miércoles, 11 de enero de 2012

La crisis de los sexos (1)



(Nota previa: El texto que se reproduce en esta y en las próximas semanas en el BLOG es parte de una Jornada Pedagógica dirigida por el Padre Kentenich a sacerdotes y educadores en el año 1934. En el manuscrito “Das katholische Eheideal” = ‘El ideal católico del matrimonio’ publicado por el Padre Heinrich M. Hug en el año 1989, se incluye este texto para llamar la atención sobre el papel de la mujer y la importancia de su formación para la cultura de los tiempos más nuevos. El texto es parte de varias conferencias de esta Jornada Pedagógica.  El título alemán de la Jornada Pedagógica es: “Marianische Erziehung”. Hemos tomado la traducción al español del libro “Educación mariana para el hombre de hoy” – Colección Grandes Jornadas, publicado por la Editorial Patris de Buenos Aires, Argentina en el año 1990.

Observaciones:

1. La cita al “Partido” se refiere al partido nazi NSDAP, que fue el partido único en Alemania desde Julio de 1933.


2. La mención al Santo Padre se refiere a Pio XI y a su Encíclica “Casti connubi” del 31.12.1930


3. Aclaración sobre el término “bolchevismo” en este y en otros textos del Padre Kentenich: En sus predicciones sobre los tiempos venideros el Padre Kentenich muestra al colectivismo (= bolchevismo) con su visión de futuro: el colectivismo promociona y procura un nuevo orden social del mundo y de la humanidad, en donde se despersonaliza a Dios, al hombre y a la propia persona, creando un “impersonalismo” generalizado, o lo que es lo mismo, formando al “hombre masa” que vive sin vinculación alguna y que fomenta una forma de pensar mecanicista, “atomizada”, que impregna todo su estilo de vida.)
 

Conferencia del Padre Kentenich a sacerdotes y educadores en la Jornada Pedagógica del año 1934

DISPOSICION

v  Herejía antropológica moderna 
    Descripción de la vida actual
·         Crisis de vida manifestada en
a)      la crisis del matrimonio y la familia,
b)      la crisis bolchevique (ver “Observación” en Nota previa),
c)      la crisis de los sexos

v  Crisis del matrimonio y de la familia
(no se explica en esta conferencia por no estar incluido en la Jornada)

v  Crisis bolchevique
·         El bolchevismo persigue quitarle al hombre su libertad
·         Su ideal y meta: el hombre masa desligado en forma absoluta de todas las vinculaciones queridas por Dios
·         Herejía antropológica del bolchevismo: vaciar al hombre de su propio ser

v  Crisis de los sexos

Ø  Definición: confusión generalizada en la relación de los sexos entre sí

Ø  Reflexión histórica
§  ¿Ocaso de la era masculina?
§  Predominio del varón
§  La mujer se ha dejado arrastrar por el varón, ha hecho suya la manera de ser del varón
§  La cultura actual es una cultura masculina
§  “Mescolanza de los sexos” – Sus características:
-          Cada sexo se aleja de su esencia
-          Parcialización excesiva
-          Mezcla de ambos sexos

v  Teorías de la filosofía de la cultura

Ø  Teoría de la sucesión
-          La mujer se apropiará de la manera de ser del hombre con más fuerza que hasta ahora
-          La mujer volverá las armas contra el varón
-          El matriarcado sucederá al patriarcado
Aseguramos que esta teoría es errónea porque conocemos a la naturaleza humana

Ø  Teoría de la complementación
Decimos no a la teoría de la sucesión y afirmamos la teoría de la complementación
-          ¿Qué es la teoría de la complementación?
-          Dios creó ambos sexos para que formen una biunidad
-          El varón necesita complementación, y la mujer también

Ø  Aspecto psicológico-cultural
-          Superar la “mescolanza de los sexos”
-          Trabajar para conseguir que la naturaleza masculina y femenina maduren hacia una auténtica biunidad en la vida práctica y de acuerdo a su orden de ser

Ø  La Santísima Virgen la gran salvadora y redentora de la fuerte crisis de la vida



TEXTO DEL PADRE FUNDADOR

Primera parte


………..  La herejía antropológica incumbe directamente a la naturaleza humana. Intenta negar, afectar y atacar su esencia. Ni siquiera habría que decir que se cierne sobre el horizonte del futuro. ¡No! en gran medida ya estamos viviendo en medio de ella. Se ataca al ser del hombre. Se busca arruinar más y más la libertad del hombre, toda la estructura de la naturaleza humana, tal como la creó Dios, para que nosotros en el mundo civilizado desarrollemos con el tiempo una mentalidad de masa. …………………..

De esta manera nos hallamos ante una gran tarea. Ahora debo exponer en dos grandes lineamientos la herejía moderna en detalle y la acción que la santísima Virgen puede, quiere y debe desplegar en este sentido. O dicho con otras palabras: tengo que presentarles en primer lugar el ambiente moderno de la vida y luego la imagen de María que debe proyectarse en ese ambiente. Así tendremos una respuesta para todas las ideas que ya tratamos. La época actual tiene necesidad de una nueva imagen de María. Debemos procurar tentativamente la inserción de esta imagen de María moderna, y sin embargo tan antigua, en el ambiente de la vida de hoy.

1) Descripción del ambiente de la vida actual

¿Cómo es el ambiente de la vida de nuestra época? Se caracteriza por una muy profunda crisis de vida. En lugar de una crisis antropológica podemos hablar de una crisis de vida que se manifiesta en tres vertientes: crisis del matrimonio y de la familia, crisis bolchevique y, por último, la crisis de los sexos que actualmente se evidencia con creciente intensidad.

2) Crisis del matrimonio y la familia

Todos la conocemos. Todos sufrimos por ella. Pero no quiero incluirla en el estudio que realizamos en esta oportunidad. Los que siempre vienen aquí saben que en realidad la jornada de este año debería haber tenido como tema la crisis del matrimonio y de la familia. Además ya dicté en varias oportunidades el curso de pedagogía matrimonial. Pero si a pesar de todo volvemos una vez más al curso de pedagogía mariana, lo hacemos solamente porque desde aquí hemos proclamado a este año como año popular mariano y el curso mariano forma parte de ese año. Más tarde retomaremos la cuestión de cómo contribuir a paliar interiormente la crisis del matrimonio y de la familia que se nos presenta como la gran crisis de la época actual.

Deben integrar todos estos temas en el contexto orgánico. Es muy importante que nosotros, los jefes, tengamos siempre claras las ideas últimas, que actuemos en todo a partir de un único principio, que no nos dispersemos en acciones aisladas y que superemos así la crisis de vida. Valdría la pena mostrar como el Santo Padre apunta en todos y en cada uno de sus escritos a esta crisis de vida. Estos escritos quieren superar de raíz la crisis de hoy. De ahí su preocupación por que la religión se convierta cada vez más en vida. Otra razón por la cual la religión debe convertirse en vida: no es tanto el partido quien nos amedrenta, sino más bien la violencia, la brutalidad. Y a ésta sólo una vida vigorosa puede resistirla. La vida profunda en Dios y a partir de Dios debe ser entonces el objetivo de nuestra enseñanza, nuestra fuerte lucha y aspiración.

No quisiera hablar en esta jornada sobre la crisis de la familia. Por lo tanto no escucharán nada sobre el tema. De tal modo que sólo resta el estudio de la crisis bolchevique y de la crisis de los sexos.

3) La crisis bolchevique

Muy a menudo se malinterpreta al bolchevismo. Es erróneo pensar que el bolchevismo quiere crear sólo un nuevo orden económico. Va más lejos. Quiere crear un nuevo tipo de hombre. El bolchevismo no ha manifestado aún su fuerza creadora en toda su magnitud.
Su argumentación es la siguiente: "Hasta ahora la sociedad humana se construyó sobre la base de la libertad humana. ¿Y qué se logró con ello? Lo que se ve en la primera Guerra Mundial y sus secuelas. Si queremos remediar las penurias de la humanidad tenemos entonces que quitarle al hombre su libertad personal".

