miércoles, 16 de noviembre de 2011

Con María, hacia los más nuevos tiempos

Texto del Padre Fundador

Ya muy temprano nosotros, los schoenstattianos, nos fijamos como Familia el ideal de esforzarnos para que (como dice la Segunda Acta de Fundación) “seamos dignos de cooperar en el advenimiento de un tiempo en el cual la Iglesia cante con razón: Omnes haereses – etiam anthropologicas – tu sola interemisti in universo mundo. Tú has vencido las herejías antropológicas de la modernidad y generado un nuevo orden de la sociedad cristiana.” A través de nuestra alianza de amor con la MTA, desde 1914, año tras año, progresivamente, nos comprometimos con la consigna: Con la Santísima Virgen, queríamos entregarnos para marchar hacia los tiempos nuevos, alegres en la esperanza y seguros de la victoria. A lo largo de todos estos años que han pasado, nuestra mirada estuvo fija en la nueva ribera de los tiempos para el mundo y la Iglesia. Sabemos que a causa de esta orientación nuestra no fuimos comprendidos durante mucho tiempo por círculos de Iglesia que se basaron siempre, demasiado unilateralmente, en la vieja ribera de los tiempos. Nuestra alianza de amor comprometió a ambos aliados. Nosotros queríamos entregarnos por completo a la Santísima Virgen, dejarnos educar por ella. Y ella, la gran Educadora del pueblo y de las naciones, se obligó a atraernos hacia sí desde su Santuario, a fin de educarnos como instrumentos útiles en sus manos, para la cristificación mariana del mundo venidero, para gloria de Dios Padre.

Sabemos cómo ambos aliados cumplieron su tarea. Todos nosotros en mayor o menor medida, lo hemos experimentado. Desde su Santuario, ella no sólo se ha revelado como gran Misionera que continuamente realiza milagros de transformación interior espiritual, de fecundidad apostólica y de arraigo, sino que también en el ámbito de las diversas ramas de la Familia, se mostró como brillante Reformadora de la sociedad humana en pequeña escala, y como capitana por la lucha por Cristo y contra todas las fuerzas diabólicas. …………….. A lo largo de más de cincuenta años hemos experimentado, como fruto de la mutua alianza de amor, la significación, envergadura y fecundidad de la consigna dada. Por eso no nos resulta difícil repetirla con gran calidez y tomarla como norte en los próximos cincuenta años, a despecho de todas las corrientes revolucionarias en el mundo y en la Iglesia, y comprometer vida y alma por ella. A comienzos de la segunda mitad del siglo, queremos repetir a nuestra manera, con el mismo fervor, lo que Max Brunner declara solemnemente a comienzos de los primeros cincuenta años: “Ave, Imperatrix, morituri te salutan!”. Así como por entonces los primeros miembros de la Familia juraron la bandera como expresión de su consagración o de su alianza de amor con las palabras: “Esta es la bandera que elegí, no la abandonaré, se lo he jurado a Dios”, así también queremos hacerlo nosotros espiritualmente. Y como ellos, esperamos escuchar la respuesta de nuestra Aliada: Este es el instrumento que elegí. No lo abandonaré, se lo he jurado a Dios. Este juramento vale para la Familia en su conjunto y para cada uno de sus miembros.

Con esta actitud caminamos hacia el oscuro futuro. Lo hacemos con la consigna: Con María, alegres en la esperanza y seguros de la victoria, hacia los más nuevos tiempos. En la medida en que ardamos por ese lema, no descansaremos hasta que todas las personas que amamos y queremos, dentro y fuera de la patria, se unan en esa misma consigna. Entonces todos podrán repetir también junto con nosotros: Creo firmemente que jamás perecerá quien permanezca fiel a su alianza.

