miércoles, 25 de mayo de 2011
El hogar, un santuario mariano
Texto del Padre Fundador
Si ya resulta difícil hacer que reine la gracia en uno mismo como persona particular, parece casi imposible llegar a ser una familia según el modelo de la Santísima Trinidad o de la Sagrada Familia de Nazaret. Siempre fue así. Pero la época actual, que en todas partes promueve un completo desarraigo en todas las circunstancias de la vida, manifiesta sus devastadores efectos sobre todo en el santuario de la familia. ……. En la actualidad, el mundo y la Iglesia se encaminan hacia terribles catástrofes. Quien conozca esta realidad quedará profundamente convencido de que la Familia de Schoenstatt, en su totalidad y en sus partes, no podrá cumplir su tarea si todos los arroyos y fuerzas no desembocan, por último, en familias de Schoenstatt que sean como islas de santidad, islas que se unan cada vez más entre sí para constituir una Obra de las Familias común. …… Todos nosotros, sin excepción, estamos interesados en un nuevo milagro de Pentecostés. Por eso nos unimos, pedimos y suplicamos con gran fervor un nuevo y eficaz milagro de transformación. Tomen la imagen de la Santísima Virgen y denle un sitio de honor en sus hogares. Así sus hogares se convertirán en pequeños santuarios en los cuales esa imagen de gracias derrame sus gracias, genere una santa tierra familiar y forme santos miembros de la familia.
(Textos tomados de la carta del Padre Kentenich al Padre Johannes Tick, 15 de abril de 1948, conocida más tarde como “Acta de Fundación de la Obra de las Familias” - Ver: Kentenich Reader, Tomo 1, Pág. 268/270, Editorial Patris)
Comentario
El Padre Fundador invita ya en mil novecientos cuarenta y ocho a las primeras familias de la incipiente Obra Familiar a llevar a sus hogares la imagen de la Santísima Virgen, y a darle un lugar de honor en el ámbito familiar. Y lo hace ante el desarraigo que sabe reina en la sociedad y en las familias alemanas de la postguerra europea de los cuarenta. En su mirada de profeta de los nuevos tiempos sabe también que este bacilo hará mella en el alma de muchos hombres y mujeres del futuro, e invita a todas las familias comprometidas en el Movimiento de Schoenstatt a luchar por una santidad cotidiana bajo la protección y el cuidado maternal de María, nuestra madre y educadora. Años más tarde, en 1963, ante un grupo de matrimonios de Milwaukee (USA), mostró su convencimiento de que los Santuarios Hogares eran verdaderamente una parte del organismo del Santuario: lo que vale para el Santuario original vale también para el Santuario Hogar. Las familias americanas, empeñadas en un esfuerzo serio por vivir la vida diaria a la luz de sus ideales, ayudaron al Padre Kentenich a descubrir los planes de la Divina Providencia en y para la pastoral familiar de su Movimiento. María, la Educadora del hombre nuevo, se encarga, en la fuerza de la alianza de amor, por atraer hacia sí a todos los miembros de la familia, para que ayudados por las gracias que Ella distribuye, “sean instrumentos aptos en sus manos” para la renovación del nuevo orden social.
miércoles, 18 de mayo de 2011
El hogar celeste y la familia
Texto del Padre Fundador
Tener hogar es algo muy distinto a tener el estómago o la billetera llenos. Hogar es algo misterioso. Nos detendremos aquí un momento para trazar líneas laterales y verticales.