¿Qué ideal de educación podemos oponerle al hombre bolchevique? ¿Cuál es su ideal? El hombre masa, desligado, desde lo hondo y en forma absoluta, de todas las vinculaciones queridas por Dios. ¡Este es el nuevo tipo de hombre! Verán que ese nuevo tipo de hombre anda rondando por el mundo. El peligro de nuestra época es el bolchevismo y mientras vivamos no nos libraremos de este peligro.

En cierta ocasión se le recordó al Santo Padre todo lo que ya se había hecho para derrotar al bolchevismo. Y él opinó que no es cierto, que si bien se lo expulsó por ahora del ámbito público, sigue conspirando encubiertamente. Esto lo dijo hace seis meses.

El bolchevismo es el peligro del mundo actual, no sólo en los países de cultura europea sino también más allá de los mismos. ¡Escuchen lo que cuentan los misioneros! Tenemos que ver el gran peligro de la época para integrar así nuestras pequeñas reflexiones en estos grandes horizontes. Por eso hay que contemplar las cosas con claridad y actuar con valor y firmeza. El ideal del hombre bolchevique es el hombre masa, desligado, desde lo hondo y de manera radical, de todas las vinculaciones queridas por Dios. Por eso el hombre bolchevique es ateo, porque Dios es el protector de la libertad personal. El hombre bolchevique no debe reconocer a ningún Dios para evitar así que la personalidad del hombre sea protegida. El año pasado hablé detalladamente sobre el tema. Ténganlo presente, sólo basta con llevarse esta idea central a casa. Ya ven qué características ofrece el hombre bolchevique. La herejía antropológica consiste entonces en vaciar absolutamente, y hasta lo último, el ser del hombre. Porque al hombre se le quita lo esencial, la libertad personal, la libertad fundamentada por Dios. He aquí pues uno de los grandes peligros de la época actual.

4) Crisis de los sexos

Descripción más exacta de esta crisis: definición

El segundo peligro es la crisis de los sexos. No queremos hablar de la crisis del matrimonio y de la familia sino sólo de la crisis de los sexos. No deben confundirla con la crisis sexual. La crisis de los sexos es la confusión que se ha originado en la relación de los sexos entre sí. La confusión que ha surgido a causa de la inseguridad sobre la esencia de los sexos.

Cuando la crisis de los sexos alcanza un determinado grado, desemboca en una crisis sexual. Pero desde el punto de vista formal existe una diferencia entre ambas.

Es mi intención presentarles en corto tiempo muchas ideas. En la medida en que el tiempo nos alcance, permítanme presentarles rápidamente esta crisis de los sexos. Lo haré desde el punto de vista de la historia, de la filosofía de la cultura y de la psicología. De esa manera les pintaré el ambiente de la vida actual para que a partir de la próxima conferencia podamos intentar el trazado de una nueva imagen de María dentro de ese ambiente.

Reflexión histórica

Ustedes saben que en amplísimos círculos y ambientes de nuestra cultura actual existe una fuerte atmósfera apocalíptica. Se teme, se presiente y se intuye continuamente aquello de la "Decadencia de Occidente". No son pocos los círculos que atribuyen tal fenómeno a lo que nosotros llamamos "crisis de los sexos". Hay también un libro de Eberz titulado "Aurora y ocaso de la era masculina". ¿En qué ideas se basan este libro y otras corrientes similares? Se parte de la idea: "Es cierto, las edades que se pueden fijar históricamente se caracterizan por un predominio del varón". Pero luego se cree estar facultado para afirmar que habría existido una edad prehistórica, la del matriarcado. Una edad cuya existencia no está aún fehacientemente demostrada por la historia pero en la cual la mujer tenía la batuta y el hombre debía obedecer. 
¿Qué hay de cierto en ello? No lo sé. Pero hay algo que puede ser cierto, tal como se puede comprobar: también hoy existen entre los pueblos aquellos que se dedican más a la agricultura o a la ganadería y en los que puede darse tales tipos de predominio. Entre los pueblos nómadas el derecho del varón es extremadamente fuerte. Es comprensible que en este último caso el varón ocupe más el primer plano, mientras que allí donde se cultiva la tierra sea la mujer quien cobre importancia. Pero esta influencia de las mujeres sin embargo constituye un desplazamiento no esencial, sino más bien accidental de su rol.

Hoy se procura demostrar entonces que la época actual se caracteriza por el predominio del hombre. El varón ha hecho valer en demasía su manera de ser, ha exagerado todo hasta el extremo. De ahí que lo racional y lo egoísta en el hombre se hayan desarrollado de tal modo que en él lo racional se ha convertido en un intelecto que corrompe todo, y lo egoísta en egolatría. (Algunos sonríen, creen que esto sólo vale para los casados).

Esta situación se hace tanto más peligrosa debido a que esa intelectualización y egolatría del varón y de la cultura de hoy se han concentrado en el campo de la ciencia y en un estado que hasta ahora no ha sido orgánico sino mecanicista. Más peligroso aún para la cultura actual es que también la mujer se haya dejado arrastrar por el varón. En lugar de hacer valer en la cultura los rasgos inherentes de su ser, la mujer hizo suya esa manera de ser exagerada del varón y lucha por ella como por un ideal. ¿Cuál será el resultado? La cultura actual —lo afirmo en oposición a aquellos que dicen que es una cultura femenina— es efectivamente una cultura masculina.

A causa de esa exageración de la manera de ser del varón y del hecho de que las mujeres imitan a los varones en su manera de ser, la relación de los sexos entre sí puede caracterizarse en la situación de hoy con el término "mescolanza de sexos". ¿Qué significa esto? Tres realidades. En primer lugar: cada sexo se aleja de su esencia. En segundo lugar, la parcialización: por un lado se le quitó a la mujer su naturaleza erótica, y por otro, el varón cultivó con tanta exclusividad el rasgo individualista de su ser que acabó en una exageración total. En tercer y último lugar, la mezcla de ambos sexos.

Tienen que ver estas cosas con claridad, precisamente porque esta mescolanza de sexos constituye un caldo de cultivo para muchas cosas. Si queremos crear el hombre del futuro debemos contribuir a solucionar la crisis de los sexos. No es correcto que hoy la mujer aspire a tenerla misma manera de ser que el varón. Puede haber igualdad en la valoración pero no en la manera de ser. De este modo hemos examinado la crisis de los sexos desde el punto de vista histórico.


(Continuará la próxima semana con las "Teorías de la filosofía de la cultura")
   

miércoles, 4 de enero de 2012

El ideal católico del matrimonio (6)


(Ver Nota previa del miércoles 21 de diciembre de 2011)

LA FAMILIA DE NAZARET - LA FAMILIA SCHOENSTATTIANA


Conferencia del Padre Kentenich a la juventud femenina de Schoenstatt en la tarde del día 11 de agosto de 1936 en Schoenstatt


Capítulo 3º



DISPOSICIÓN

II.  La Sagrada Familia – la imagen más excelsa de la comunidad de vida divina 
     - Imagen del Padre – San José 
     - el niño – el Hijo 
     -  el exponente del Espíritu Santo – la Madre de Dios 
                                        *  bondadosa en el pensar y en el juzgar
                                       *  sirviendo abnegadamente
                                       *  respetuosa ante cada vida ajena

III. La Sagrada Familia – la imagen más excelsa de una comunidad de vida eclesial
                   -  Cristo en el centro
                   -  principio paternal en el hombre
                   -  principio maternal en la mujer

Epílogo

- Consagración a María, en el sentido del ideal de generación
- Realización del ideal de generación – a través de santas familias schoenstattianas, islas de familias
- A partir de pequeñas semillas llegar a ser un jardín paradisíaco; portadores santos del reino de Schoenstatt:
        - en el estado de vida virginal
        - en el matrimonio


TEXTO DEL PADRE FUNDADOR

II.