(Texto extraído del mensaje escrito por el Padre Kentenich a la Familia de Schoenstatt en el mes de septiembre de 1968, recogido en el Tomo XVII de ‘Propheta locutus est. Conferencias y alocuciones del P. Kentenich en sus tres últimos años de vida’, Berg Sion, 2000, 163-186, y publicado en Kentenich reader Tomo 1: Encuentro con el Padre Fundador, Págs. 296-298)


Comentario

Es el núcleo del mensaje de despedida del Padre Fundador de Schoenstatt para todos sus hijos. Lo escribió el 7 de septiembre de 1968, una semana antes de su regreso al Padre. En este mensaje el Padre Kentenich vuelve a resumir con un lenguaje sencillo su misión y su labor a lo largo de toda su vida. En el centro del mismo vemos a la figura de la Santísima Virgen en su indisoluble unión con Cristo, querida por Dios. Es la biunidad o unidad bipersonal de Jesús y María, como relación peculiarísima, la que nos ofrece la clave para conformar una nueva sociedad cristiana. El camino que conduce a un mundo configurado en Cristo pasa por María, por la conformación cada vez más mariana del mundo. En la comunidad nueva hacia la que nos encaminamos en la Redención, Cristo será la cabeza y María el corazón. Desde esta perspectiva el Padre Kentenich vivió y murió sin perder el ánimo, al contrario, pleno de una confianza y seguridad, soportadas e iluminadas a todas luces por una fe auténtica en el mundo sobrenatural. Eso fue lo que nos dejó a sus hijos. Eso es lo que sus hijos le agradecen en el mundo entero.


(Nota: con esta entrada finaliza este BLOG en su forma actual. En la semana que viene se publicarán los Índices y la Bibliografía utilizada. Han sido “CINCUENTA SEMANAS CON EL PADRE”, cuyo material queda a disposición de la Familia de Schoenstatt en este camino de preparación al primer centenario de la Alianza de Amor. Posteriormente seguirán publicándose textos del Padre Fundador sobre temas destacados en la pedagogía de Schoenstatt, comenzando con el tema del "Matrimonio y la familia")

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Los Institutos: guardianes del Santuario

Texto del Padre Fundador

En este punto radica la gran misión de los Institutos: ser custodios o guardianes por excelencia. Repasen la historia ….. Siempre destaco a nuestras Hermanas de María, porque en esta área ellas en todas partes han pasado más fuertemente al primer plano. En el transcurso de los años, en cada uno de los cursos [de las Hermanas] surgieron muchos custodios, custodios del santuario en las formas más diversas. Fruto del soplo de Dios. Dios ha velado para que en medio de la confusión de los años pasados no faltaran jamás los custodios. Hemos congregado a los más variados grupos en torno del santuario, a modo de ejército o flota. El círculo más cercano ha sido constituido por los Institutos; otros círculos son las Federaciones, las Ligas, la rama de peregrinos. No olvidemos que así se gestó todo en la Familia. Permanezcamos fieles a lo gestado. “Conquisten lo que han heredado de sus padres a fin de poseerlo cabalmente”.
Según la ley de los casos preclaros, la labor específica de los Institutos es volcar a la realidad lo más central, y llevarlo como misión al mundo. Reparen en lo que hacen nuestros Institutos para formarse, para arraigar a sus miembros más profundamente en el árbol de Schoenstatt. Porque esa actividad redunda en magníficos frutos para toda la Familia. El seguro de la Familia reside en los Institutos. Si me preguntan en cuáles reside con mayor fuerza, la respuesta sólo puede ser: normalmente en aquellos que son los más sólidos en razón de tener vita communis. Lo cual no significa subestimar a los demás. Y esos Institutos son la nueva pars motrix* junto con el Instituto de nuestras Hermanas. Con esto no estamos diciendo que sólo en ellos se encuentren las personas más nobles. Estamos hablando solo desde el punto de vista de los principios, de la estrategia. Porque Dios elige sus personas de elite de cualquier Rama. Pero en principio recordemos que las exigencias más altas deben ser planteadas a las comunidades que tengan las bases correspondientes. Visto en general, también ellas deberían ser la fuente de bendición más grande.

