viernes, 22 de agosto de 2025

María Reina - Nuestra Señora muy querida

 Reflexionemos sobre la realeza de María enfocando el título: "Nuestra querida Señora".[ ¿Qué significa este título? Una elevación, una profundización e interiorización del concepto de realeza.

Se cuenta que un rey de Hungría donó un edificio a la santísima Virgen e hizo pintar un cuadro de ella con el título de "Nuestra querida Señora de Stuhlweissenburg". Y le ofreció todo su reino para que fuese feudo suyo. La historia nos relata que desde entonces es costumbre que todo noble se incline cuando contempla una imagen de la santísima Virgen o bien pronuncia su nombre.

¿Qué nos ilustra esta historia? Nos ilustra el título "Nuestra Señora muy querida". Meditemos cada una de esas tres palabras. La santísima Virgen se nos aparece como Señora, como Nuestra Señora y como muy querida.

Señora: la santísima Virgen se nos presenta como "dómina" En la Edad Media este término equivalía a "reina". Una vez que hayamos coronado a María santísima nos plantearemos lo siguiente: ¿Cómo aseguramos el efecto y la actitud de esta coronación? En la Edad Media era muy corriente la idea de coronar a la santísima Virgen. Asombra que hoy los católicos sepan tan poco sobre tales acciones simbólicas. La santísima Virgen es por lo tanto "Nuestra Señora", nuestra reina. San Atanasio dijo una vez: es evidente que si Cristo es el rey del mundo, la santísima Virgen sea entonces la reina del mundo. San Bernardo dice: todo lo que pertenece al Dios vivo pertenece simultáneamente a su madre. Y si Cristo es Dios y Dios de todo lo creado, entonces es evidente que la santísima Virgen sea también reina de todo lo creado. Estos son pensamientos de antigua tradición.

La triple corona - Fundamentación de la realeza de María

La santísima Virgen lleva tres coronas. La primera se la debe al Dios vivo: derecho de herencia; la segunda, a sí misma: derecho de conquista; la tercera, en su mayor parte a nosotros y al demonio: derecho de elección.

La primera corona es la corona de la dignidad: ¿Quién ciñó en sus sienes esta corona? El Dios Trino. ¡De qué refulgente dignidad la revistió el Dios vivo! Dos observaciones nos ayudarán a recordarla: Ella alumbró a Dios y a ella se le concedió "dar órdenes" a Dios. Contemplemos nuevamente la imagen de la MTA y veamos al Niño contra su pecho: María es la que alumbró a Dios. Pero también a ella se le concedió "dar órdenes" a Dios. ¡Cuán grande tiene que ser entonces su dignidad! A causa de Dios esa dignidad es casi infinita, así lo dicen los teólogos.

El Dios vivo otorgó a María leyes de excepciones y de perfecciones. Por causa de ella Dios abolió leyes naturales. Opus quod solus artifex supergreditur: obra soberana superior a todo lo que no es el mismo artífice. La Madre de Dios mantuvo su virginidad: virgen antes, durante y después del parto. Dios hizo excepciones con respecto a la ley natural. Y porque ella permaneció virgen en el parto, tampoco padeció dolores de parto. ¡Con qué grandeza pensó el Dios vivo a la santísima Virgen! ¡Qué corona de dignidad ciñó a sus sienes! Ella no tuvo pecado original, por lo tanto no estuvo afectada por esa ley bajo la cual todos nosotros gemimos. Y otra excepción: ¿Cómo imaginarnos la muerte de la santísima Virgen? Sin los dolores comunes, los dolores normales de la disolución. Su cuerpo no conoció la corrupción.

Sigan reflexionando sobre estos pensamientos. Perciban todas las grandes verdades metafísicas que entrañan. ¿Por qué todas esas excepciones de las leyes naturales? Por causa de Cristo. La grandeza de la santísima Virgen no es, por último, más que una sombra del Señor. Esas excepciones se explican porque ella debía ser la Madre de Dios.

Nos alegramos de que el Dios vivo la haya coronado. Al coronarla ahora nosotros, se trata de una coronación libremente elegida y querida. No le ceñimos la corona simplemente por hacer algo distinto, no; nuestra corona ha sido conquistada, con nuestra corona reconocemos la dignidad de la santísima Virgen.

La segunda corona es la corona de la nobleza moral. ¿A quién se la debe ella? A Dios y a su propia colaboración. En este sentido la santísima Virgen estuvo activa de manera destacada. Podríamos repasar toda la vida de virtudes de la Madre del Señor. ¿En qué consiste su grandeza moral? En estar libre de pecado e imperfecciones, en estar colmada por las virtudes teologales. Esa libertad de todas las faltas de libertad y esa riqueza de virtudes no sólo es el regalo de Dios sino a la vez fruto de su propia y lúcida colaboración.

La tercera corona es la corona que le ceñimos nosotros y el diablo. La santísima Virgen se nos aparece como reina en sentido estricto del término, como reina dotada de poder y sabiduría: ella es corregente. Visto desde el otro lado, ésta es la corona de la misericordia. El grado de su dignidad es el grado de su poder y de su acción para con el demonio y el ser humano. El demonio es derrotado por la santísima Virgen; ella es la que aplasta la cabeza de la serpiente. Pero ella es también reina en cuanto a su acción para con nosotros. Ella es casi omnipotente, es la omnipotencia suplicante. Es reina en el reino de la misericordia.

                                                                           Kentenich Reader, Tomo 2

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