas intencionalmente. Muchas veces, tales «crisis» son tanto una expresión y como un medio para alcanzar la independencia de juicio, de vida y de acción.

El socialismo y el comunismo han incorporado cuidadosamente a su manera esta teoría de las crisis. Si no nos apropiamos lentamente de lo valioso que hay en ellas, estamos llevando a nuestros seguidores a los tiempos futuros sin que estén completamente pertrechados. Nuestro camino estará signado por ruinas.

J. Kentenich, 1963, en Ein Durchblick in Texten, t. 5, 352 s.

Percibir la vida.

Las jornadas que he dado no las di nunca a partir de mí mismo. Fueron siempre respuestas a problemas que, en parte, habían sido solucionados uno por uno en la dirección espiritual, en círculos más bien reducidos. […]

Lo que antes lo hacía uno solo, ustedes deberán hacerlo después como equipo. Preguntarse: ¿qué corrientes hay actualmente? Si no saben hacerlo o no lo hacen, pasado mañana tendrán aquí un grupo humano leñoso, pétreo.

J. Kentenich, 1963, en Ein Durchblick in Texten, t. 5, 345 s.

Conducir desde la vida.

Hemos crecido lentamente, y en cada momento las conferencias daban respuesta a la problemática que llevábamos en nosotros. […] El programa reza: no solo pedagogía a partir de la teoría, sino a partir del ser humano. Ya he dicho a menudo que tengo mucho espacio in mente, es decir, que debo mantener todas estas grandes verdades in mente. Pero lo que dejo gotear hacia fuera debo adaptarlo a los oyentes. Esta es la pieza de maestría del pedagogo, del educador, del maestro. Por supuesto, en ello reside el peligro de que nosotros mismos permanezcamos siempre abajo. Nosotros tenemos que crecer siempre hacia lo alto. Lo que dejo gotear hacia fuera debe ser adaptado. Eso es difícil.

J. Kentenich, 1963, en Ein Durchblick in Texten, t. 5, 337 s.

Dejar que la vida nos señale la dirección.

Podemos dejar que la vida nos señale la dirección, pero no debemos dejarnos desconcertar por la vida, sino reducir todo lo que ella dice a una gran idea.

J. Kentenich, 1963, en Ein Durchblick in Texten, t. 5, 357

 

viernes, 10 de mayo de 2024

TRANSMITIR EL FUEGO

Cuando el propio corazón se ha encendido hay que encender a otros: eso es ser apóstol.

Pentecostés nos da la fuerza para la misión


Nuestra mirada se detiene con mucho gusto en la consideración del cenáculo. […] En nuestros oídos y en nuestro corazón resuena el mandato: retiraos al cenáculo y esperad hasta que el Espíritu Santo venga desde lo alto. Él os dará la fuerza para salir al mundo y dar testimonio. (….) Así, cada vez que nos reunimos se renueva la situación de Pentecostés. (….)

Es así como nos envuelve el soplo del espíritu del cristianismo primitivo, pero también la misión del cristianismo primitivo: dar testimonio, salir al mundo a fin de dar testimonio de Cristo en todas partes donde tengamos ocasión de hacerlo, a fin de conducir el mundo de forma silenciosa y meditativa pero enérgica, valiente y exitosa hacia Dios, hacia Cristo.

Por eso nos alegramos. Y ahora queremos reflexionar juntos preguntándonos de dónde recibió el cristianismo primitivo sus elementales fuerzas para dar testimonio de Cristo. Pentecostés, el viento huracanado de Pentecostés, la gracia de Pentecostés vino sobre todos ellos. Pentecostés se ha renovado en nosotros y se renovará en nosotros constantemente.

 

J. Kentenich, 1934, en

einst ein heiliges, gesegnetes Land – Friedrichroda 2, 10-12

 

Ser testigos vivos

Por la profundidad de nuestra transformación ser los testigos vivos de Cristo. Si se me concede actuar en la educación, es preciso que me convierta en una maestra o un maestro ideal a través de la palabra y de la acción. En general es importante ser competentes en nuestra profesión. Nuestra Familia es un movimiento de educadores y de educación: todos tenemos que ser de alguna manera educadoras o educadores, cada uno en su lugar, cada uno en su modalidad.