(Texto extraído de las Conferencias de Roma, incluido en el capítulo 37 – “Construyamos el Santuario” – de Kentenich reader Tomo 2: Estudiar al Fundador, Págs. 157/158)

Comentario

Nuestro Padre Fundador está hablando en esta ocasión a los dirigentes de la Familia de Schoenstatt, reunidos con él en Roma al regreso del exilio, en el año 1965. En esas fechas se estaba concretando la fundación del Instituto de los Padres de Schoenstatt, al que el Padre se refiere cuando lo denomina la “nueva pars motrix”. Destacando la labor específica de los seis Institutos de Schoenstatt, ser casos preclaros dentro de las ramas de la Familia y llevar ese estilo de vida como misión al mundo, el Padre Kentenich recuerda la función que tienen además estas comunidades de ser los custodios de los santuarios de Schoenstatt, y que se ejemplariza, como en tantas otras cosas, en el Instituto de nuestras Hermanas de María. Ellas fueron las que asumieron la tarea de cuidar y guardar los primeros santuarios filiales en los diversos países del mundo, lo que siguen haciendo con una entrega ejemplar. La más joven comunidad de los Padres hizo lo propio, cuando fue necesario, al consolidarse su fundación en los años posteriores al último Concilio. Para completar la información, valga recordar que entre los primeros “santuarios del hogar” bendecidos por el Padre Kentenich en Milwaukee se encuentran los de las primeras familias “fundadoras” del Instituto de Familias en América, y que ellas vivieron y asumieron como verdaderos custodios de los santuarios, en su caso como “santuarios vivos” de Schoenstatt.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Santuario de la "Madre Tres Veces Admirable"


Texto del Padre Fundador

Los especialistas hablan de tres características que han de estar presentes para hablar de un santuario en el sentido estricto del término: afluencia de personas, oraciones escuchadas y reconocimiento de parte de la Iglesia mediante aprobación de indulgencias o mediante otra vía. En el Santuario de Schoenstatt encontramos estas tres características. El Santuario está consagrado a la Madre Tres Veces Admirable. ¿Cómo se llegó a esa consagración? Nuevamente por la ley de la puerta abierta. Esta vez por la lectura de un libro de Hattler sobre el Coloquium Marianum en Ingolstadt, que había caído en nuestras manos en los primeros meses. El libro relata sobre un grupo de elite que se formó en Ingolstadt bajo la dirección del P. Rem, consagrándose totalmente a la Santísima Virgen bajo la advocación de Madre Tres Veces Admirable. Hacia comienzos de la Modernidad, esos jóvenes trabajaron fecundamente por la renovación de Alemania del sur. Esta lectura nos llamó nuevamente la atención sobre cuánto fruto puede dar un grupo muy pequeño cuando detrás hay un plan de Dios. Nos animó a ampliar mucho el radio de la labor educadora de la Santísima Virgen desde Schoenstatt. Que la Santísima Virgen hiciera de Schoenstatt lo que por entonces fuera Ingolstadt para Alemania del Sur: fuente de renovación para Alemania y para todo el mundo. Ésa fue nuestra petición, nuestra esperanza. ………. Ingolstadt nos regaló un segundo elemento: el título de nuestra imagen de la Santísima Virgen. También esta imagen tiene, como todo, el sello de la ley de la puerta abierta. Vino “casualmente” a nuestras manos. Eso fue en mayo de 1915. La imagen no complace mucho al gusto alemán, lo cual tiene la ventaja de acercarnos al mysterium crucis. En cambio la sensibilidad latina lo acepta sin problemas, lo cual nos resultó beneficioso cuando Schoenstatt se difundió internacionalmente.