Línea lateral: Visto popularmente hogar es idéntico a familia. La forma fundamental y original de hogar y cobijamiento debiera ser normalmente la familia, la familia natural. Con esto, surgen muchas preguntas. Nuevamente me dirijo a los padres y madres. ¿Encuentran mis hijos un hogar en mi familia? Me pregunto como hombre: ¿Mi mujer ha encontrado un mí un hogar, y a la inversa yo en ella? ¿Conoce mi familia un estar anímico afectivo uno en el otro, sabe de mutuo acogimiento, de protección y seguridad mutuas? Sabemos que este proceso anímico cuesta sacrificio. La mesa familiar es y será una mesa de sacrificio. La razón es que el estar en, con y por el otro afectivamente encierra un fuerte desasimiento del egoísmo. Hoy en día existen tan pocas familias sanas, porque no pueden sobrepasar su posición infantil. Una vida familiar sana supone la muerte del egoísmo enfermizo.
Tracemos la línea hacia arriba: si el instinto de hogar es un instinto original de la naturaleza, tal como lo indicamos anteriormente, entendemos por qué nuestra religión católica es en lo más profundo la religión del hogar. Dijimos que hay hogar donde están el padre, la madre y los hermanos. ¿No me garantiza acaso la fe católica que el Dios vivo, creador de cielo y tierra, es mi padre? La fe católica me confirma también que tenemos una madre, una madre celestial y que tenemos hermanos. ……….. Innumerables católicos padecen la carencia de hogar, pues la mayoría no conocen ni reconocen ya al Padre Dios. ¡Debemos traer a nuestra Madre a casa! ¡Debemos traer a casa a nuestro Padre!
(Extracto de una Conferencia de la Jornada Pedagógica de 1951.- Ver “Que surja el Hombre Nuevo”, P. José Kentenich, Editorial Schoenstatt, Santiago de Chile, 1983, Pág. 174)
Comentario
Ya en el contenido de este texto reducido intuimos la intención pedagógica del Padre Kentenich. El nos indica, y así lo hace en la Jornada Pedagógica de la que extraemos estas palabras, que para llegar al convencimiento y a la experiencia vital de que Dios es nuestro Padre y de que María es nuestra Madre, necesitamos fundamentalmente una experiencia profunda del padre y de la madre en el orden natural, necesitamos de la experiencia positiva del hogar. Se trata de una tarea especial para todos los que pertenecemos a la Obra Familiar de Schoenstatt. Esta perspectiva se ilumina aún más, si consideramos que para curar la enfermedad que aqueja al hombre moderno, con una vida espiritual atrofiada y mutilada, el Fundador aconseja a los educadores católicos como primera “medicina”, la de una “total renovación de la vida familiar, de la conciencia de padre, de madre, de la paternidad, de la maternidad”. Es una de las aplicaciones de la ley de transferencia y transposición orgánicas, que nos describe también el surgir o el fortalecimiento de un vínculo personal a través de la vivencia de otra relación personal previa. La experiencia vital de una vinculación afectiva con el padre y la madre y la seguridad instintiva que ello trae consigo, nos facilitará sentirnos hijos del Padre Dios y nos llevará a un cobijamiento instintivo en la Santísima Virgen, nuestra Madre.
miércoles, 11 de mayo de 2011
La vivencia del hogar
Texto del Padre Fundador
Queremos reflexionar sobre el concepto de hogar, el sentido del hogar y el amor al hogar. Aquí tenemos tres pensamientos básicos. ¡Proclamen estas ideas en el tiempo y mundo actuales! ¡Que brille esta tríada en la oscuridad del mundo actual! ¿Cuál será el eco? Sobremanera variado y multiforme. Escuchamos fundamentalmente dos acordes. El primer acorde dice que el problema del hogar, en la extensión con que pretendemos entenderlo y presentarlo es, en último término, el problema de la cultura del tiempo actual. Por eso, el desarraigo es el núcleo de la crisis cultural actual, y es claro que aludimos a desarraigo en el sentido infinitamente amplio en que nosotros lo pensamos. ……………
El segundo acorde nos indica que, si queremos tomar conciencia de la expresión máxima de este desarraigo, solo tenemos que apuntar al tipo actual de hombre: el hombre colectivista, cuya alma está impregnada de este desarraigo total. El hombre colectivista es el hombre masa radicalizado que niega desde su interior absolutamente todas las vinculaciones queridas por Dios. Con razón decimos que es el hombre totalmente desarraigado. Todas las vinculaciones han sido radicalmente desatadas de la vinculación con Dios, con la tierra, con el prójimo. Este desarraigo total y múltiple puede ser llamado con pleno sentido de la palabra “castigo del infierno”. La esencia del infierno consiste en un desarraigo total, en un estar uno contra otro anímicamente. Visto así, innumerables hombres de hoy viven ya en gran parte una especie de infierno. Es un desarraigo total, un estar anímicamente contra el otro, entre el alma y Dios, entre hombre y hombre. En esta situación, no debiera ser difícil indicar al hombre actual lo que es el cielo. …………..