Por segunda vez miro a la Sagrada Familia, y la comparo esta vez con la unión de vida que existe en el seno de la Santísima Trinidad. La Sagrada Familia es la imagen más perfecta de la unión de vida existente en el seno de la Trinidad. ¿Por qué digo esto? Ustedes saben con qué calidez suelo hablar de la virginidad. Pero ahora saben también de mi entusiasmo por el ideal de una familia schoenstattiana. Ni a mí ni a ustedes les corresponde definir el llamado para uno u otro ideal, la forma cómo quieren vivir y anunciar a Schoenstat. Eso lo ha decidido Dios. Hay que ser consecuentes. Si Dios nos llama a fundar una familia debemos aplicar el mismo idealismo que tenemos ahora, cuando rezamos, nos sacrificamos y aspiramos a lo más alto. Por eso hablamos de lo grande y hermoso que hay en el ideal de familia. Y en este contexto afirmamos que la Sagrada familia es la imagen más perfecta de la unión vital que reina en la Santísima Trinidad.

Los que por su edad estén en disposición de meditar verdades más profundas, pueden reflexionar cómo será la vida que hay en el seno de la Santísima Trinidad. Y ¿no es la Sagrada Familia una imagen fiel de esta vida de la Trinidad?

1. ¿Quién es el reflejo del  P a d r e? San José. En realidad sería muy enriquecedor detenerse en San José y verlo como transparente vivo del Padre Celestial. No nos vendría mal conocer mejor sus cualidades. ¿No es cierto que aquel que desea sellar una alianza matrimonial, deberá ser capaz de imitar a San José? Si la Sagrada Familia es imagen de la Santísima Trinidad, mi familia schoenstattiana deberá tornarse también imagen de la Santísima Trinidad. Por lo tanto debo analizar bien, si el varón, el futuro padre de mis hijos, será capaz de cumplir su papel de padre como lo hizo San José.

2. Encontramos también al  H i j o. Es el Unigénito, el Verbo Encarnado, imagen perfecta para todos y para todo. Hablando del Hijo, recordamos que el centro de nuestra familia schoenstattiana debe ser el niño, el hijo. A ese hijo se dirige ya desde ahora todo mi amor y mi preocupación. Desde ahora me educo corporal y espiritualmente, a través de un cultivo sano y de un amor dispuesto para el sacrificio, para ser mañana para mi hijo todo lo que él necesita de mí. También mi hijo debe ser una imagen del Niño Dios. Yo debo ser una “otra María”, mi esposo, el padre de mis hijos, un “otro San José”, y mi hijo, un “otro Cristo”. Estos son, pues, ideales muy altos.

3. En el seno de la Santísima Trinidad también se encuentra el   E s p í r i t u       S a n t o. ¿Quién es en la Sagrada Familia la imagen del Espíritu Santo? ¿Quién lo será en la familia schoenstattiana? En la Sagrada Familia es María el exponente del Espíritu Santo. Ella es la encarnación del amor divino, es el corazón de la pequeña familia. ¿Me estoy capacitando para ser un día reflejo del Espíritu Santo en mi familia? ¿Me preparo para poder “alimentar” a toda la familia, no solamente a un hijo sino a más de uno, con la riqueza de mi amor maternal? Debo educarme para esta tarea, preocuparme de aprender a pensar y a juzgar con gran bondad. Debo preparar mi corazón para que se haga un corazón de madre. Para esto preciso cultivar la riqueza de mis sentimientos. Debo aprender a servir desinteresadamente. Si no lo hago, no podré reflejar al Espíritu Santo como lo hizo la Virgen. Debo prepararme para asumir los sacrificios más grandes con gran abnegación, teniendo al mismo tiempo el mayor respeto posible ante la vida que va surgiendo y desarrollándose. ¿Qué puedo hacer entre tanto para ser reflejo de María, y así, reflejo del Espíritu Santo? Ahora tengo que aprender:
- primero, a pensar y juzgar bondadosamente
- segundo, a servir abnegadamente allí adonde se brinde la oportunidad,
- tercero, a practicar el respeto ante cada vida ajena.

Quizá sea este ideal de familia schoenstattiana algo demasiado alto. Pero todos nosotros sabemos que si el ideal y la realidad se separan, debemos justamente orientar todo y en todo momento hacia el ideal. Si ahora tenemos ya el ideal ante nuestros ojos y nos formamos para acercarnos a él, sabemos que el hombre crece asumiendo su ideal. Hay que tener claro el ideal y empeñar en él todas las fuerzas. No se debería jugar porque en ese caso no estaremos preparados suficientemente, cuando llegue el momento previsto.


III.


En Nazaret tenemos la imagen original más radiante de la comunidad eclesial. Vemos a la familia como la imagen ejemplar y original de la comunidad eclesial. La pequeña Sagrada Familia forma parte de la Iglesia. En la Iglesia se encuentra en el centro el Salvador, tal como en la familia de Nazaret. Al igual que en aquella, encontramos también aquí el elemento masculino y el femenino. El elemento femenino en la Iglesia, como en la Sagrada Familia, es la Madre de Dios. Es el misterio de la maternidad de la Iglesia. El elemento varonil en la Iglesia es el sacerdocio. El sacerdocio lo ejercen el Santo Padre, los sacerdotes, pero también los laicos, que participan del sacerdocio general de los fieles. La Madre de Dios es mi imagen original de cómo debo ser en el matrimonio.

¿Qué puedo hacer ahora para ser más adelante esa madre – física o espiritual – capaz de gestar y educar maternalmente a los hijos? Lo dejo a la reflexión personal de cada una. Esta noche se consagrarán algunas de ustedes a la Virgen. Háganlo con la calidez e intimidad con que muchas otras personas lo hicieron ya anteriormente, convencidas de que se trata de una decisión muy importante en toda vida. ¿No queremos acaso consagrarnos todas a María, unas más, otras menos, bajo el prisma que acabamos de señalar? Me refiero a todas, hayamos elegido la virginidad o el matrimonio para nuestro futuro. Nuestro gran ideal de generación, “Todo, hasta lo último, para Schoenstatt …”, debe tener también este contenido que toque no solo nuestra mente sino nuestra vida y nuestro corazón. “Todo, hasta la último, por Schoenstatt …”, mi pensar y querer, mi oración y sacrificios son un vivo capital de gracias. Schoenstatt será fuente de vida para la Iglesia joven, si forma y prepara familias schoenstattianas y construye “islas de hogares” católicos.

En la historia de la Familia de Schoenstatt siempre fue así: se sembraron las pequeñas semillas que fructificaron y forjaron un gran espacio, una parcela del jardín paradisíaco. En nuestro Reino de Schoenstatt no debe haber solamente personas virginales; también queremos que haya paraísos de familias santas, donde los hijos y las hijas de Schoenstatt que están llamados por Dios al matrimonio, aspiren en la alianza de amor matrimonial a ascender así en común hacia las alturas, hacia Dios.

Que la Santísima Virgen las bendiga y conduzca para que todas lleguen a ser grandes personas, cada una según su vocación: si es su vocación la virginal, entonces vírgenes santas, si es la de esposas y madres, entonces madres y esposas santas.
  