Fracaso e ingratitud. ¿Qué hacer entonces?

 

Después, es posible que yo también me vea sorprendido por la tempestad de la persecución, del fracaso, de la ingratitud, del rechazo. La tempestad podrá tener esta o aquella forma: nuestra actividad apostólica, nuestro testimonio, nuestro trabajo, nuestro ser para Cristo tiene que enfrentar y enfrentará muchos impedimentos y dificultades. ¿No vemos también cómo el Salvador quiere documentarnos en la tempestad sobre el mar un símbolo de nuestras propias dificultades y persecuciones? ¿Cómo debemos comportarnos en todas esas dificultades? ¿Cómo hemos de darnos en nuestra actividad apostólica?

Si tenemos en plenitud el espíritu del cristianismo primitivo es preciso que tengamos presentes tres líneas: tenemos que fecundar nuestra acción a través del silencio, de la paciencia amorosa y de un profundo espíritu de oración.

 

 Acción a través del silencio

Cristo, cuyo modelo incide de forma transformadora en nuestra vida, guarda silencio. Una cierta serenidad interior reposa sobre él. […] En el cristianismo primitivo se afirma una y otra vez que se admiraban, que un santo estremecimiento atravesaba las masas cuando notaban que en el cristianismo primitivo actuaba una fuerza divina. Hay que sentirlo: Allí hay alguien que está sostenido por una fuerza divina. El silencio ayuda a conjurar la tempestad sobre el mar. […] Las personas que intervienen con liderazgo en la historia universal tendrán que educarse cada vez más a guardar un silencio grande y desinteresado.

Acción a través de la paciencia

Los que se encuentran en medio de la vida cotidiana pueden experimentar cada día más qué poca es la receptividad religiosa existente. Aunque aquí y allá algunas personas reciben más rápidamente las semillas ¡qué pronto se las ha llevado el viento! Tan grande nos parecerá entonces aquello en lo que creemos: que, a pesar de esta corriente enervante y centrífuga, tenemos la tarea de regalarle de nuevo al mundo el cristianismo. Para ello necesitamos una paciencia divina. Junto a la silenciosa soledad tienen que tener como equipamiento esencial para el pensar y actuar apostólicos esta incansable paciencia. Pero esa paciencia no podemos adquirirla si no nos sumergimos día tras día de nuevo en lo divino, si no nos incorporamos día tras día de nuevo a Cristo. ¡Qué paciencia tuvo que tener él con sus apóstoles! ¡Qué paciencia tiene que tener con nosotros! Esta paciencia divina tiene que ser el objeto esencial de nuestro equipamiento.

Acción a través de la oración

El espíritu de oración es unión a solas con Dios. Tenemos que sentirnos totalmente unidos con Dios. Sin este trato constante con Dios es impensable que podamos corresponder aunque solo sea en alguna medida a nuestra tarea en un tiempo tan difícil. Si Dios no lo hace todo a través de nosotros, si él no glorifica nuestra impotencia por su omnipotencia, si esa fuerza divina no es traída siempre de nuevo desde el cielo, entonces nuestra fe es imaginación. Nosotros no creemos ni confiamos en nuestras cualidades naturales: en ese caso, deberíamos rendir las armas. Si salimos al mundo con un audaz espíritu de fe a fin de realizar con profundidad nuestra tarea es porque creemos con sencillez que la omnipotencia de Dios es glorificada a través de nuestra impotencia. 

J. Kentenich, 1934, en

einst ein heiliges, gesegnetes Land – Friedrichroda 2, 32 ss.

  

viernes, 3 de mayo de 2024

DAR TESTIMONIO

Las familias de Milwaukee con las que el P. Kentenich se reunía regularmente los lunes por la tarde habían ofrecido una velada introductoria sobre la espiritualidad de Schoenstatt. El P. Kentenich habla al respecto al comienzo de su conferencia.

