miércoles, 21 de diciembre de 2011

El ideal católico del matrimonio (4)


LA FAMILIA DE NAZARET - LA FAMILIA SCHOENSTATTIANA

(Nota previa: El texto que se reproduce en esta y en las próximas dos semanas recoge la traducción de una conferencia que pronunció el Padre Kentenich ante un grupo numeroso de la Juventud Femenina en la tarde del día 11 de agosto de 1936 en Schoenstatt. La meta principal del Padre Fundador era mostrar caminos para la educación de las jóvenes en la responsabilidad y el amor. Para ello presenta a la Familia de Nazaret como fuente de inspiración para aquellos que quieren fundar una familia schoenstattiana ideal. Tiene gran valor también para todas las familias del Movimiento, en especial para aquellas que tienen la misión de encarnar en sus vidas este ideal y de mostrarlo a los demás de forma atractiva y convincente. El texto en alemán se puede leer en la colección de textos sobre el ideal católico del matrimonio que el Padre Heinrich M. Hug publicó en 1989: “Das Katholische Eheideal, eine Textsammlung”. La traducción está tomada del manuscrito publicado por el Instituto de Familias de Schoenstatt para su uso interno.)
    

Conferencia del Padre Kentenich a la juventud femenina de Schoenstatt en la tarde del día 11 de agosto de 1936 en Schoenstatt


Capítulo 1º

DISPOSICIÓN

Introducción

Nuestro ideal de generación:
“Todo, hasta lo último, por Schoenstatt, fuente de vida para la Iglesia joven” 
- aspiración por encarnar la “persona heroica” 
- así, “fuente de vida” para la Iglesia joven

Vinculación entre el ideal de generación y el ideal de familia schoenstattiana: 
- Voces del tiempo 
-Voces del propio corazón 
-Voces de la historia de nuestra Familia de Schoenstatt

Responsabilidad de todos para que existan familias schoenstattianas ideales 
de aquellos que están llamados a la vida virginal 
de los que están llamados al matrimonio: ya en la juventud trabajar por esta meta.

Enunciado de las tres reflexiones sobre la Familia de Nazaret



TEXTO DEL PADRE FUNDADOR

La Historia Sagrada nos narra sobre los tres Reyes Magos que fueron conducidos en el Oriente por una estrella. También nosotros encontramos una estrella: Quizá pueda ser nuestro ideal personal o el ideal de nuestra generación: “Todo, hasta lo último, por Schoenstatt, fuente de vida para la Iglesia joven”.

Es probable que nos suceda lo mismo que les sucedió a los Magos. Mientras ellos veían la estrella, estaban seguros del camino. Cuando se escondió su luz, no supieron cómo seguir adelante.

¿No tuvimos experiencias semejantes con nuestro ideal de generación? Lo que se halla en consonancia con nuestro ideal: “Todo, hasta lo último, por Schoenstatt, fuente de vida para la Iglesia joven”, nos hizo interiormente libres, alegres, grandes y fuertes. Lo que no se conectó con el ideal, lo que no pudimos relacionarlo con él, seguramente no nos motivó ni nos entusiasmó.

Si bien no lo sé expresamente, supongo sin embargo, que también el objetivo de estos días lo han incorporado al ideal: ser una personalidad heroica, para llegar a ser una fuente de vida para la Iglesia joven. Es fácil comprender la correlación que hay en esto. Si me esfuerzo por acceder al ideal de una personalidad heroica, tendré que hacer sacrificios, abundantes y bien grandes sacrificios. Los haré con mucha alegría y de este modo me transformaré en una personalidad heroica, y los ofreceré como capital de gracias. De esa forma aportaré a que la Iglesia joven se alimente y fortifique. También pudo afirmar que si este ideal conforma todo mi ser, ayudaré – por el ejemplo – a que se despierten en muchas jóvenes, aquellas de mi edad con las que convivo, muchas cosas buenas.

Seguramente ustedes encontraron aún otras y más destacadas relaciones entre el tema de la jornada y el ideal de nuestra generación. No me extrañaría que un ideal así, tan polifacético, haya encontrado una variada e importante acogida en ustedes. No pocas de ustedes habrán intentado relacionar el ideal de generación con el ideal de familia que surge poco a poco en el horizonte de sus vidas. Ya habrán conversado, soñado y meditado, a menudo y en común, cómo debería ser una familia schoenstattiana. “Todo, hasta lo último, por Schoenstatt”. Debemos mantener en alto este ideal, de lo contrario perderemos el vínculo interior que nos sostiene. ¿Cómo se compagina el ideal de una familia schoenstattiana, según nuestro modo de pensar y de sentir, con el ideal de la generación?