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El ideal católico del matrimonio (5)


(Ver Nota previa del miércoles 21 de diciembre de 2011)

LA FAMILIA DE NAZARET - LA FAMILIA SCHOENSTATTIANA


Conferencia del Padre Kentenich a la juventud femenina de Schoenstatt en la tarde del día 11 de agosto de 1936 en Schoenstatt


Capítulo 2º

DISPOSICIÓN

El ideal de familia en Schoenstatt – La Sagrada Familia de Nazaret
I.                    La Sagrada Familia – la imagen ideal de una comunidad de familia schoenstattiana
1.       en su constitución
2.       en sus componentes:
   a.       personalidades autónomas
   b.      personalidades discretas – con su misterio personal
3.      en su vida en común: comunidad de vida, de tareas y (sobre todo) de sacrificios


TEXTO DEL PADRE FUNDADOR

La Sagrada Familia debe ser, en primer lugar, el ideal de una familia schoenstattiana. La vemos, en segundo lugar, como la imagen más radiante de la unión que reina en la vida divina intratrinitaria. Y en tercer lugar la concebimos como la imagen radiante de la vida de una comunidad eclesial.

Lo dicho parece un poco teórico. Lo que se quiere afirmar es bien sencillo. El primer pensamiento es fácilmente comprensible: La Sagrada Familia es la imagen ideal de una familia schoenstattiana y de la comunidad natural que constituye esa familia. Veamos algunas connotaciones de esta afirmación.

1. La Sagrada Familia es un ideal y es una familia santa ya en su constitución o fundación. ¿Cómo fue constituida la Sagrada Familia? María y José eran puros cuando contrajeron matrimonio y se conservaron castos durante el mismo. La familia schoenstattiana ideal debe conservar siempre la castidad matrimonial. 
¿No podría ser un verdadero orgullo schoenstattiano acercarse al altar con el velo blanco y la corona de flores en la cabeza, símbolos y expresiones de una juventud que se conserva pura e intacta? ¿No podría ser un verdadero orgullo schoenstattiano poder llevar al altar un amor virginal, fundamento posterior para el amor conyugal? También los que estamos llamados a una vida virginal reconocemos la importancia de este hecho, que la familia schoenstattiana sea fundada sobre la base de un amor puro e intacto. Si ustedes pudieran comprender cómo experimentamos los sacerdotes esta realidad, les sería más fácil captar también el peso de estas palabras.

También en la vida debe reinar una atmósfera de pureza, de castidad, como en la Sagrada Familia. Conocemos no solamente la pureza virginal, sino también la pureza conyugal. En el matrimonio la pureza tiene, en cuanto a las formas, sus propias leyes. “Serva lilium” – saludo a los lirios: es la inscripción de un antiguo escudo. Vuelvo a mirar a la Sagrada Familia. Su constitución fue ideal porque fue fundada en intacta pureza. “Serva lilium”. También nosotros queremos conservar puras nuestras azucenas, cada una según su vocación; la que está llamada a la virginidad, de forma virginal; quien debe formar un matrimonio, ahora en forma virginal y luego, en la castidad matrimonial.

2. La Sagrada Familia es también santa y es un ideal debido a los miembros, es decir, a las personalidades que la constituyen. ¿Quiénes pertenecen a la Sagrada Familia? El Redentor, la querida Madre de Dios y un hombre sencillo y fiel, San José. Las tres fueron personalidades santas. ¿Qué entendemos por una personalidad santa como portadores de la Sagrada familia? Destaco sobre todo dos aspectos:
a. ellos eran personalidades autónomas y
b. personalidades discretas, con su misterio personal.

a. Ustedes ya escucharon en el pasado que no puede existir una auténtica comunidad que no esté formada por personalidades originales, fuertes y autónomas. Veámoslo en la Sagrada familia: ellos son naturales, vigorosos y autónomos. Son tan originales, que cada una representa una individualidad única. No hay nadie que se asemeje así en esta originalidad. El Redentor es singular, único. No hay alguien como Él: es el Dios hecho hombre. María es también alguien peculiar debido a su Inmaculada Concepción. Y San José también es una personalidad original y única, autónomo. Las tres personas de la Sagrada Familia son ideales por su santidad y por su personalidad autónoma y única.

Si ustedes contraen más tarde matrimonio, jamás deben olvidarse que aún cuando se tenga una tendencia muy grande a la entrega de amor, es preciso saber preservarse con esmero – ya desde el tiempo de la juventud. No solamente entregarme sino conservar y preservar mi individualidad. ¡Ser fuerte, autónoma, una personalidad! Cuántas veces escuchamos ya en Schoenstatt que debemos ser personalidades recias. Que debemos cultivar el núcleo de nuestra personalidad, aquello que expresamos con el ideal personal, y en virtud del cual orientamos nuestra educación. No piensen que se pueden dedicar ahora a jugar, y que más tarde podrán cumplir la tarea como madre, como madre tranquila y reservada. Ya desde ahora debemos aprender a dominar la vida. Cuán grande es saber que delante de mí tengo el ideal de familia, y que según él me voy educando, ya desde hoy, para lograr después ser una piedra preciosa que ayudará a construir el edificio de una familia schoenstattiana santa.

b. Mencioné una segunda cualidad de las personalidades que hicieron grande a la Sagrada Familia: los tres supieron conservar su misterio personal. Cada uno de ellos tenía su secreto. Cada joven debe abrigar un misterio. Si no conservo en lo más hondo de mi alma, de mi corazón, un misterio, he perdido algo de lo más precioso de mi ser femenino. Me he vaciado y no tengo más profundidad. María tuvo su gran secreto que ni siquiera reveló a San José. José quiso repudiarla, separarse de ella. Pero ella no renunció a su secreto. En su profundidad inconmensurable conservó todas las palabras en su corazón; cuidó del misterio que llevaba en su seno, convencida de que Dios quería que así lo hiciera. Confió que Dios se lo revelaría a San José. Y Dios así lo hizo. También Cristo tuvo su misterio, que supo conservar. No jugó con ello. Recuerden la escena cuando se separó de su padre y de su madre, de sus familiares. Entonces afirma con gran autoconciencia sobrenatural: “¿No sabíais que debo estar en las cosas de mi Padre?” (Luc 2,49)

¡Cómo brilla este ideal! Para poder ser más adelante un apoyo en mi familia, quiero educarme desde ahora al silencio y a la autonomía. También las que son llamadas a la vida virginal no deben pensar que el ideal del matrimonio no es algo grande o que no incluye grandes exigencias. Por cierto que si conciben el matrimonio y la familia como un juego o una búsqueda permanente de placer, entonces no podrán hablar de un matrimonio schoenstattiano o de una familia ideal. Tal imagen no sería capaz de ser fuente de vida para la Iglesia joven. Un matrimonio ideal es hoy día algo tan grande, y se va haciendo tan raro, que realmente debemos rezar para que Dios llame a muchas personas que vivan el matrimonio ideal dentro de Schoenstatt. Esto no significa que rebajemos el valor de la virginidad. Ambos ideales son grandes y Dios los puso a ambos en el seno de la Iglesia. Cada uno debe recorrer autónomamente su camino de vida. Pero hoy quiero destacar el ideal del matrimonio, para que no piensen que en la Familia de Schoenstatt solo se proclama el ideal de la virginidad. Toda vocación, también la vocación al matrimonio y a la maternidad tienen cabida dentro de nuestras filas.

3. La Sagrada Familia es un ideal debido a su constitución, a la santidad de sus miembros y, en tercer lugar, por la vida común que llevaron. Cuando regresen a sus casas, piensen alguna vez: ¿cómo era la convivencia en la Sagrada Familia? ¿No fueron madre, padre e hijo? ¿No formaron acaso una íntima comunidad de vida, de tareas y de sacrificios? ¡Profunda comunidad de sacrificio! Quiero acentuar en esta tarde este pensamiento. No preciso mostrarlo en la persona de San José, si bien quizá les gustaría escuchar más del padre adoptivo de Jesús. Debido a que hablo a futuras madres, queremos considerar más el reflejo de la imagen de nuestra querida Virgen María.