No sé si ya habrán reflexionado cómo fueron las cosas ayer por la tarde. ¿Están contentos consigo mismos? Verán, si se quiere formular un juicio sobre un acto de esa índole se pregunta, en primer lugar, a qué se aspiraba, qué se quería, cuál era el objetivo.

Aquello a lo que aspirábamos era un primer encuentro de los oyentes con Schoenstatt y, por eso, ustedes se habían predispuesto a dar simplemente un vistazo amplio y general sobre Schoenstatt, una panorámica. Está claro: tienen que presuponer que nadie lo ha comprendido por completo. Tampoco deberían esperar tal cosa. Todos y cada uno se llevaron consigo algo. (….)

O sea, el éxito para los oyentes estuvo bien. ¿En qué medida? Primero, recibieron un vistazo general. ¿Saben qué es aquello de lo que yo mismo más esperaba? De su valentía personal para profesar sus propias convicciones. Ustedes hicieron tal profesión. Antes les dije ya a menudo que el hombre actual reconoce una única Biblia: no la Biblia escrita, sino la Biblia vivida. Así fue también en su caso: ustedes profesaron vitalmente su convicción sobre Schoenstatt, y eso tiene hoy más efectos que sabe Dios qué discurso entusiasta.

           

Dejar abierto el «grifo del agua»

 

¿Y el éxito para ustedes? Primero, ustedes mismos aclararon sus pensamientos y su discurso; y, segundo, abrieron el “grifo del agua”. ¿Qué significa eso? Que, por iniciativa propia, superaron todas sus inhibiciones e intentaron expresar con palabras lo que interiormente consideran correcto.

Ahora solo tienen que procurar que el grifo no sea cerrado nuevamente. Esto fue (solamente) el comienzo. Fue solamente la “a” del abecedario. Y ahora tiene que seguir el resto de las letras, ¿no?

O sea, en resumen: pienso que estuvo bien así. Tienen que estar bien agradecidos, y eso especialmente en este tiempo, en que celebramos Pentecostés, o sea, en que el Espíritu Santo ha venido sobre nosotros. Ahora solo tienen que pensar cómo quieren continuar después.

 

Las decepciones forman parte del juego

 

Desde luego, han tenido decepciones: gente que habían invitado no acudió a la cita. ¡Yo invité a cinco matrimonios y no vino ninguno! Es así como debe ser. El pan de cada día tiene que ser la decepción. No tienen por qué tener sabe Dios cuánto éxito de inmediato. Es así: el hombre moderno, el hombre del trabajo, quiere ver siempre el éxito.

Pienso que con lo dicho, con ese éxito, deberíamos estar muy contentos. Quizá alguno tienen algo que preguntar. El Sr. Day dijo ya que no salió bien, que vio ojos apagados. Es que era un lenguaje extraño, ¿no? Si hubiesen hablado de política o de la creación de empleo, eso habría estado mejor.

Pienso que, por ese motivo, nosotros, por nuestra parte, deberíamos seguir trabajando de nuevo con valentía y empaparnos cada vez más profundamente de nuestro mundo.

 

J. Kentenich, 26 de mayo de 1958, en Am Montagabend, t. 9, 109 ss.

 

viernes, 26 de abril de 2024

TENEMOS UNA MISIÓN: Ideal de tarea

Hay que distinguir entre un ideal de personalidad y un ideal de tarea:

Ideal de personalidad

 A Dios le agradaría que mi corazón fuese más rico, que mi entendimiento fuese más claro. Allí está en primer plano mi personalidad. ¡Autosantificación!

Ideal de tarea

Allí está en primer plano mi tarea, la que Dios me ha dado. Dios me ha plasmado de este modo para una tarea que debo realizar y cumplir. Por IP (ideal personal) hemos de comprender ambas cosas. Esto es de gran importancia por la:

Interacción entre ambas

Reflexionen un poco sobre la interacción entre personalidad y tarea. Yo me educo para una tarea. Pero también soy educado a través de una tarea. En la mayoría de los casos, los adultos nos formamos más a través de tareas que de un trabajo directo sobre nuestra naturaleza. (…)

Por eso hemos de procurar tener grandes ideas, grandes tareas, grandes metas. Eso ayuda no solamente al ideal personal, sino que regula también de forma orgánica a la persona entera. Es un maestro en la educación aquel que sepa cuál de los dos ideales es el que hay que poner en primer plano. Unas veces hay que hacerlo con la tarea; después, nuevamente más con la personalidad del educando.