Primero quisiera constatar que es comprensible que a muchas de ustedes el ideal de familia, aún más, el ideal de familia schoenstattiana, esté ante sus ojos como meta ardientemente deseada. Bastaría para eso estudiar el lenguaje de la historia de Schoenstatt e interpretarlo adecuadamente. Es un lenguaje con tres connotaciones el que nos habla en forma diáfana del ideal de una familia schoenstattiana.

La voz del tiempo. Si nos reconocemos como hijos de Schoenstatt, si hemos consagrado todas nuestras fuerzas juveniles a Schoenstatt y hemos entretanto crecido, habremos hecho bastantes y profundas observaciones que nos permite poder asegurar con bastante claridad: si Europa quiere hoy permanecer cristiana, o volver a ser cristiana, entonces debemos concentrar todas nuestras fuerzas para formar familias según el ideal católico, para crear por todas partes “islas de familias ideales”.

Recordemos cómo las instituciones se han ido degradando con el tiempo. Sin embargo afirmamos que hay una institución que permanece porque fue fundada directamente por el mismo Dios basada en el derecho natural y en el derecho positivo divino. Es la familia. La familia no puede ni debe ser suprimida. La familia es la célula básica de la sociedad humana. Eso no lo sabemos sólo con el entendimiento, sino porque lo hemos experimentado siempre en la vida. Si deseamos que la vida pública vuelva a ser cristiana, debemos aplicar todos los medios a nuestro alcance para que nuestras familias vuelvan a ser cristianas y santas. Y si hoy en día se hace tanto hincapié en la familia y el matrimonio, y se subraya que la misión de la mujer es dar hijos a la patria (nota del traductor: esta charla fue dada en pleno apogeo del nacionalsocialismo en Alemania), nosotros lo entendemos así: se trata no de la familia en general sino de la familia ideal, de la familia schoenstattiana. Por eso comprendemos a aquellos que, percibiendo las voces de los tiempos, comienzan a ocuparse del ideal de la familia.

A esto se agrega una segunda voz, que es muy fuerte y comprensible: la voz del propio corazón. El Buen Dios hizo nuestro corazón para amar. En general estamos en la tierra para formar una familia, para fundarla y darle espíritu. Por lo tanto es lo más normal que en una cierta etapa de la vida nuestro corazón se incline fuertemente hacia el ideal de una familia, hacia el ideal de una familia schoenstattiana.

¿No relacionamos, al mismo tiempo, con estas voces del tiempo y del corazón, la voz de la historia del Movimiento? ¡La historia de ayer y la historia de hoy! Quizá no sepan ustedes que ya desde el comienzo todo el Movimiento de Schoenstatt tenía ante sus ojos al ideal de una familia schoenstattiana. Fue en el año 1916, cuando hice imprimir en unas tarjetas tres versos breves. Uno de ellos es muy conocido.  Fueron tres motivaciones o tres oraciones cortas que querían expresar profundamente el sentido de nuestras aspiraciones por el ideal der ser familia. “Madre Tres Veces Admirable, enséñanos a combatir …………” (Ver Libro de oraciones HACIA EL PADRE, pág. 211). Se trata de un ideal, de una idea directriz, que hasta hoy nos animó siempre de nuevo en la Familia de Schoenstatt, y que nos condujo hacia arriba. También a nosotros nos anima este pensamiento. Estamos aquí para eso, para luchar valientemente por un amor profundo, íntimo y orgánico a María.

Había otra oración corta para la juventud universitaria:

     “En el corazón, llamas ardientes,
     se consumen los hijos de las musas
     verdaderamente por lo grande y fuerte
     que los hace héroes:
     Por eso, sé para ellos Madre, Señora y Hogar,
     y envíales jefes que los conduzcan
     hacia la Palabra Divina.”

La tercera oración es, mi querida juventud schoenstattiana, la que realmente toca el nervio de aquellos que anhelan formar una familia ideal y schoenstattiana. La conocen, pero probablemente nunca la interpretaron en este sentido: “Madre, con tu Hijo Divino, desciende a los caminos de nuestra patria ……….” (Ver HACIA EL PADRE, pág. 211). Mediten alguna vez cómo en esta oración se halla el ideal de la familia schoenstattiana. ¿Saben ustedes por qué compuse estas oraciones y las sembré en el alma de nuestros jóvenes, de aquellos que deseaban ser sacerdotes? Lo hice para mostrar el ideal de familia.

“Madre, con tu Divino Hijo …….”. Aquí está ante nosotros la Madre de Dios, como madre de familia. Que descienda como madre de familia a los caminos de la patria, y ayude a que tengamos sanas familias. No solamente madre e hijo, sino madre e hijo unidos en el amor. Unidos, así deben recorrer los caminos de la patria. La patria debe encontrar – reencontrar – a Cristo en los brazos de su Madre. Pero en las palabras: “Madre e hijo unidos en el amor”, resuena también la idea de la madre de familia y del amor al hijo en la familia natural.