(Texto extraído de “Clave para comprender Schoenstatt”, publicado en Schoenstatt en 1974 – Ver Kentenich reader, Tomo 1, Págs. 114/115)

Comentario

La pequeña capilla de la congregación del Valle de Schoenstatt se fue convirtiendo con el transcurrir de los años en un lugar de peregrinación. Poco tiempo después de concluir la segunda guerra mundial, en el año 1947, la Iglesia reconoció oficialmente al Santuario original como lugar de peregrinación en donde los creyentes pueden ganar las indulgencias propias de estos lugares, lo que fue confirmado por el Papa Pio XII en abril del mismo año. Independientemente de las consagraciones y concesiones particulares de los diferentes Santuarios en el mundo, existe en nuestra Familia el convencimiento de que los Santuarios filiales y los Santuarios hogares de todo el mundo forman un organismo vivo con el Santuario original en Schoenstatt, siendo éste último el lugar de gracias primario y fundamental. En todos ellos podemos esperar las gracias de peregrinación originales, sobre todo aquellas del cobijamiento, de la transformación interior y de la fecundidad apostólica. Valga reseñar también que la decisión de dar a la imagen de María, regalada a los estudiantes congregantes, el título de “mater ter admirabilis” no se hizo después de una reflexión teórica o dogmática, sino que fue un ejemplo más de aquella característica de la fe práctica en la Divina Providencia que el Padre Fundador denomina “ley de la resultante creadora”: en aquellas fechas los congregantes estaban ocupados con el paralelo Ingolstadt-Schoenstatt y el título mencionado encontró un eco en su corazón. Por ello dieron el título de la Santísima Virgen de Ingolstadt al cuadro recibido.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El santuario del corazón


Texto del Padre Fundador

Con unilateralidad orgánica, a lo largo de los años hemos venido anunciando a Dios como el “Dios de la vida”. Y ahora nos referimos al “Dios del corazón”, que es también esencial para los tiempos que corren.
Recuerden lo que declararon los astronautas rusos con tono triunfal: “No hemos encontrado a Dios en ninguna parte”. Lo han leído en la prensa y quizás les arrancó una sonrisa: Nuestro mundo está confundido en lo que hace a las cosas del espíritu ..… En un futuro lejano será un gran problema para las masas del pueblo: ¿Dónde está el cielo? Antaño nuestros abuelos se lo representaban ingenuamente: cuando llovía era porque los ángeles allá arriba derramaban la tina. El mundo está acá abajo. Se lo imaginaban todo. ¿Dónde estaba el cielo? “arriba”; “abajo” está el infierno. Hay que entender estas cosas.

Pero Dios permite que la Iglesia sea zarandeada. Esto es un serio problema para el pueblo. Nosotros quizás no sentimos la conmoción porque estamos sólidamente formados en dogmática, pero la masa del pueblo sufre esa agitación. Cuando se aplaque la tempestad, cuando se pueda reflexionar sobre la revolución ideológica que cunde por el mundo hoy, verán qué grave es la situación. ¿Dónde está en realidad el cielo? Respuesta: mi alma en gracia es el cielo para mí, es el cielo para el Dios Trino. ….. Nuestro corazón es entonces un santuario de la Trinidad. ….. ¿Qué significa entonces ser un pequeño templo de la Santísima Trinidad? Mi santuario, nuestro santuario, tiene que convertirse también en un pequeño templo de la Trinidad. Si somos un pequeño templo de la Trinidad, en nuestro corazón llevaremos a toda la Iglesia, a todo el orden salvífico. Dicho concretamente, esto significa estar habitado por la Trinidad y entregado a la Trinidad.