J. Kentenich, 1935-1936, en Der erlöste Mensch. Priesterexerzitien, 89


Ideal personal como ideal de tarea

¿Qué contenido tiene que tener mi ideal personal? (…)

Un cobijamiento personal

Tengo que estar cobijado personalmente en la persona de Dios. Fácilmente perdemos esto de vista. (…)


Cobijamiento en el plano de las ideas

De alguna manera, tiene que resonar un cobijamiento en el plano de las ideas. Tengo que estar cobijado en las cosas de Dios también en cuanto a los contenidos, sentirme en casa en el mundo vivo de las verdades y los valores de Dios.

Estando yo mismo en casa en el corazón de Dios puedo procurar que otras personas encuentren un hogar personal semejante. Estando yo mismo en casa en el mundo de los valores de Dios puedo procurar que otras personas tengan en el plano de las ideas un cobijamiento, un amor y un hogar semejantes. Allí mi ideal personal actúa e impulsa como tarea, ha pasado de ideal de personalidad a ideal de tarea. Así, mi ideal personal tiene que contener de alguna manera el amor a Dios, pero no es imprescindible que Dios esté en la formulación. Habido santos que tuvieron una vivencia tan profunda de las almas de l purgatorio o del ángel custodio que encontraron allí el trampolín para saltar hacia el mundo sobrenatural. En las palabras que ellos escogieron resonaba todo el mundo sobrenatural. Así, Dios no tiene por qué estar presente como expresión verbal en el ideal personal, pero sí resonar y escucharse vivencialmente.

J. Kentenich, 1936-1937, en

Der heroische Mensch. Priesterexerzitien, 53

 



viernes, 12 de abril de 2024

ESCUCHAR LA VOZ DE LA CONCIENCIA

Tengo que advertirles de que hoy en día muchísimas personas están psíquicamente y, por eso, también físicamente enfermas. ¿Saben por qué? Porque tienen muchas impresiones no digeridas y porque no pueden con su sentimiento de culpa. (…) Si de alguna manera no hemos seguido nuestra conciencia, entonces salta en nosotros una voz que nos reprocha, Es la voz de la conciencia. (….)

La mayoría de las personas reprimen esa voz. Y ¿cuál es la consecuencia? Si me permiten utilizar una imagen: es casi como si sobre el fondo de mi alma se depositara una capa peculiar. (….) Una capa aislante. Es algo que se pega a mi alma y que no puedo superar. Si no la arranco, Dios no puede llegar hasta mi alma. Y todo lo demás que hago durante el día se pega como capa aislante, pero no entra en el alma. Es decir: reprimo mi sentimiento de culpa y mi consciencia de culpa. Y la consecuencia es que Dios no llega hasta la sustancia de mi alma. (….)

 Comprenderán, pues, qué importante es el cultivo cuidadoso del sentimiento de culpa en nosotros. Hasta el fin de nuestra vida tenemos que luchar. No deben pensar que, estando en nuestro cuerpo mortal, podamos evitar toda falta y todo pecado: eso no es posible. Hasta el fin de la vida tenemos que luchar con la naturaleza. Y, mal que nos pese, hasta el fin de nuestra vida tenemos que contar con que, totalmente de improviso, nos vemos sorprendidos por algún ataque – sea desde fuera o desde dentro -, aun cuando nos hayamos hecho mayores y todas las pasiones comiencen ya a callar un poco.

¿Qué ha dicho el apóstol Pablo? “A los que aman a Dios todo les sirve para el bien” (Rom 8,28), incluso ese pecado. ¿Qué tengo que hacer, pues, para que me sirva para el bien?

 

No extrañarme

De todas las tentaciones y dificultades. […] Si me extraño, ¿qué significa? Eso demuestra que no conozco mi naturaleza. A lo sumo me extraño de que eso no sea aún peor. […]

No desconcertarme

[sino considerar evidente que los seres humanos somos capaces de todo.]