¡Qué íntima fue la comunidad de sacrificios de María con su Hijo! Pronunció su “fiat” y con ello su “sí” a todos los sacrificios que tenía que ofrecer a causa de su hijo. “Tu alma será traspasada por una espada de dolor”, y esto por su Hijo, que será causa de división para muchos en Israel. Su vida está vinculada a la vida de su Hijo. Al pié de la cruz está íntimamente vinculada con El en una verdadera comunidad de sacrificio. También vivió vinculada a San José.

No queremos malinterpretar el ideal de la familia schoenstattiana. Piensen en sus familias, piensen en la Familia de Schoenstatt, como la han experimentado en sus ramas y comunidades. Sabemos que no hay vida familiar ni comunitaria sin sacrificios. La mesa familiar es una mesa de sacrificios, esto ya lo conocemos. Si se concibe la mesa familiar como una mesa de placeres, entonces no podrán forjar nunca una familia schoenstattiana. Sobre todo hoy día, quien desee fundar una familia, debe aportar una inmensa cuota en disposición y capacidad de sacrificio. Esto es el calor del hogar que lleva al amor generoso y que sabe soportarse mutuamente. Este amor capaz de aguantar, de soportar, será a la larga lo más difícil. No lo olviden: si más adelante quieren vivificar la familia schoenstattiana, deben educarse para poder soportar las debilidades del esposo y de los hijos.

Vemos a la Virgen como la fuente de vida de la Iglesia joven. Lo quiere ser desde aquí. Nosotros bebemos de esta fuente (el Santuario de Schoenstatt); ella nos intercede las gracias para que quienes fueron llamadas a ser madres de familia, puedan aprender a encarnar realmente los ideales planteados.


(Continuará la semana próxima)

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El ideal católico del matrimonio (4)


LA FAMILIA DE NAZARET - LA FAMILIA SCHOENSTATTIANA

(Nota previa: El texto que se reproduce en esta y en las próximas dos semanas recoge la traducción de una conferencia que pronunció el Padre Kentenich ante un grupo numeroso de la Juventud Femenina en la tarde del día 11 de agosto de 1936 en Schoenstatt. La meta principal del Padre Fundador era mostrar caminos para la educación de las jóvenes en la responsabilidad y el amor. Para ello presenta a la Familia de Nazaret como fuente de inspiración para aquellos que quieren fundar una familia schoenstattiana ideal. Tiene gran valor también para todas las familias del Movimiento, en especial para aquellas que tienen la misión de encarnar en sus vidas este ideal y de mostrarlo a los demás de forma atractiva y convincente. El texto en alemán se puede leer en la colección de textos sobre el ideal católico del matrimonio que el Padre Heinrich M. Hug publicó en 1989: “Das Katholische Eheideal, eine Textsammlung”. La traducción está tomada del manuscrito publicado por el Instituto de Familias de Schoenstatt para su uso interno.)
    

Conferencia del Padre Kentenich a la juventud femenina de Schoenstatt en la tarde del día 11 de agosto de 1936 en Schoenstatt


Capítulo 1º

DISPOSICIÓN

Introducción

Nuestro ideal de generación:
“Todo, hasta lo último, por Schoenstatt, fuente de vida para la Iglesia joven” 
- aspiración por encarnar la “persona heroica” 
- así, “fuente de vida” para la Iglesia joven

Vinculación entre el ideal de generación y el ideal de familia schoenstattiana: 
- Voces del tiempo 
-Voces del propio corazón 
-Voces de la historia de nuestra Familia de Schoenstatt

Responsabilidad de todos para que existan familias schoenstattianas ideales 
- de aquellos que están llamados a la vida virginal 
- de los que están llamados al matrimonio: ya en la juventud trabajar por esta meta.

Enunciado de las tres reflexiones sobre la Familia de Nazaret



TEXTO DEL PADRE FUNDADOR

La Historia Sagrada nos narra sobre los tres Reyes Magos que fueron conducidos en el Oriente por una estrella. También nosotros encontramos una estrella: Quizá pueda ser nuestro ideal personal o el ideal de nuestra generación: “Todo, hasta lo último, por Schoenstatt, fuente de vida para la Iglesia joven”.

Es probable que nos suceda lo mismo que les sucedió a los Magos. Mientras ellos veían la estrella, estaban seguros del camino. Cuando se escondió su luz, no supieron cómo seguir adelante.

¿No tuvimos experiencias semejantes con nuestro ideal de generación? Lo que se halla en consonancia con nuestro ideal: “Todo, hasta lo último, por Schoenstatt, fuente de vida para la Iglesia joven”, nos hizo interiormente libres, alegres, grandes y fuertes. Lo que no se conectó con el ideal, lo que no pudimos relacionarlo con él, seguramente no nos motivó ni nos entusiasmó.

Si bien no lo sé expresamente, supongo sin embargo, que también el objetivo de estos días lo han incorporado al ideal: ser una personalidad heroica, para llegar a ser una fuente de vida para la Iglesia joven. Es fácil comprender la correlación que hay en esto. Si me esfuerzo por acceder al ideal de una personalidad heroica, tendré que hacer sacrificios, abundantes y bien grandes sacrificios. Los haré con mucha alegría y de este modo me transformaré en una personalidad heroica, y los ofreceré como capital de gracias. De esa forma aportaré a que la Iglesia joven se alimente y fortifique. También pudo afirmar que si este ideal conforma todo mi ser, ayudaré – por el ejemplo – a que se despierten en muchas jóvenes, aquellas de mi edad con las que convivo, muchas cosas buenas.

Seguramente ustedes encontraron aún otras y más destacadas relaciones entre el tema de la jornada y el ideal de nuestra generación. No me extrañaría que un ideal así, tan polifacético, haya encontrado una variada e importante acogida en ustedes. No pocas de ustedes habrán intentado relacionar el ideal de generación con el ideal de familia que surge poco a poco en el horizonte de sus vidas. Ya habrán conversado, soñado y meditado, a menudo y en común, cómo debería ser una familia schoenstattiana. “Todo, hasta lo último, por Schoenstatt”. Debemos mantener en alto este ideal, de lo contrario perderemos el vínculo interior que nos sostiene. ¿Cómo se compagina el ideal de una familia schoenstattiana, según nuestro modo de pensar y de sentir, con el ideal de la generación?

Primero quisiera constatar que es comprensible que a muchas de ustedes el ideal de familia, aún más, el ideal de familia schoenstattiana, esté ante sus ojos como meta ardientemente deseada. Bastaría para eso estudiar el lenguaje de la historia de Schoenstatt e interpretarlo adecuadamente. Es un lenguaje con tres connotaciones el que nos habla en forma diáfana del ideal de una familia schoenstattiana.

La voz del tiempo. Si nos reconocemos como hijos de Schoenstatt, si hemos consagrado todas nuestras fuerzas juveniles a Schoenstatt y hemos entretanto crecido, habremos hecho bastantes y profundas observaciones que nos permite poder asegurar con bastante claridad: si Europa quiere hoy permanecer cristiana, o volver a ser cristiana, entonces debemos concentrar todas nuestras fuerzas para formar familias según el ideal católico, para crear por todas partes “islas de familias ideales”.

Recordemos cómo las instituciones se han ido degradando con el tiempo. Sin embargo afirmamos que hay una institución que permanece porque fue fundada directamente por el mismo Dios basada en el derecho natural y en el derecho positivo divino. Es la familia. La familia no puede ni debe ser suprimida. La familia es la célula básica de la sociedad humana. Eso no lo sabemos sólo con el entendimiento, sino porque lo hemos experimentado siempre en la vida. Si deseamos que la vida pública vuelva a ser cristiana, debemos aplicar todos los medios a nuestro alcance para que nuestras familias vuelvan a ser cristianas y santas. Y si hoy en día se hace tanto hincapié en la familia y el matrimonio, y se subraya que la misión de la mujer es dar hijos a la patria (nota del traductor: esta charla fue dada en pleno apogeo del nacionalsocialismo en Alemania), nosotros lo entendemos así: se trata no de la familia en general sino de la familia ideal, de la familia schoenstattiana. Por eso comprendemos a aquellos que, percibiendo las voces de los tiempos, comienzan a ocuparse del ideal de la familia.