(Texto tomado de las Conferencias de Roma (21.11. y 22.11.1965) y recogido en el capítulo 37 – “Construyamos el Santuario” - de Kentenich reader, Tomo 2: Estudiar al Fundador, Págs. 166/167)

Comentario

La idea del “Santuario del corazón” surgió en nuestra Familia, como tantas otras cosas, como consecuencia de un proceso de vida original, que fue interpretado a la luz de la fe práctica en la Divina Providencia y que se orientó también en el orden del ser natural y sobrenatural de las personas. Nuestro Padre Fundador acogía gustoso estos procesos de vida, los interpretaba y formulaba de forma original y atrayente para la Familia. El origen del “Santuario del corazón” no fue un programa o el resultado de un planteamiento intelectual, sino el resultado de un proceso de vida religiosa creativa y original. Las experiencias habidas en los Santuarios fueron proyectadas al interior de la persona, teniendo en cuenta la verdad conocida de la presencia real de Dios en la persona humana. Podríamos considerar que en este caso la palabra “corazón” abarca la personalidad completa de la persona: “Esto quiere decir que mi alma, y con mi alma toda mi personalidad, la persona en su totalidad, está consagrada al Espíritu Santo y es habitada también por el Espíritu Santo.” Dios no está lejos, sino muy cerca de mí. "Dios es más íntimo a mí que yo mismo", escribió un día San Agustín. Por ello nuestro Fundador nos dice que el cielo está dentro de nosotros mismos. Es así como podemos asegurar que “el cielo es nuestro Santuario del corazón”.

miércoles, 19 de octubre de 2011

"Construyamos el Santuario"

Texto del Padre Fundador

En lo que atañe a la aplicación, nos quedamos con la consigna “construyamos el santuario”. Quizás no sea superfluo volver a destacar lo siguiente: se trata de una visión marcadamente sobrenatural de toda la historia de la Familia; historia que hemos ilustrado con la imagen de una procesión. La procesión se va deteniendo ante una serie de altares o estaciones. Y recién al final de cada estación se da la consigna: “Procedamus in pace in nomine Domine. Amen”.
Ante cada altar se lee el evangelio, se proclama la buena nueva; es siempre la buena nueva de nuestro misterio de Schoenstatt. Permanecemos fieles al mismo misterio central:”Toda nuestra peregrinación, toda la procesión, gira continuamente en torno a lo divino”. Volvamos a gravárnoslo hoy: entenderemos y abrazaremos Schoenstatt, e irradiaremos su atmósfera, en la medida en que nos arraiguemos en la realidad del mundo del más allá, del mundo sobrenatural. Y esa realidad sobrenatural se nos aparece en una forma concreta en nuestro santuario, contemplado en su valor específico y (lo que naturalmente reviste ahora mayor importancia), en la plenitud de su simbolismo.
Veamos la historia de Schoenstatt en el marco de la historia de la revolución, de la guerra, de Dachau: todo en ella ha girado siempre en torno del misterio de Schoenstatt, de la construcción del santuario. ……………….. “Procedamus in pace”. Procesión …… He aquí, por un lado, la actitud sobrenatural; y por otro, la interpretación de lo que hemos vivido en la etapa del tiempo del exilio, y que resumimos en la consigna: “Construyamos el santuario”. En tiempos de la primera prisión, el santuario original estuvo en el centro. Hoy (comprueben cómo Dios ha ido llenando con abundantes contenidos la idea “construcción del santuario”) están en el centro el santuario filial, el santuario hogar y el santuario del corazón.

(Texto tomado de las Conferencias de Roma (21.11. y 22.11.1965) y recogido en el capítulo 37 de Kentenich reader, Tomo 2: Estudiar al Fundador, Págs. 156 y ss)

