miércoles, 28 de diciembre de 2011

El ideal católico del matrimonio (5)


(Ver Nota previa del miércoles 21 de diciembre de 2011)

LA FAMILIA DE NAZARET - LA FAMILIA SCHOENSTATTIANA


Conferencia del Padre Kentenich a la juventud femenina de Schoenstatt en la tarde del día 11 de agosto de 1936 en Schoenstatt


Capítulo 2º

DISPOSICIÓN

El ideal de familia en Schoenstatt – La Sagrada Familia de Nazaret
I.                    La Sagrada Familia – la imagen ideal de una comunidad de familia schoenstattiana
1.       en su constitución
2.       en sus componentes:
   a.       personalidades autónomas
   b.      personalidades discretas – con su misterio personal
3.      en su vida en común: comunidad de vida, de tareas y (sobre todo) de sacrificios


TEXTO DEL PADRE FUNDADOR

La Sagrada Familia debe ser, en primer lugar, el ideal de una familia schoenstattiana. La vemos, en segundo lugar, como la imagen más radiante de la unión que reina en la vida divina intratrinitaria. Y en tercer lugar la concebimos como la imagen radiante de la vida de una comunidad eclesial.

Lo dicho parece un poco teórico. Lo que se quiere afirmar es bien sencillo. El primer pensamiento es fácilmente comprensible: La Sagrada Familia es la imagen ideal de una familia schoenstattiana y de la comunidad natural que constituye esa familia. Veamos algunas connotaciones de esta afirmación.

1. La Sagrada Familia es un ideal y es una familia santa ya en su constitución o fundación. ¿Cómo fue constituida la Sagrada Familia? María y José eran puros cuando contrajeron matrimonio y se conservaron castos durante el mismo. La familia schoenstattiana ideal debe conservar siempre la castidad matrimonial. 
¿No podría ser un verdadero orgullo schoenstattiano acercarse al altar con el velo blanco y la corona de flores en la cabeza, símbolos y expresiones de una juventud que se conserva pura e intacta? ¿No podría ser un verdadero orgullo schoenstattiano poder llevar al altar un amor virginal, fundamento posterior para el amor conyugal? También los que estamos llamados a una vida virginal reconocemos la importancia de este hecho, que la familia schoenstattiana sea fundada sobre la base de un amor puro e intacto. Si ustedes pudieran comprender cómo experimentamos los sacerdotes esta realidad, les sería más fácil captar también el peso de estas palabras.

También en la vida debe reinar una atmósfera de pureza, de castidad, como en la Sagrada Familia. Conocemos no solamente la pureza virginal, sino también la pureza conyugal. En el matrimonio la pureza tiene, en cuanto a las formas, sus propias leyes. “Serva lilium” – saludo a los lirios: es la inscripción de un antiguo escudo. Vuelvo a mirar a la Sagrada Familia. Su constitución fue ideal porque fue fundada en intacta pureza. “Serva lilium”. También nosotros queremos conservar puras nuestras azucenas, cada una según su vocación; la que está llamada a la virginidad, de forma virginal; quien debe formar un matrimonio, ahora en forma virginal y luego, en la castidad matrimonial.

2. La Sagrada Familia es también santa y es un ideal debido a los miembros, es decir, a las personalidades que la constituyen. ¿Quiénes pertenecen a la Sagrada Familia? El Redentor, la querida Madre de Dios y un hombre sencillo y fiel, San José. Las tres fueron personalidades santas. ¿Qué entendemos por una personalidad santa como portadores de la Sagrada familia? Destaco sobre todo dos aspectos:
a. ellos eran personalidades autónomas y
b. personalidades discretas, con su misterio personal.

a. Ustedes ya escucharon en el pasado que no puede existir una auténtica comunidad que no esté formada por personalidades originales, fuertes y autónomas. Veámoslo en la Sagrada familia: ellos son naturales, vigorosos y autónomos. Son tan originales, que cada una representa una individualidad única. No hay nadie que se asemeje así en esta originalidad. El Redentor es singular, único. No hay alguien como Él: es el Dios hecho hombre. María es también alguien peculiar debido a su Inmaculada Concepción. Y San José también es una personalidad original y única, autónomo. Las tres personas de la Sagrada Familia son ideales por su santidad y por su personalidad autónoma y única.