A esto se agrega una segunda voz, que es muy fuerte y comprensible: la voz del propio corazón. El Buen Dios hizo nuestro corazón para amar. En general estamos en la tierra para formar una familia, para fundarla y darle espíritu. Por lo tanto es lo más normal que en una cierta etapa de la vida nuestro corazón se incline fuertemente hacia el ideal de una familia, hacia el ideal de una familia schoenstattiana.

¿No relacionamos, al mismo tiempo, con estas voces del tiempo y del corazón, la voz de la historia del Movimiento? ¡La historia de ayer y la historia de hoy! Quizá no sepan ustedes que ya desde el comienzo todo el Movimiento de Schoenstatt tenía ante sus ojos al ideal de una familia schoenstattiana. Fue en el año 1916, cuando hice imprimir en unas tarjetas tres versos breves. Uno de ellos es muy conocido.  Fueron tres motivaciones o tres oraciones cortas que querían expresar profundamente el sentido de nuestras aspiraciones por el ideal der ser familia. “Madre Tres Veces Admirable, enséñanos a combatir …………” (Ver Libro de oraciones HACIA EL PADRE, pág. 211). Se trata de un ideal, de una idea directriz, que hasta hoy nos animó siempre de nuevo en la Familia de Schoenstatt, y que nos condujo hacia arriba. También a nosotros nos anima este pensamiento. Estamos aquí para eso, para luchar valientemente por un amor profundo, íntimo y orgánico a María.

Había otra oración corta para la juventud universitaria:

     “En el corazón, llamas ardientes,
     se consumen los hijos de las musas
     verdaderamente por lo grande y fuerte
     que los hace héroes:
     Por eso, sé para ellos Madre, Señora y Hogar,
     y envíales jefes que los conduzcan
     hacia la Palabra Divina.”

La tercera oración es, mi querida juventud schoenstattiana, la que realmente toca el nervio de aquellos que anhelan formar una familia ideal y schoenstattiana. La conocen, pero probablemente nunca la interpretaron en este sentido: “Madre, con tu Hijo Divino, desciende a los caminos de nuestra patria ……….” (Ver HACIA EL PADRE, pág. 211). Mediten alguna vez cómo en esta oración se halla el ideal de la familia schoenstattiana. ¿Saben ustedes por qué compuse estas oraciones y las sembré en el alma de nuestros jóvenes, de aquellos que deseaban ser sacerdotes? Lo hice para mostrar el ideal de familia.

“Madre, con tu Divino Hijo …….”. Aquí está ante nosotros la Madre de Dios, como madre de familia. Que descienda como madre de familia a los caminos de la patria, y ayude a que tengamos sanas familias. No solamente madre e hijo, sino madre e hijo unidos en el amor. Unidos, así deben recorrer los caminos de la patria. La patria debe encontrar – reencontrar – a Cristo en los brazos de su Madre. Pero en las palabras: “Madre e hijo unidos en el amor”, resuena también la idea de la madre de familia y del amor al hijo en la familia natural.

“Madre e Hijo unidos en el amor”. Quizá les extrañe que haya compuesto esta oración corta para jóvenes que querían ser sacerdotes. Como en tantas otras ocasiones, desde los comienzos vimos y expresamos claramente la meta que más tarde se fue perfilando. Por eso piensen que las voces de la historia de Schoenstatt hablan bien claramente del gran ideal de la familia schoenstattiana. Son las voces de la historia pasada y del presente.

Ustedes saben cuántas familias schoenstattianas han sellado su matrimonio en nuestro pequeño Santuario (se refiere el Santuario original) en los últimos años. Son aquellos jóvenes y aquellas jóvenes que vienen de la juventud schoenstattiana, y desean sellar aquí en nuestro pequeño Santuario  su alianza matrimonial para toda la vida, y poder fundar auténticas familias schoenstattianas.  Ya se habrán dado cuenta también que hay siempre más y más familias que en su casa tienen como símbolo exterior un cuadro de la imagen de Schoenstatt, parecido a un rincón religioso, un rincón schoenstattiano en su hogar, en donde cantan y rezan oraciones schoenstattianas. El dicho conocido: “A la sombra del Santuario se codecidirán los destinos de la Iglesia en los próximos siglos”, tendrá su pleno vigor recién, si nos resulta formar tales “islas de familias”, tales familias schoenstattianas.

“Schoenstatt es mi mundo, mi mundo debe hacerse Schoenstatt”. Así como es Schoenstatt, así debe ser mi familia. En Schoenstatt está el Santuario, hay cantos y oraciones, y sobre todo está el espíritu schoenstattiano.

¿No es inoportuno hablar así en público de la familia schoenstattiana? ¿No habrá entre ustedes muchas que piensen haber recibido de Dios el llamado a vivir virginalmente? Sin duda que hay muchas con esta vocación. Pero, ¿no debemos justamente aportar todas para que se realice el gran ideal de la familia schoenstattiana? ¿No creen que como juventud de Schoenstatt aportaremos con esto esencialmente, a que el Movimiento sea fuente de vida de la Iglesia joven? Es posible que lo logremos si cada uno, a su modo, aporta en algo para el nacimiento y crecimiento, para la conformación de un ideal de vida familiar y schoenstattiana.

Este desafío vale también para las que eligen como vocación la vida virginal. Sí, hoy en día debemos apreciar mucho este gran don de la virginidad, pues por todas partes hay muchos ataques contra la vida virginal. Si Dios me llamó a vivir en el estado virginal, debo vivir una vida de sacrificios, y así colaborar para el crecimiento de familias schoenstattianas santas. Puedo ofrecer mi capital de gracias a Dios y a la Virgen María para que ellos formen y hagan crecer muchas familias schoenstattianas ideales. Todas las que se sienten impulsadas interiormente a la virginidad no deben perder nunca de vista esta misión.

Pero hay entre ustedes otras que tienen la vocación de sellar la alianza matrimonial, dándole su mano al varón ideal y ayudar directamente a formar una familia schoenstattiana ideal. No sé, por tanto, a quien debo dirigirme en este momento, si a las primeras o a las segundas. Opto por las últimas, pero deseo estimular a todas a que aporten en la formación y creación de la vida de familia schoenstattiana ideal.

Lo que nunca estuvo en nuestros sueños juveniles, lo que no nos entusiasmó en la juventud, tampoco lo realizaremos en la rutina de la vida diaria. Quizá el ideal de la familia schoenstattiana no iluminó hasta ahora suficientemente nuestra vida.  ¿Cómo mostrarles esta familia ideal? Tal vez relacionándolo con la frase “Madre, con tu Divino Hijo …..” Quizá ustedes puedan desde ahora rezarla más a menudo: “Desciende a los caminos de nuestra patria”. ¿A qué se refieren estas pequeñas oraciones? A la Familia de Nazaret. Debemos detenernos un poco aquí: en Nazaret y en la Sagrada Familia.

A continuación les desarrollaré tres pensamientos. La Sagrada Familia - Ustedes saben que nuestro Santuario no es solamente un Tabor, sino también nuestro Nazaret. Allí encontramos todo lo que nos mueve. Nuestro Nazaret, o sea el reflejo de la Familia de Nazaret. ¿De qué se trata? ¿Cómo es y qué significado tiene? 