(Extracto de una Conferencia de la Jornada Pedagógica de 1951.- Ver “Que surja el Hombre Nuevo”, P. José Kentenich, Editorial Schoenstatt, Santiago de Chile, 1983, Págs. 168 y ss.)
Comentario
El Padre Kentenich nos invita a proclamar en el mundo de hoy la buena nueva del hogar, de ese mundo de vinculaciones que quiere ser la antesala del hogar eterno. Me atrevo a descubrir en el texto citado algunos desafíos o tareas para nuestro quehacer diario. ¡Anunciar al hombre actual lo que es el cielo! Nuestro estilo de vida debiera estar marcado por aquella característica propia del cielo, de la ‘visión beatífica’: “un estar anímicamente uno con otro, entre el hombre y Dios, entre hombre y hombre” y entre hombre y tierra. Sería la mejor forma de llevar a los que nos rodean el anuncio salvífico del hogar. Para ello, es cierto, deberemos comprobar primero el grado de desarraigo presente en nosotros mismos y luchar contra ello. Nosotros somos hijos de nuestro tiempo, el peligro de la ruptura o la ausencia de vínculos, la soledad existencial, nos acecha o está ya en nuestro pensar y en nuestro vivir. Nos cuesta ser instrumentos de un amor que vincula y acoge, el ‘hombre económico’ es esencialmente egoísta. El Fundador nos invita, por el contrario, a ser expertos en el acogimiento. Acogiendo e integrando reemplazaremos al desarraigo y conseguiremos reconquistar el hogar, el terruño, el pensamiento y el sentido del hogar, el amor al hogar. Es más, en un contexto global el Padre Kentenich nos pedirá que miremos a María, la madre del amor hermoso, para que nos regale la calidez de su amor, y para que con Ella podamos construir hogar, en el pleno sentido de la palabra.
Queremos reflexionar sobre el concepto de hogar, el sentido del hogar y el amor al hogar. Aquí tenemos tres pensamientos básicos. ¡Proclamen estas ideas en el tiempo y mundo actuales! ¡Que brille esta tríada en la oscuridad del mundo actual! ¿Cuál será el eco? Sobremanera variado y multiforme. Escuchamos fundamentalmente dos acordes. El primer acorde dice que el problema del hogar, en la extensión con que pretendemos entenderlo y presentarlo es, en último término, el problema de la cultura del tiempo actual. Por eso, el desarraigo es el núcleo de la crisis cultural actual, y es claro que aludimos a desarraigo en el sentido infinitamente amplio en que nosotros lo pensamos. ……………
El segundo acorde nos indica que, si queremos tomar conciencia de la expresión máxima de este desarraigo, solo tenemos que apuntar al tipo actual de hombre: el hombre colectivista, cuya alma está impregnada de este desarraigo total. El hombre colectivista es el hombre masa radicalizado que niega desde su interior absolutamente todas las vinculaciones queridas por Dios. Con razón decimos que es el hombre totalmente desarraigado. Todas las vinculaciones han sido radicalmente desatadas de la vinculación con Dios, con la tierra, con el prójimo. Este desarraigo total y múltiple puede ser llamado con pleno sentido de la palabra “castigo del infierno”. La esencia del infierno consiste en un desarraigo total, en un estar uno contra otro anímicamente. Visto así, innumerables hombres de hoy viven ya en gran parte una especie de infierno. Es un desarraigo total, un estar anímicamente contra el otro, entre el alma y Dios, entre hombre y hombre. En esta situación, no debiera ser difícil indicar al hombre actual lo que es el cielo. …………..
