Al llegar a
la culminación de su vida, san Pablo, en una oportunidad, dirigió una mirada
retrospectiva al día de su nacimiento. Y viendo todos los extravíos y errores
que había cometido, afirmó: dicho humanamente, soy el fruto de un aborto, pero,
con todo, Dios me ha elegido antes de mi concepción para ésta, mi especial
misión (Gal 1,10-24). Y si preguntáramos a san Pablo en qué consistía esa
misión, él nos diría: se me confirió la misión de anunciar al mundo el misterio
de Cristo: de Cristo, el mediador, la cabeza del Cuerpo Místico.
Es así como
nos preguntamos, espontáneamente: ¿cuál fue la misión que se me confió a mí
hace 73 años? Mirando de soslayo hacia san Pablo, puedo afirmar que mi misión
fue y es anunciar al mundo el misterio de María.
Mi tarea es anunciar
a la Santísima Virgen, mostrarla a nuestro tiempo como la colaboradora
permanente del Señor en toda su obra redentora, como la corredentora y
mediadora de gracias: a la Santísima Virgen en su profunda unión con el Señor,
en biunidad con él, con la misión específica que ella tiene desde su santuario
de Schoenstatt, para el tiempo actual.
¡Mi querida
Familia de Schoenstatt! Puedo decir, ciertamente, que todos ustedes están
incluidos en ésa, mi misión. Tal misión no ha sido depositada solamente sobre mis
hombros, sino también sobre los hombros de todos los hijos de Schoenstatt.
Reflexionemos un momento cómo le fue entregada en sueños la misión a san José.
¿Qué le dice el ángel en el sueño? "Levántate, toma contigo al niño y a su
madre". No le dijo solamente "toma al niño", sino "toma al
niño y a su madre" (Mt 2,13.20).
Es mi
convicción de fe que esa misma misión me fue confiada hace 73 años. Quien
recibió, pues, la llamada aún antes de haber sido concebido en el seno materno,
recibió una misión específica: ser el heraldo de la Santísima Virgen, el
mensajero que debía anunciar sus glorias a nuestro tiempo.
Queridas
familias de Schoenstatt, Dios les ha llamado también a ustedes para ayudarme en
esa gran misión. Cada familia recibe hoy, de parte del que celebra el
cumpleaños, esa misión, la misión de nuestra Madre y Reina de Schoenstatt. ¡Es
tan consolador el que esa misión no descanse solamente sobre mis hombros, sino
que todos ustedes quieran ayudarme a realizar esa gigantesca tarea! Como san
José, también nosotros escuchamos hoy las palabras: ¡Levántate! No te pongas a
descansar ni desees para ti una vida de confort y bienestar, o pasarlo bien en
este mundo… No: el ángel dijo: levántate, toma contigo al niño y a su madre.
Tómalos primeramente tú mismo contigo, tómalos en tu propio corazón. Después,
prepárales un lugar cálido en tu propia familia, y luego en los corazones de
los demás.
(Texto tomado
de:
"Plática para matrimonios", Milwaukee, Estados Unidos, 16 de
Noviembre de 1958, en la fiesta del cumpleaños del Padre Kentenich. Publicado en "Mit Maria ins neue Jahrtausend", Schoenstatt-Verlag 2000 - Ver: "La actualidad de María").
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