Comentario

En nuestra “procesión” hacia el jubileo del año 2014 acabamos de iniciar el año de la corriente del Santuario. Pareciera que el Padre Fundador nos quiere recordar hoy también nuestra condición de peregrinos, y que en este caminar los schoenstattianos avanzamos hacia el Padre a través de una serie de altares o estaciones en nuestra vida, ya sea privada o comunitaria. En el sentir de toda la Familia se quiere hacer presente una vez más el valor del Santuario. El Padre Kentenich nos indica el camino: todo nuestro peregrinar, toda nuestra vida debe girar en torno a lo divino. Arraigarnos cada vez más en el mundo sobrenatural, ser hombres y mujeres “del más allá”, a eso nos invita el Santuario. No se trata sólo de construir físicamente nuestros santuarios, se trata en primer lugar de hacer que nuestros corazones lleguen a ser santuarios de la Santísima Trinidad. El Fundador quiere que en medio de nuestro mundo cultivemos una fuerte vinculación al Santuario para que seamos, en su fuerza, piedras vivas de ese templo que es la Iglesia. Nuestro “vivir en el Santuario” será una forma original y concreta de nuestro “caminar en y con Dios”. Agradecemos de todo corazón que el Santuario de Schoenstatt sea el centro de toda nuestra Familia, y para nosotros una fuerte indicación y camino seguro hacia lo divino.

miércoles, 12 de octubre de 2011

María, corazón de la Iglesia

Texto del Padre Fundador

Qué les pareció lo que dijimos en estos días: la Madre de Dios no es solamente un elemento decorativo en el orden de la redención; no, no; es cierto que Ella no es el centro, pero ¡está en el centro! ¿Saben ustedes qué significa esto? Hoy en día se está gestando un mundo que busca una unidad completa y en una forma tal que hasta ahora jamás ha existido. El mundo ha perdido la unidad en Dios y en Cristo. Las fuerzas elementales del infierno están trabajando para crear un mundo sin Dios. Existe una unidad del mundo que es demoníaca y una que es mariana. La unidad del mundo proveniente del demonio hace progresos enormes. ¿Qué significa esto? Lo que estamos experimentando actualmente es la última manifestación de un tremendo orgullo humano. Este orgullo del hombre ha rebasado los límites dos veces: una vez, con la construcción de la torre de Babel que relata la Biblia, la segunda vez, hoy en día. El mundo quiere volver a construir una torre, una torre de unión contra Dios, sin Dios. Podemos estar seguros de que Dios descenderá en el momento preciso para confundir las lenguas tal como lo hizo en aquel entonces cuando se construyó la primera gran torre. Frente a eso, nuestra misión seguirá siendo la de crear una unidad mariana, una unidad católica orgánica. ¿En qué consiste la unidad católica? En que los pueblos vuelvan a congregarse en torno a Cristo, Cabeza de la creación y en torno a la Madre de Dios, corazón de la creación y de la Iglesia.

(Tomado de la decimotercera conferencia de la “Jornada de Octubre 1950”, 19 de octubre de 1950; editada como manuscrito para la Familia de Schoenstatt por nuestras Hermanas de María, Nuevo Schoenstatt, Argentina, Pág. 275-276)

Comentario

La observación sobre los acontecimientos que nuestro Fundador hacía al principio de la década de los cincuenta del siglo pasado sigue teniendo una actualidad impresionante. Es cierto que el mundo que hoy se gesta, busca una unidad y uniformidad “tal que hasta ahora jamás ha existido”. Y la misma se hace conscientemente dejando a Dios y a Cristo fuera del acontecer del mundo. (Ahí está, como botón de muestra, la decisión revolucionaria de la televisión pública británica, la BBC, de no usar la fórmula usual de las fechas el ‘antes de Cristo’ y ‘después de Cristo’ por una menos religiosa de antes y después de la ‘era común’). El periódico de la Santa Sede lo comenta como “una hipocresía anti-histórica y sin sentido”. Hipocresía y actitud que nosotros experimentamos todos los días y en todos los ámbitos de nuestra sociedad moderna. Los hijos del Padre Kentenich estamos invitados a nadar contra corriente y a construir una unidad en Cristo y María. El Padre Kentenich estaba convencido que nuestro amor a la Santísima Virgen y nuestra vinculación de corazón con Ella tiene el carácter de un exorcismo. Porque Ella, la mujer vestida de sol, y su descendencia, nosotros, aplastaremos la cabeza al demonio. Nosotros somos miembros de Cristo y con El descendientes de la Madre de Dios. Debemos vivir la esperanza de que “la descendencia de Cristo en mí le aplastará la cabeza al demonio”. Es por eso que el Padre Fundador nos pide demos a María la posición que le corresponde en nuestros corazones y vivamos siempre en permanente dependencia y amor a Ella.