(Extracto de una Conferencia de la Jornada Pedagógica de 1951.- Ver “Que surja el Hombre Nuevo”, P. José Kentenich, Editorial Schoenstatt, Santiago de Chile, 1983, Págs. 168 y ss.)
Comentario
El Padre Kentenich nos invita a proclamar en el mundo de hoy la buena nueva del hogar, de ese mundo de vinculaciones que quiere ser la antesala del hogar eterno. Me atrevo a descubrir en el texto citado algunos desafíos o tareas para nuestro quehacer diario. ¡Anunciar al hombre actual lo que es el cielo! Nuestro estilo de vida debiera estar marcado por aquella característica propia del cielo, de la ‘visión beatífica’: “un estar anímicamente uno con otro, entre el hombre y Dios, entre hombre y hombre” y entre hombre y tierra. Sería la mejor forma de llevar a los que nos rodean el anuncio salvífico del hogar. Para ello, es cierto, deberemos comprobar primero el grado de desarraigo presente en nosotros mismos y luchar contra ello. Nosotros somos hijos de nuestro tiempo, el peligro de la ruptura o la ausencia de vínculos, la soledad existencial, nos acecha o está ya en nuestro pensar y en nuestro vivir. Nos cuesta ser instrumentos de un amor que vincula y acoge, el ‘hombre económico’ es esencialmente egoísta. El Fundador nos invita, por el contrario, a ser expertos en el acogimiento. Acogiendo e integrando reemplazaremos al desarraigo y conseguiremos reconquistar el hogar, el terruño, el pensamiento y el sentido del hogar, el amor al hogar. Es más, en un contexto global el Padre Kentenich nos pedirá que miremos a María, la madre del amor hermoso, para que nos regale la calidez de su amor, y para que con Ella podamos construir hogar, en el pleno sentido de la palabra.
miércoles, 4 de mayo de 2011
¡Que surja el Hombre Nuevo! - El hogar
Texto del Padre Fundador
¿Cuál es la gran tarea, el gran problema pedagógico? El núcleo central de la educación actual en y fuera de la escuela consistiría simplemente en acoger, en cultivar el hogar. El desarraigo, el ‘desacogimiento’ debe ser complementado, reemplazado y debe desembocar en la reconquista del hogar, del terruño, del pensamiento y sentido del hogar, del amor al hogar. ……. ¿En qué consiste la esencia del hogar, del terruño? Es cierto que el pensamiento del hogar, del terruño, siempre está teñido de católico. Lo supratemporal aparece una y otra vez. Lo católico dará siempre, de alguna manera, la característica especial, el cuño específico. ……. La definición popular afirma: ¡Donde hay amor, hay hogar! O bien, donde están el padre, la madre, los hermanos, allí hay hogar. Donde encontramos y damos acogimiento, allí hay hogar. El hombre sin hogar es comparado a un fósforo tirado en la calle, que es pisado por cualquiera que pasa. Distinguimos un hogar espiritual, un hogar anímico y un hogar local. ¿En qué sentido se dirige la sensibilidad popular? El pueblo quiere tener siempre algo animado. Por esto, la definición popular, la descripción del hogar anímico es un estar afectivamente uno en el otro. Esto es hogar, no un estar anímicamente uno al lado del otro, o uno contra el otro. Con este concepto de hogar, se destaca simultáneamente el efecto del hogar. El hogar regala acogimiento y seguridad. El hombre que quiera lograr como un estar uno en el otro afectivamente, no sólo tiene que querer recibir acogimiento y seguridad, sino que debe dárselos a otros.