La Sagrada Familia debe ser, en primer lugar, el ideal de una familia schoenstattiana. La vemos, en segundo lugar, como la imagen más radiante de la unión que reina en la vida divina intratrinitaria. Y en tercer lugar, la concebimos como la imagen radiante de la vida de una comunidad eclesial.



(Continuará la semana que viene)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El ideal católico del matrimonio (3)


PEDAGOGÍA MARIANA DEL MATRIMONIO

(Ver nota previa del miércoles 30 de noviembre de 2011)


Capítulo 4º

DISPOSICIÓN

-  ¿Cómo llegar a la valoración necesaria del ideal del matrimonio? Necesidad de una educación religiosa y moral integral.
- Valoración no sólo en el orden natural, sino en el orden sobrenatural: necesidad de captar, comprender, vivir y realizar el matrimonio como sacramento. Vivir una destacada intimidad con Cristo, como miembros de su Cuerpo.
- ¿Cómo propagar esta valoración?:
1. Trabajar en la explicación del ideal del matrimonio (Confesionario, parroquias, grupos, movimiento, etc.)
2. Procurar una educación mariana integral:
- la educación mariana crea la atmósfera adecuada
- la educación mariana fortalece la receptividad del alma
- la educación mariana ilustra el ideal y ayuda a ponerlo en práctica
¡Porque educación mariana supone y trae consigo una vinculación a María!
- Para vivir el ideal católico del matrimonio se necesita la gracia divina. ¡Quien dice María, dice gracia!


TEXTO DEL FUNDADOR

¿Cómo podemos adquirir la visión y alta valoración del matrimonio según el orden natural y la voluntad de Dios? La valoración o estimación abarca más que el mero conocimiento. Significa vibrar con entusiasmo por este ideal. El único camino que conduce a ese fin es la educación consecuente de la persona como personalidad religiosa-moral de alto valor. Sólo aquel que tenga un gran amor a Dios, se inclinará en forma humilde, entusiasta y respetuosa ante las leyes del matrimonio. Si no amo profundamente a Dios, no podré abrazar la voluntad divina expresada ya sea en los mandamientos o en el orden de la creación.

No nos engañemos: si queremos superar la crisis del matrimonio en forma efectiva, solamente lo podremos lograr a través de la educación de personalidades éticas de alto valor. En este contexto debemos tener en cuenta que la pedagogía del matrimonio deberá contemplarse siempre en el marco y en el organismo de una educación integral. Todo lo que realicemos en el plano educativo en cualquier fase de la vida, debe estar orientado a la pedagogía matrimonial. Con ello estamos considerando a la pedagogía del matrimonio como la flor escogida y perfecta de una pedagogía integral católica perfecta. Dentro de esta pedagogía matrimonial será de una importancia decisiva que consigamos una alta valoración del ideal del matrimonio. Sin esa alta valoración será imposible motivar a las personas a realizarlo, y de esta forma hacer que el orden del ser se convierta en orden de vida.

Si esta exigencia es aplicable en la consideración del matrimonio en el plano del orden natural, cuanto más lo será si vemos al matrimonio en el orden sobrenatural. Por ello, si realmente queremos conducir a los esposos y a la familia hacia las alturas de ese nivel, debemos luchar por un elevado espíritu de fe. Quien capte, comprenda, viva y realice el matrimonio como sacramento desde el punto de vista de la fe, deberá haber llegado a una destacada intimidad con Cristo; debe poseer una profunda comprensión de su realidad membral, del Cuerpo místico de Cristo. Hacia esas alturas deben acceder los matrimonios y familias, si deseamos que se produzca una verdadera renovación. Quien no tenga una profunda comprensión de la realidad sobrenatural, del mundo de la gracia, especialmente de la realidad de nuestro carácter membral, no captará en lo más mínimo el último y más profundo sentido del matrimonio cristiano. Esto vale para los esposos, especialmente para aquellos que están activos en la pedagogía matrimonial, y finalmente y también para los sacerdotes.

El matrimonio natural ha sido incorporado en todo su ser, en su estructura ontológica, al nuevo orden real sobrenatural, dado que fue elevado por Cristo a la categoría de sacramento. Es así como ha sido situado de forma peculiar en el mundo y orden de ser sobrenatural. No hay que interpretarlo como si al matrimonio se le hubiese agregado algo a su realidad del orden natural; no, se ha producido algo mucho más excelso: todo el matrimonio en su orden natural ha sido elevado en su totalidad al orden de la gracia.

¿Cómo podemos despertar y propagar la alta valoración del ideal matrimonial en nuestra sociedad?

1. El primer imperativo dice: trabaja para que haya una profunda y clara explicación del ideal católico del matrimonio. En este contexto debemos esforzarnos para formar un nuevo movimiento matrimonial católico. A propósito, los sacerdotes deberán reflexionar lo que pueden hacer al respecto en el confesionario, en sus homilías, en las reuniones de grupo o ante toda la asamblea parroquial. Será bueno también el consejo personal. En todos los casos es necesario por supuesto tener tacto, respeto y un conocimiento seguro. Sea como fuere, debemos levantar el nivel de nuestro pueblo, deben surgir de nuevo dirigentes que estén dispuestos a entregarse por el ideal católico del matrimonio y que esparzan la buena semilla de una enseñanza correcta.

2. El segundo imperativo: procura que exista una profunda educación mariana integral. El hombre mariano posee una receptividad natural para los grandes ideales del matrimonio. Educando al pueblo en forma mariana, bastará con proclamar en determinadas oportunidades las grandes verdades sobre el ideal católico del matrimonio, y las mismas se convertirán en un complejo de valores, debido a la disposición que se da a través de la educación mariana. 
En concreto podemos decir que:
- la educación mariana crea la atmósfera natural y sobrenatural necesaria para la asimilación del ideal católico del matrimonio;
- la educación mariana crea y fortalece la receptividad del alma o la receptividad subjetiva para la tarea del ideal católico del matrimonio;
 - la educación mariana constituye una enseñanza ilustrativa extraordinaria sobre el ideal católico del matrimonio, y ayuda a ponerlo en práctica de forma original.    

¿Por qué todo esto? El núcleo de la educación mariana lo constituye la vinculación mariana. La vinculación filial a la Madre de Dios no sólo satisface la necesidad humana de cobijamiento, sino que produce un doble efecto: nos lleva ideológicamente e instintivamente a una actitud mariana, o sea, a una actitud esencialmente cristiana, y proporciona aquello que es imprescindible para vivir y aspirar al ideal católico del matrimonio: la gracia divina. Pues quien dice María, dice gracia.

(Se puede ampliar información con la lectura del curso completo  “Pedagogía Mariana del Matrimonio” del Padre José Kentenich,  Editorial Schoenstatt, Santiago de Chile)
      

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El ideal católico del matrimonio (2)



PEDAGOGÍA MARIANA DEL MATRIMONIO

(Ver nota previa del miércoles, 30 de noviembre de 2011)

Capítulo 3º

DISPOSICIÓN

El instinto sexual: su sentido y finalidad
-          Sentido natural: fuerza inmanente y tendencia al otro sexo; unión amorosa y transmisión de la vida
-          En la estructura del ser humano se da una bisexualidad corporal y espiritual. “…… hombre y mujer los creó (Gén, 1,27)”
-          El instinto sexual  es importante:
·         para el individuo: necesidad y capacidad de complementación entre el hombre y la mujer. // A la luz del orden divino y natural, en el amor matrimonial pleno se da la vivencia de unidad, y con ello el ser humano perfecto.
·         para la comunidad: supervivencia del género humano
-          Sólo en el ser humano el acto que se deriva del instinto sexual es un acto ético: si se ejecuta el acto, se debe asumir todo lo que trae consigo dicho acto
-          A pesar de las debilidades, no desviarse del orden de ser y del orden natural.