miércoles, 5 de octubre de 2011

María, signo apocalíptico

Texto del Padre Fundador


Vivimos en un tiempo decididamente apocalíptico. Es algo que jamás debemos dejar de olvidar. Es útil y necesario no dejar de verlo, porque ahora vivimos nuevamente en una situación cómodamente burguesa. Es natural que la gran señal apocalíptica indique un gran tiempo apocalíptico. Nos sentimos impulsados a afirmar que probablemente no haya otra verdad, otro dogma mariano que muestre tan abiertamente a la Madre de Dios en el cielo del tiempo actual como signo apocalíptico como el dogma de la Asunción. Pues Ella fue recibida en el cielo y Ella misma resplandece como el gran signo apocalíptico. Por lo tanto no debemos engañarnos, no debemos equivocarnos al juzgar cuando se trata de analizar el tiempo actual, cuando se trata de analizar los poderes que actúan en la historia universal. ………. Les ruego que relean las alocuciones del Santo Padre (se refiere a Pio XII). En ellas insiste reiteradamente en que, en la actualidad, el demonio despliega todo su poder y su estrategia y se empeña por definir a su favor la situación. En abierta oposición aparece el gran signo, el gran poder antidiabólico. ¿Cuáles son las perspectivas de la lucha? Parece que hoy en día el demonio quiere dominar el mundo entero. Los cálculos humanos hacen temer que en un tiempo no muy lejano todo caiga víctima del colectivismo. Frente al demonio aparece el gran signo apocalíptico, la gran Vencedora de todas las batallas, como la llama el Santo Padre. …… ¡al final vencerá y triunfará, no obstante, el corazón de la Madre de Dios!

(Tomado de la primera conferencia de la “Jornada de Octubre 1950”, 16 de octubre de 1950; editada como manuscrito para la Familia de Schoenstatt por nuestras Hermanas de María, Nuevo Schoenstatt, Argentina, Págs. 37-38)

Comentario

Si invocamos a nuestra Madre y Reina del Cielo como “aurora de la mañana” es porque estamos convencidos de que pronto aparecerá en el firmamento el gran Sol que es Jesucristo. María es pues, según palabras de nuestro Padre Fundador, no sólo el signo apocalíptico en el tiempo actual sino que es además el gran signo de esperanza para los que miramos el futuro con preocupación. Es verdad que el mundo, particularmente Occidente, como decía el Padre Kentenich, “se está derrumbando porque ha abandonado y perdido su fundamento: Cristo.” Todos nosotros lo experimentamos y nos lamentamos a menudo de ello. Pero él estaba seguro, y así lo transmitía a sus hijos espirituales, que la Madre de Dios será la que devolverá a Cristo al tiempo actual. Ella, la que llevó consigo durante nueve meses al Hijo de Dios en su seno, será la que dará a luz de nuevo a Cristo en el futuro. Esta ha sido siempre su misión. El Padre Kentenich decía entonces que la Santísima Virgen quiere ser reconocida hoy conscientemente como "la gran Cristípara, la que trae a Cristo, y la que sirve a Cristo". María, el gran signo en el cielo, es por tanto un signo de esperanza. Nosotros, los hijos del Padre, que con nuestra alianza de amor nos comprometimos a ser apóstoles de María, “debemos esforzarnos por regalarle a la Madre de Dios al mundo, por consagrar las personas a la Madre de Dios.” Una devoción mariana que implica mostrar al mundo el Sol de Justicia que es Jesucristo.