(Extracto de una Conferencia de la Jornada Pedagógica de 1951.- Ver “Que surja el Hombre Nuevo”, P. José Kentenich, Editorial Schoenstatt, Santiago de Chile, 1983, Págs. 171 y ss.)
Comentario
Con este texto y con los que traeré en las próximas semanas, deseo despertar el anhelo de los lectores del Blog por conocer el contenido de las charlas que dio el Padre Kentenich en octubre de 1951, durante la última jornada pedagógica organizada en Schoenstatt. Su título en español: “Que surja el Hombre Nuevo”. Se trata de un compendio original de sicología religiosa propuesta pedagógicamente. Su intención fue mostrar a los asistentes los rasgos principales del “hombre nuevo en la nueva comunidad”, meta a la que dedicó su vida como pastor y pedagogo, especialmente en las comunidades dirigentes de la Obra de Schoenstatt, que asumen la tarea de ser multiplicadores en todo el Movimiento. Como verdadero profeta de nuestro tiempo, el Padre Fundador presenta en sus charlas “un diagnóstico sobre la capacidad de vivencia religiosa del hombre moderno y de los obstáculos que se le oponen. ……. La experiencia positiva del hogar, como experiencia anticipada de la patria eterna, es descrita como camino para una integración multilateral religioso-moral de la personalidad en todo sentido y destacada, por lo tanto, en su importancia pedagógica.” (Ver prólogo de la edición en español de la mencionada jornada). Deseo con los editores de la Jornada que todo ello sirva de ayuda a los padres de familia y a todos los que están empeñados en la formación religioso-moral del hombre de hoy. Con agradecimiento filial y admiración por el Padre José Kentenich y su mensaje para la Iglesia del nuevo milenio.
miércoles, 27 de abril de 2011
Ser otro Cristo
Texto del Padre Fundador
En el campo de la educación de uno mismo y de los demás, ¿qué meta proponer para la vida y la educación de quien se está formando? Cristo es esa meta. Y Cristo tal cual vive en María Santísima. Hay una fuerza vital que nos ayuda a ser “alter Christus”, otro Cristo; a ser imágenes del Señor, no sólo a plasmarlo en nuestro entorno sino a vivir en intimidad con él. Y esa fuerza vital es también Cristo, tal cual vive en su Santísima Madre. ¿A qué estilo de vida aspirar de ahora en adelante? La respuesta es idéntica: Cristo. Cristo es a la vez puerto hacia donde ponemos proa y fuente de energías para la empresa; Cristo es la pauta de nuestro estilo de vida interior y exterior. Pero siempre desde el punto de vista de la experiencia crística que tuviera la Santísima Virgen. …………… ¡Cristo es nuestro estilo de vida! Contemplemos este estilo tal como Cristo lo exige de nosotros. ¿Qué quiere el Señor de aquellos que se esfuerzan por ser imágenes y reflejos suyos? Que cultivemos una pedagogía de ideales. La pedagogía de ideales es una educación que apunta ante todo a la formación de convicciones y actitudes, y no a la mera repetición de actos o habilidades. Supone una visión integral, no fragmentaria o atomizadora de la realidad. Repasen el Evangelio y vean como Jesús no se cansa de insistir sobre esa nueva realidad interior, la más íntima que podamos experimentar como seres humanos: el desposorio con Cristo, el desposorio de la naturaleza con Dios. Es un estilo de vida interior, es un trabajo en la propia alma y no, primeramente, un hacer externo.
