Reflexionemos sobre la realeza de María enfocando el título: "Nuestra querida Señora".[ ¿Qué significa este título? Una elevación, una profundización e interiorización del concepto de realeza.
Se cuenta que un rey de Hungría donó un edificio a la
santísima Virgen e hizo pintar un cuadro de ella con el título de "Nuestra
querida Señora de Stuhlweissenburg". Y le ofreció todo su reino para que
fuese feudo suyo. La historia nos relata que desde entonces es costumbre que
todo noble se incline cuando contempla una imagen de la santísima Virgen o bien
pronuncia su nombre.
¿Qué nos ilustra esta historia? Nos ilustra el título
"Nuestra Señora muy querida". Meditemos cada una de esas tres
palabras. La santísima Virgen se nos aparece como Señora, como Nuestra Señora y
como muy querida.
Señora: la santísima Virgen se nos presenta como "dómina"
En la Edad Media este término equivalía a "reina". Una vez que
hayamos coronado a María santísima nos plantearemos lo siguiente: ¿Cómo
aseguramos el efecto y la actitud de esta coronación? En la Edad Media era muy
corriente la idea de coronar a la santísima Virgen. Asombra que hoy los
católicos sepan tan poco sobre tales acciones simbólicas. La santísima Virgen
es por lo tanto "Nuestra Señora", nuestra reina. San Atanasio dijo
una vez: es evidente que si Cristo es el rey del mundo, la santísima Virgen sea
entonces la reina del mundo. San Bernardo dice: todo lo que pertenece al Dios
vivo pertenece simultáneamente a su madre. Y si Cristo es Dios y Dios de todo
lo creado, entonces es evidente que la santísima Virgen sea también reina de
todo lo creado. Estos son pensamientos de antigua tradición.
La triple corona - Fundamentación de la
realeza de María
La santísima Virgen lleva tres coronas. La primera se la
debe al Dios vivo: derecho de herencia; la segunda, a sí misma: derecho de
conquista; la tercera, en su mayor parte a nosotros y al demonio: derecho de
elección.
La primera corona es la corona de la dignidad:
¿Quién ciñó en sus sienes esta corona? El Dios Trino. ¡De qué refulgente
dignidad la revistió el Dios vivo! Dos observaciones nos ayudarán a recordarla:
Ella alumbró a Dios y a ella se le concedió "dar órdenes" a Dios.
Contemplemos nuevamente la imagen de la MTA y veamos al Niño contra su pecho:
María es la que alumbró a Dios. Pero también a ella se le concedió "dar
órdenes" a Dios. ¡Cuán grande tiene que ser entonces su dignidad! A causa
de Dios esa dignidad es casi infinita, así lo dicen los teólogos.
El Dios vivo otorgó a María leyes de excepciones y de
perfecciones. Por causa de ella Dios abolió leyes naturales. Opus quod solus
artifex supergreditur: obra soberana superior a todo lo que no es el mismo
artífice. La Madre de Dios mantuvo su virginidad: virgen antes, durante y
después del parto. Dios hizo excepciones con respecto a la ley natural. Y
porque ella permaneció virgen en el parto, tampoco padeció dolores de parto.
¡Con qué grandeza pensó el Dios vivo a la santísima Virgen! ¡Qué corona de
dignidad ciñó a sus sienes! Ella no tuvo pecado original, por lo tanto no
estuvo afectada por esa ley bajo la cual todos nosotros gemimos. Y otra
excepción: ¿Cómo imaginarnos la muerte de la santísima Virgen? Sin los dolores
comunes, los dolores normales de la disolución. Su cuerpo no conoció la
corrupción.
Sigan reflexionando sobre estos pensamientos. Perciban
todas las grandes verdades metafísicas que entrañan. ¿Por qué todas esas
excepciones de las leyes naturales? Por causa de Cristo. La grandeza de la
santísima Virgen no es, por último, más que una sombra del Señor. Esas
excepciones se explican porque ella debía ser la Madre de Dios.
Nos alegramos de que el Dios vivo la haya coronado. Al
coronarla ahora nosotros, se trata de una coronación libremente elegida y
querida. No le ceñimos la corona simplemente por hacer algo distinto, no;
nuestra corona ha sido conquistada, con nuestra corona reconocemos la dignidad
de la santísima Virgen.
La segunda corona es la corona de la nobleza moral.
¿A quién se la debe ella? A Dios y a su propia colaboración. En este sentido la
santísima Virgen estuvo activa de manera destacada. Podríamos repasar toda la
vida de virtudes de la Madre del Señor. ¿En qué consiste su grandeza moral? En
estar libre de pecado e imperfecciones, en estar colmada por las virtudes
teologales. Esa libertad de todas las faltas de libertad y esa riqueza de
virtudes no sólo es el regalo de Dios sino a la vez fruto de su propia y lúcida
colaboración.
La tercera corona es la corona que le ceñimos nosotros
y el diablo. La santísima Virgen se nos aparece como reina en sentido
estricto del término, como reina dotada de poder y sabiduría: ella es
corregente. Visto desde el otro lado, ésta es la corona de la misericordia. El
grado de su dignidad es el grado de su poder y de su acción para con el demonio
y el ser humano. El demonio es derrotado por la santísima Virgen; ella es la
que aplasta la cabeza de la serpiente. Pero ella es también reina en cuanto a
su acción para con nosotros. Ella es casi omnipotente, es la omnipotencia
suplicante. Es reina en el reino de la misericordia.
Kentenich Reader, Tomo 2
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