No desanimarme

[eso obstaculiza un nuevo comienzo].

No rendirme

[no afincarme en las debilidades].


A los que aman a Dios todo les sirve para el bien: también las pasiones excitadas. ¿Dónde reside aquí el bien? En estar desprendido de mí mismo y totalmente entregado a Dios. Entonces estaré por encima de todas las copas de los árboles. (….) Entonces seguiré siendo interiormente un hombre libre. Se me podrá arrebatar el honor, se me podrá privar de mi patrimonio – (que mi verdadero patrimonio es) ¡mi Dios y mi todo! – Entonces tendré una posición firme.

Ese es el mejor de los medios para preservarse de trastornos nerviosos y, cuando ya hay trastornos nerviosos, para superarlos con el tiempo.

 

J. Kentenich, 4 de junio de 1956, en Am Montagabend, t. 2, 276 ss.

  

viernes, 5 de abril de 2024

RENOVARSE PERIÓDICAMENTE

RENOVACIÓN ESPIRITUAL Y CONFESIÓN

Una «renovación espiritual» sirve para arrojar una mirada retrospectiva al mes pasado y hacer una prospectiva del mes siguiente, y constituye una reorientación de la vida y aspiraciones personales.

¿Cómo podemos procurar, como  schoenstattianos, que nuestra familia se convierta realmente en la fuente de la educación para nosotros y para nuestros hijos?

Desde luego, ahora tendrán que decir de nuevo: también necesitamos nosotros renovarnos. En otras agrupaciones de la Familia (de Schoenstatt) – en la que hay una aspiración especial – tenemos la costumbre de realizar mensualmente una suerte de renovación espiritual. ¿Qué significa eso? Que, por lo menos, una vez al mes nos reunimos en la familia y hacemos un examen de conciencia: ¿seguimos manteniendo todavía (….) lo que ahora hemos aprendido?

 

J. Kentenich, 4 de mayo de 1964, en

Am Montagabend, t. 30, 79

Repostaje mensual: la renovación espiritual

 

En la Familia de Schoenstatt existe muchas veces la costumbre de realizar cada mes una suerte de renovación espiritual, que hacemos solos: ustedes no necesitan contar con extensas pláticas. Es un día en el que se hace una retrospectiva: ¿qué he alcanzado, qué ha logrado la educación y qué tenemos que hacer en el próximo mes?

Si ustedes toman ahora en serio el living shrine (santuario vivo), yo podría imaginarme que se sentirán realmente impulsado a averiguar juntos, cada mes: ¿cómo están las cosas con esos objetivos de la educación? Es evidente que, entonces, notaremos pronto: yo no puedo educar a mis hijos a esos ideales si no aspiro yo mismo a ellos. (….) Ahora, si el papá y la mamá quieren hacer juntos una suerte de renovación espiritual, dependerá de que se digan, una y otra vez: ¿nos hemos convertido más y más, por ejemplo, en un reino de amor? Es decir, ¿es el amor el lazo que nos une a todos – el esposo y la esposa, los padres y los hijos -?

En segundo lugar, según sea: si podemos decir que hemos crecido, entonces tenemos que estar agradecidos; si tenemos que decir que todavía falta, entonces cabe preguntarse: ¿qué tenemos que hacer? La respuesta es: renovar la alianza de amor.

J. Kentenich, 13 de enero de 1964, en

Am Montagabend, t. 29, 209. 215

Si han reflexionado sobre todos […] los pensamientos, encontrarán que, en lo esencial, son tres los sentimientos que quieren mover y tocar el alma.

1.  En primer lugar, será probablemente el sentimiento de gratitud.

2.  En segundo lugar, puede ser el sentimiento de arrepentimiento. ¿Comprenden por qué arrepentimiento? Si reconocemos que habríamos podido hacer más, crecer más, crecer más profundamente.

3.  Y después, en tercer lugar, el propósito: el año [mes] próximo queremos esforzarnos aún más por realizar el plan de la Providencia divina en todas direcciones.

 

J. Kentenich, 30 de diciembre de 1963, en Am Montagabend, t. 29, 200