(Extracto de una Conferencia a las Hermanas de María del 6 de abril de 1946.- Ver “Cristo es mi vida”, P. José Kentenich, Editorial Patris 1997, Pág. 46 y 51)
Comentario
Han pasado los días de la Pasión, nos encontramos en la octava de Pascua. La Iglesia nos ha invitado a vivir estas fechas y los acontecimientos que en ellas celebramos en unión con Aquel que dio la vida por nosotros, en otras palabras, a hacer nuestros los sentimientos de Cristo. Esta invitación debe marcar también nuestro esfuerzo por la santidad en la vida diaria. El Padre Fundador nos invita a hacer de esta sintonía de corazones con Cristo nuestro estilo de vida, llegar a ser como Cristo, a vivir en Cristo Jesús. Para ello nos sugiere que abramos el Evangelio y leamos el Sermón de la montaña (Mt 5, 1-12). Allí encontraremos, dice el Fundador, el interés de Jesús porque los suyos lleguen a una conversión a nivel de actitudes. El fariseísmo ponía el acento en lo exterior, Jesús invita a convertir el corazón porque de ahí salen las malas intenciones, los asesinatos y adulterios, como relata Marcos en su Evangelio (Mc 7, 21). Es la pedagogía de actitudes e ideales propia de nuestra Familia de Schoenstatt, y que sin duda traerá también consigo un estilo de vida exterior con expresiones fruto de la conversión interior del corazón. Recordamos aquella norma de la Familia, que dice: “Vínculos obligatorios sólo los necesarios, libertad cuanta sea posible, y, por encima de todo, cultivo del espíritu”. María, la Madre y Esposa, es para nosotros el ejemplo, ella vivió desde el momento de la Anunciación con la libertad propia de los hijos de Dios, y guardando todo en su corazón.
En el campo de la educación de uno mismo y de los demás, ¿qué meta proponer para la vida y la educación de quien se está formando? Cristo es esa meta. Y Cristo tal cual vive en María Santísima. Hay una fuerza vital que nos ayuda a ser “alter Christus”, otro Cristo; a ser imágenes del Señor, no sólo a plasmarlo en nuestro entorno sino a vivir en intimidad con él. Y esa fuerza vital es también Cristo, tal cual vive en su Santísima Madre. ¿A qué estilo de vida aspirar de ahora en adelante? La respuesta es idéntica: Cristo. Cristo es a la vez puerto hacia donde ponemos proa y fuente de energías para la empresa; Cristo es la pauta de nuestro estilo de vida interior y exterior. Pero siempre desde el punto de vista de la experiencia crística que tuviera la Santísima Virgen. …………… ¡Cristo es nuestro estilo de vida! Contemplemos este estilo tal como Cristo lo exige de nosotros. ¿Qué quiere el Señor de aquellos que se esfuerzan por ser imágenes y reflejos suyos? Que cultivemos una pedagogía de ideales. La pedagogía de ideales es una educación que apunta ante todo a la formación de convicciones y actitudes, y no a la mera repetición de actos o habilidades. Supone una visión integral, no fragmentaria o atomizadora de la realidad. Repasen el Evangelio y vean como Jesús no se cansa de insistir sobre esa nueva realidad interior, la más íntima que podamos experimentar como seres humanos: el desposorio con Cristo, el desposorio de la naturaleza con Dios. Es un estilo de vida interior, es un trabajo en la propia alma y no, primeramente, un hacer externo.
(Extracto de una Conferencia a las Hermanas de María del 6 de abril de 1946.- Ver “Cristo es mi vida”, P. José Kentenich, Editorial Patris 1997, Pág. 46 y 51)
Comentario
Han pasado los días de la Pasión, nos encontramos en la octava de Pascua. La Iglesia nos ha invitado a vivir estas fechas y los acontecimientos que en ellas celebramos en unión con Aquel que dio la vida por nosotros, en otras palabras, a hacer nuestros los sentimientos de Cristo. Esta invitación debe marcar también nuestro esfuerzo por la santidad en la vida diaria. El Padre Fundador nos invita a hacer de esta sintonía de corazones con Cristo nuestro estilo de vida, llegar a ser como Cristo, a vivir en Cristo Jesús. Para ello nos sugiere que abramos el Evangelio y leamos el Sermón de la montaña (Mt 5, 1-12). Allí encontraremos, dice el Fundador, el interés de Jesús porque los suyos lleguen a una conversión a nivel de actitudes. El fariseísmo ponía el acento en lo exterior, Jesús invita a convertir el corazón porque de ahí salen las malas intenciones, los asesinatos y adulterios, como relata Marcos en su Evangelio (Mc 7, 21). Es la pedagogía de actitudes e ideales propia de nuestra Familia de Schoenstatt, y que sin duda traerá también consigo un estilo de vida exterior con expresiones fruto de la conversión interior del corazón. Recordamos aquella norma de la Familia, que dice: “Vínculos obligatorios sólo los necesarios, libertad cuanta sea posible, y, por encima de todo, cultivo del espíritu”. María, la Madre y Esposa, es para nosotros el ejemplo, ella vivió desde el momento de la Anunciación con la libertad propia de los hijos de Dios, y guardando todo en su corazón.