“Madre e Hijo unidos en el amor”. Quizá les extrañe que haya compuesto esta oración corta para jóvenes que querían ser sacerdotes. Como en tantas otras ocasiones, desde los comienzos vimos y expresamos claramente la meta que más tarde se fue perfilando. Por eso piensen que las voces de la historia de Schoenstatt hablan bien claramente del gran ideal de la familia schoenstattiana. Son las voces de la historia pasada y del presente.

Ustedes saben cuántas familias schoenstattianas han sellado su matrimonio en nuestro pequeño Santuario (se refiere el Santuario original) en los últimos años. Son aquellos jóvenes y aquellas jóvenes que vienen de la juventud schoenstattiana, y desean sellar aquí en nuestro pequeño Santuario  su alianza matrimonial para toda la vida, y poder fundar auténticas familias schoenstattianas.  Ya se habrán dado cuenta también que hay siempre más y más familias que en su casa tienen como símbolo exterior un cuadro de la imagen de Schoenstatt, parecido a un rincón religioso, un rincón schoenstattiano en su hogar, en donde cantan y rezan oraciones schoenstattianas. El dicho conocido: “A la sombra del Santuario se codecidirán los destinos de la Iglesia en los próximos siglos”, tendrá su pleno vigor recién, si nos resulta formar tales “islas de familias”, tales familias schoenstattianas.

“Schoenstatt es mi mundo, mi mundo debe hacerse Schoenstatt”. Así como es Schoenstatt, así debe ser mi familia. En Schoenstatt está el Santuario, hay cantos y oraciones, y sobre todo está el espíritu schoenstattiano.

¿No es inoportuno hablar así en público de la familia schoenstattiana? ¿No habrá entre ustedes muchas que piensen haber recibido de Dios el llamado a vivir virginalmente? Sin duda que hay muchas con esta vocación. Pero, ¿no debemos justamente aportar todas para que se realice el gran ideal de la familia schoenstattiana? ¿No creen que como juventud de Schoenstatt aportaremos con esto esencialmente, a que el Movimiento sea fuente de vida de la Iglesia joven? Es posible que lo logremos si cada uno, a su modo, aporta en algo para el nacimiento y crecimiento, para la conformación de un ideal de vida familiar y schoenstattiana.

Este desafío vale también para las que eligen como vocación la vida virginal. Sí, hoy en día debemos apreciar mucho este gran don de la virginidad, pues por todas partes hay muchos ataques contra la vida virginal. Si Dios me llamó a vivir en el estado virginal, debo vivir una vida de sacrificios, y así colaborar para el crecimiento de familias schoenstattianas santas. Puedo ofrecer mi capital de gracias a Dios y a la Virgen María para que ellos formen y hagan crecer muchas familias schoenstattianas ideales. Todas las que se sienten impulsadas interiormente a la virginidad no deben perder nunca de vista esta misión.

Pero hay entre ustedes otras que tienen la vocación de sellar la alianza matrimonial, dándole su mano al varón ideal y ayudar directamente a formar una familia schoenstattiana ideal. No sé, por tanto, a quien debo dirigirme en este momento, si a las primeras o a las segundas. Opto por las últimas, pero deseo estimular a todas a que aporten en la formación y creación de la vida de familia schoenstattiana ideal.

Lo que nunca estuvo en nuestros sueños juveniles, lo que no nos entusiasmó en la juventud, tampoco lo realizaremos en la rutina de la vida diaria. Quizá el ideal de la familia schoenstattiana no iluminó hasta ahora suficientemente nuestra vida.  ¿Cómo mostrarles esta familia ideal? Tal vez relacionándolo con la frase “Madre, con tu Divino Hijo …..” Quizá ustedes puedan desde ahora rezarla más a menudo: “Desciende a los caminos de nuestra patria”. ¿A qué se refieren estas pequeñas oraciones? A la Familia de Nazaret. Debemos detenernos un poco aquí: en Nazaret y en la Sagrada Familia.

A continuación les desarrollaré tres pensamientos. La Sagrada Familia - Ustedes saben que nuestro Santuario no es solamente un Tabor, sino también nuestro Nazaret. Allí encontramos todo lo que nos mueve. Nuestro Nazaret, o sea el reflejo de la Familia de Nazaret. ¿De qué se trata? ¿Cómo es y qué significado tiene? 

La Sagrada Familia debe ser, en primer lugar, el ideal de una familia schoenstattiana. La vemos, en segundo lugar, como la imagen más radiante de la unión que reina en la vida divina intratrinitaria. Y en tercer lugar, la concebimos como la imagen radiante de la vida de una comunidad eclesial.



(Continuará la semana que viene)

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