Si ustedes contraen más tarde matrimonio, jamás deben olvidarse que aún cuando se tenga una tendencia muy grande a la entrega de amor, es preciso saber preservarse con esmero – ya desde el tiempo de la juventud. No solamente entregarme sino conservar y preservar mi individualidad. ¡Ser fuerte, autónoma, una personalidad! Cuántas veces escuchamos ya en Schoenstatt que debemos ser personalidades recias. Que debemos cultivar el núcleo de nuestra personalidad, aquello que expresamos con el ideal personal, y en virtud del cual orientamos nuestra educación. No piensen que se pueden dedicar ahora a jugar, y que más tarde podrán cumplir la tarea como madre, como madre tranquila y reservada. Ya desde ahora debemos aprender a dominar la vida. Cuán grande es saber que delante de mí tengo el ideal de familia, y que según él me voy educando, ya desde hoy, para lograr después ser una piedra preciosa que ayudará a construir el edificio de una familia schoenstattiana santa.

b. Mencioné una segunda cualidad de las personalidades que hicieron grande a la Sagrada Familia: los tres supieron conservar su misterio personal. Cada uno de ellos tenía su secreto. Cada joven debe abrigar un misterio. Si no conservo en lo más hondo de mi alma, de mi corazón, un misterio, he perdido algo de lo más precioso de mi ser femenino. Me he vaciado y no tengo más profundidad. María tuvo su gran secreto que ni siquiera reveló a San José. José quiso repudiarla, separarse de ella. Pero ella no renunció a su secreto. En su profundidad inconmensurable conservó todas las palabras en su corazón; cuidó del misterio que llevaba en su seno, convencida de que Dios quería que así lo hiciera. Confió que Dios se lo revelaría a San José. Y Dios así lo hizo. También Cristo tuvo su misterio, que supo conservar. No jugó con ello. Recuerden la escena cuando se separó de su padre y de su madre, de sus familiares. Entonces afirma con gran autoconciencia sobrenatural: “¿No sabíais que debo estar en las cosas de mi Padre?” (Luc 2,49)

¡Cómo brilla este ideal! Para poder ser más adelante un apoyo en mi familia, quiero educarme desde ahora al silencio y a la autonomía. También las que son llamadas a la vida virginal no deben pensar que el ideal del matrimonio no es algo grande o que no incluye grandes exigencias. Por cierto que si conciben el matrimonio y la familia como un juego o una búsqueda permanente de placer, entonces no podrán hablar de un matrimonio schoenstattiano o de una familia ideal. Tal imagen no sería capaz de ser fuente de vida para la Iglesia joven. Un matrimonio ideal es hoy día algo tan grande, y se va haciendo tan raro, que realmente debemos rezar para que Dios llame a muchas personas que vivan el matrimonio ideal dentro de Schoenstatt. Esto no significa que rebajemos el valor de la virginidad. Ambos ideales son grandes y Dios los puso a ambos en el seno de la Iglesia. Cada uno debe recorrer autónomamente su camino de vida. Pero hoy quiero destacar el ideal del matrimonio, para que no piensen que en la Familia de Schoenstatt solo se proclama el ideal de la virginidad. Toda vocación, también la vocación al matrimonio y a la maternidad tienen cabida dentro de nuestras filas.

3. La Sagrada Familia es un ideal debido a su constitución, a la santidad de sus miembros y, en tercer lugar, por la vida común que llevaron. Cuando regresen a sus casas, piensen alguna vez: ¿cómo era la convivencia en la Sagrada Familia? ¿No fueron madre, padre e hijo? ¿No formaron acaso una íntima comunidad de vida, de tareas y de sacrificios? ¡Profunda comunidad de sacrificio! Quiero acentuar en esta tarde este pensamiento. No preciso mostrarlo en la persona de San José, si bien quizá les gustaría escuchar más del padre adoptivo de Jesús. Debido a que hablo a futuras madres, queremos considerar más el reflejo de la imagen de nuestra querida Virgen María.

¡Qué íntima fue la comunidad de sacrificios de María con su Hijo! Pronunció su “fiat” y con ello su “sí” a todos los sacrificios que tenía que ofrecer a causa de su hijo. “Tu alma será traspasada por una espada de dolor”, y esto por su Hijo, que será causa de división para muchos en Israel. Su vida está vinculada a la vida de su Hijo. Al pié de la cruz está íntimamente vinculada con El en una verdadera comunidad de sacrificio. También vivió vinculada a San José.

No queremos malinterpretar el ideal de la familia schoenstattiana. Piensen en sus familias, piensen en la Familia de Schoenstatt, como la han experimentado en sus ramas y comunidades. Sabemos que no hay vida familiar ni comunitaria sin sacrificios. La mesa familiar es una mesa de sacrificios, esto ya lo conocemos. Si se concibe la mesa familiar como una mesa de placeres, entonces no podrán forjar nunca una familia schoenstattiana. Sobre todo hoy día, quien desee fundar una familia, debe aportar una inmensa cuota en disposición y capacidad de sacrificio. Esto es el calor del hogar que lleva al amor generoso y que sabe soportarse mutuamente. Este amor capaz de aguantar, de soportar, será a la larga lo más difícil. No lo olviden: si más adelante quieren vivificar la familia schoenstattiana, deben educarse para poder soportar las debilidades del esposo y de los hijos.

Vemos a la Virgen como la fuente de vida de la Iglesia joven. Lo quiere ser desde aquí. Nosotros bebemos de esta fuente (el Santuario de Schoenstatt); ella nos intercede las gracias para que quienes fueron llamadas a ser madres de familia, puedan aprender a encarnar realmente los ideales planteados.


(Continuará la semana próxima)

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