miércoles, 20 de abril de 2011
Participación en la vida de Jesús
Texto del Padre Fundador
En la vida pública de Jesús se pueden distinguir claramente tres etapas: tiempos de éxito, de fracaso y de glorificación.
Luego de sus primeras apariciones públicas, se gesta un movimiento de masas. Todos corren detrás del gran taumaturgo y sabio maestro, y pareciera que el pueblo se le hubiese entregado ya con todo su amor y su fe. Fueron los tiempos felices y el lado luminoso de la vida pública del Señor.
Sin embargo este periodo no duró mucho. Pronto daría paso a una experiencia agobiante: la experiencia del rechazo. Primero es reprobado por los dirigentes del pueblo elegido y, luego, por la multitud del pueblo. A medida que esta realidad se manifiesta con mayor intensidad, Jesús se va retirando gradualmente de la vida pública y dedica su amor, su tiempo y sus fuerzas a la instrucción de sus apóstoles y discípulos. Entre tanto, comienzan a cernirse las nubes de tormenta y a estrecharse el cerco en torno a él, hasta que, finalmente, entrega su vida para la redención del mundo en el madero infamante de la cruz.
Pero al tercer día, sale del sepulcro por sus propias fuerzas y aparece, ante el asombro del mundo, como héroe lleno de majestad, vencedor glorioso de la muerte y del demonio. He aquí la tercera etapa de su vida, una etapa gloriosa porque en ella toda su persona, incluyendo su naturaleza humana hasta en sus partes más humildes, es sumergida en el esplendor de la “visio beata”, la visión beatífica, y porque, por su pasión y muerte, el Señor adquirió esa gloria para sí y para su Cuerpo Místico.……
La Iglesia es el misterioso Cuerpo Místico de Cristo. Ella se designa a sí misma como Esposa del Señor y, en este sentido, toma como su modelo más perfecto a la Santísima Virgen. La Iglesia contempla a María Santísima especialmente en su condición y vivencia de ser Esposa de Cristo. Es fácilmente comprensible que el cuerpo quiera y deba ser semejante a la cabeza, y que la esposa desee asemejarse al esposo. Suele decirse que en la Iglesia Jesús quiere revivir todas las etapas de su vida. De ahí que la historia misma de la Iglesia ofrezca entonces un lado gozoso, otro doloroso y uno glorioso. ………………………
No resulta difícil localizar estas mismas facetas en la vida de la Santísima Virgen, quien supo acompañar, a su manera, a Jesús durante el tiempo de su vida pública. Ambos están ahora y siempre misteriosamente unidos en su ser y sus obras; unidos como Madre e Hijo, como Esposa y Esposo.