TEXTO DEL FUNDADOR

¿Cuál es el sentido  y la finalidad del instinto sexual en el orden natural? También podría preguntar: ¿Cómo es el ideal del matrimonio desde el punto de vista puramente natural? Mientras que en la segunda pregunta se refleja más el fin en su pleno y claro desarrollo, en la primera se trata de reconocer su finalidad y el ideal con toda nitidez. Al investigar el instinto sexual, debemos tener presente que no se trata de un ámbito vital cualquiera del hombre, sino que se trata por el contrario de un ámbito vital muy destacado. El instinto sexual es el instinto más poderoso y elemental de la naturaleza humana, mucho más fuerte que el instinto de conservación y el instinto de actividad. Por este motivo se desprende que este instinto tiene también un marcado sentido natural, que además tiene que ser  de alguna forma reconocible y que puede conocerse realmente con claridad. En las siguientes reflexiones queremos esforzarnos por acceder a esa claridad. En primer lugar plantearemos cuatro verdades y sacaremos después algunas consecuencias al respecto.

1.       En primer lugar repetimos la cuestión ya planteada: ¿Cuál es el sentido natural del instinto sexual? La respuesta es: El sentido natural del instinto sexual está en la fuerza inmanente y en la tendencia hacia el otro sexo. En otras palabras: el objeto contenido de forma germinal en el instinto sexual,  y consecuentemente el sentido del instinto,  es directamente la unión amorosa con el otro cónyuge y la consecuente transmisión de la célula germinal, e indirectamente la descendencia. Si esta aseveración está clara en todas sus relaciones, llegaremos fácilmente a la interpretación correcta.

2.        En segundo lugar nos preguntamos por el motivo de este sentido natural. La respuesta la encontramos en el rasgo de la bisexualidad que posee la estructura del ser humano, o mejor dicho: en la bisexualidad corporal y espiritual que se encuentra en la estructura del ser humano. Si nos observamos a nosotros mismos o a los demás, encontraremos en la persona humana no sólo una diferencia corporal de los dos sexos, sino también una diferencia espiritual de los mismos. Si abrimos la Sagrada Escritura encontraremos la maravillosa frase: Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, hombre y mujer los creó (Gén 1,27). Esta es otra forma de expresión de la bisexualidad.

3.       En tercer lugar queremos mostrar el significado del instinto sexual, que es inmensamente grande tanto para el individuo como para las comunidades humanas y para toda la sociedad humana. ¿Qué significa el instinto sexual para el individuo? Dios ha creado al ser humano como hombre y mujer. Ambos son seres humanos y no obstante son, en su expresión humana, distintos y opuestos espiritual y corporalmente; por eso dependientes el uno del otro tanto en la necesidad de complementación como en la capacidad de complementación.  Dios no quiso encarnar la idea del ser humano en un solo tipo, sino que creó dos modos para representarlo.  La idea completa del ser humano está encarnada por lo tanto en el hombre y en la mujer. En su totalidad representan una unidad. Por lo tanto, el varón no es de por sí la plena realización de la idea del ser humano, ni tampoco la mujer. Ambos fueron pensados y creados por Dios para que constituyeran una biunidad. Nosotros tenemos una indicación a la biunidad querida por Dios en las siguientes palabras de la Sagrada Escritura: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gen 2,18)

Por ello la comunidad matrimonial no puede ser concebida como un círculo con un solo punto central, sino como una especie de elipse que tiene dos focos. El hombre y la mujer deben encarnar una posición de autoridad: el hombre a través de su dominio en el orden y en el mando y la mujer a través del dominio del corazón y del amor. La naturaleza de la persona humana ha sido conformada por Dios de tal forma que los dos sexos tengan el instinto de complementación corporal y espiritual. ¡Y qué importancia tan elemental tiene este instinto! En él una persona se entrega a otra de un modo singular como principio de complementación, en la conciencia y vivencia de que ella misma haya su complementación en el hecho de la entrega y complementación del otro. La unión de amor matrimonial constituye por eso una experiencia única y enriquecedora en el dar y recibir. A la luz del orden divino y natural, esta vivencia es tan profunda, debido a que se produce la vivencia de unidad. El ser humano perfecto se da en la unión de las cualidades activas y pasivas, del ser masculino y del ser femenino.
Ahora comprendemos que lo que dice la Sagrada Escritura en Gén 2,24 es evidente: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer”. Nos encontramos aquí con el sentido natural del instinto, que representa una fuerza de amor única en su profundidad y en su envergadura.

¿Y cuál es el significado del instinto sexual para la comunidad? La relación de los hombres, en general, se convierte en relación afectiva sólo por el instinto sexual entendido como necesidad y capacidad de complementación física y psíquica. Si las personas no se sintieran atraídas de esta forma, fácilmente estarían mutuamente en oposición debido a un egoísmo  extremo. El significado del instinto sexual para el género humano es obvio sin mayor explicación. Sin el sentido natural del instinto sexual, sin la tendencia a la transmisión de la célula germinal y la descendencia, no habría supervivencia del género humano. Este estaría condenado a la desaparición. Dios ha querido que la continuidad del género humano esté asegurada a través del instinto sexual.

4.      Veamos en cuarto lugar la modalidad original del acto humano en el instinto sexual. Lo más importante que se debe decir, es que sólo en el ser humano el acto que se deriva del instinto sexual es un acto ético. Esto quiere decir: cuando la persona realiza el acto sexual, puede y debe hacerse sólo con la conciencia plena de la responsabilidad que encierra, con todas las consecuencias inherentes y propias del mismo acto. ¿Cuál es el componente voluntario del acto sexual? Es el acto de unión amorosa, física y espiritual, y todo lo que directa o indirectamente lleva a ello. Sin embargo las consecuencias escapan al dominio de la voluntad.

Aquí tenemos el pensamiento central que debemos interiorizar: si yo realizo el acto sexual, debo y quiero dar un sí a todo lo que se deriva de la naturaleza del acto. Recordemos, por de pronto, cómo actúa la naturaleza en la unión amorosa. Sabemos que las células germinales masculinas acceden en virtud de un acto reflejo en los órganos femeninos. Allí buscan en virtud de un movimiento inmanente la fusión con el óvulo femenino. Si se produce esta fusión, Dios crea e infunde el alma a ese nuevo ser, gestándose así una nueva persona, una nueva imagen de Dios. Completado el acto, se da un fenómeno natural  que debe seguir su camino y cuyo desarrollo no debe ser interrumpido. Toda interrupción sería un acto contra la naturaleza. Lo que no le está permitido a la persona. Repito el pensamiento y lo hago en esta ocasión de otra forma: ¿Qué es el acto sexual y todo aquello que conduce al mismo? Es un acto parcial en una secuencia de actos, un elemento de una unidad orgánica objetivamente mayor. Quien ejecuta el acto parcial, si quiere actuar moralmente, debe asumir todo lo que trae consigo dicho acto: transmisión de las células germinales y la procreación. No es correcto querer y ejecutar solamente un acto parcial y desvincularlo de la totalidad a la que pertenece según la naturaleza y con ello según la voluntad de Dios. El acto sexual humano es solamente un acto moral, si se ejecuta en la conciencia de que se trata de un acto parcial que no debe ser separado del fenómeno natural al que pertenece. Si alguien dice sí solamente al acto separado de sus consecuencias, nos encontramos objetivamente ante un pecado.

Debemos estar aferrados a estos principios. Esto supone: nosotros debemos permanecer firmemente anclados en el fundamento del orden de ser y del orden natural, y no dejar apartarnos del mismo por ningún motivo. Naturalmente: en la práctica todos somos personas débiles. Sin embargo, por muchas infracciones que se den en la práctica contra el orden de ser, nunca nos motivarán a desplazarnos de esa vía. Cualquier alteración en el orden natural, desencadena la venganza de la naturaleza.


(Continuará con Capítulo 4º)