(Extracto de una Meditación para las Hermanas de María, escrita en la prisión de Coblenza, enero de 1942.- Ver “Cristo es mi vida”, P. José Kentenich, Editorial Patris 1997)
Comentario
Constatamos agradecidos la íntima vinculación que une a Cristo con su Madre. Nosotros somos también miembros de su Cuerpo. El Padre Fundador nos invita hoy a descubrir de forma similar cada una de las etapas de la vida de Jesús y de María en nosotros mismos.
miércoles, 13 de abril de 2011
La colaboración humana
Texto del Padre Fundador
Pero en ese misterio (“el misterio de Schoenstatt”) hay todavía una tercera parte esencial. La vinculación local de la Santísima Virgen y su fecundidad universal desde aquí no es sólo eficacia del contacto con la gracia. En este punto volvemos a topar con el núcleo de nuestra originalidad: La vinculación local de la Santísima Virgen y su fecundidad universal es a la vez fruto de la colaboración humana. Piensen en Lourdes, en Kevelaer o en el santuario mariano que quieran. Observarán que son lugares de peregrinación que han surgido puramente por la acción de la gracia divina. ¿Y aquí, en Schoenstatt? Repasen el Acta de Fundación. ¿Qué se dice en ella? Que se establezca aquí la Santísima Virgen, pero no sin nuestra colaboración. Queremos contribuir. Nada sin nosotros. ¿Advierten el rasgo original? Siempre nos interesa la unión orgánica de naturaleza y gracia. La Santísima Virgen actuará, pero no sin nosotros. Queremos colaborar. Precisamente esa idea de la colaboración dio pie al Capital de Gracias. Nada sin nosotros. Que el misterio de Schoenstatt se nos haga cada vez más claro… No sólo debemos nutrirnos del Capital de Gracias, sino multiplicarlo. Sentimos que está naciendo un tiempo nuevo. Pero no queremos ser meros espectadores de lo que se desarrolla en el campo de batalla. No; hemos de descender más decididamente a la arena. ¿Cómo luchar en este tremendo combate? Nada sin nosotros. La Santísima Virgen quiere y debe actuar aquí, pero sólo con nuestra colaboración. Nada sin nosotros.
(Texto extraído de una homilía del Padre Kentenich del 10 de diciembre de 1933 [Hug, Bethlehem, 245-265] – Ver: Kentenich Reader, Tomo 1, Pág. 189)
Comentario
Vivimos en una sociedad destacadamente economicista, parece que sólo cuentan los factores económicos. Pero no es ésta la explicación de que los schoenstattianos llamemos a nuestra colaboración con la Santísima Virgen en su Santuario “Capital de gracias”. El término nos sugiere en primer lugar la conocida parábola de los talentos. Jesús explica a sus discípulos que el dueño de la hacienda entregó a uno diez, a otro cinco y a otro un talento. Mis cualidades y mi potencialidad puestas al servicio del amor a la persona que me ha enviado. El que ama de verdad no deja escapar ninguna ocasión para aprovechar sus dones y hacerlos fructificar en bien de los demás. Asumimos el hecho de vivir en una Alianza de Amor con la Santísima Virgen. Nos hemos consagrado a Ella. Ella nos envía a construir el Reino de Cristo. En el Acta de Fundación se lee una frase que nos parece dicha por nuestra Madre y Reina: “Yo amo a los que me aman”. Y para explicarlo sigue diciendo: “Pruébenme primero …. por hechos que me aman realmente y que toman en serio su propósito. Tráiganme con frecuencia contribuciones al Capital de Gracias. Adquieran por medio del fiel y fidelísimo cumplimiento del deber y por una intensa vida de oración muchos méritos, y pónganlos a mi disposición”. Quiero recordar aquí el Antiguo Testamento y la alianza de Dios con sus criaturas: el sacrificio pedido por Dios en el momento de la alianza es el símbolo de la entrega del hombre a su Dios. Nuestra entrega hoy, y con ello nuestro aporte original a la Alianza, es la vida de oración y nuestro fiel cumplimiento del deber. En permanente diálogo con Dios construimos el mundo que Dios quiere construir con nuestra colaboración. Y en todo recordamos con San Pablo la palabra del Señor que dijo: “Hay mayor felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20, 35)
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