Marcados rasgos de padre en la imagen de Dios
que predica Jesús
Imagen paternal de Dios en el Nuevo
Testamento
La imagen neotestamentaria de Dios tiene marcados rasgos de padre. De ello nos hemos convencido con tanta frecuencia y profundidad a lo largo de decenios, que basta con hacer una mención. Se ha hecho carne y sangre en nosotros la tarea del Señor de revelar esos rasgos a sus atónitos oyentes y a su séquito y sumergirlos, de una manera misteriosa, en su propia filialidad. En su oración sacerdotal, repasa toda su vida y da testimonio ante su Padre celestial: Yo he proclamado tu nombre a los hombres (cf Jn 17,6), tu nombre de Padre. Tal como él siempre y en todo giró en torno al Padre —en la oración, en el trabajo y en el sufrimiento— así también atrae a todos los que le siguen hacia esa corriente de amor al Padre. Así lo hizo durante el transcurso de su vida. Así también lo hace ahora en la liturgia y a través de mociones interiores. Nadie llega al Padre si no es por él. Sólo entonces ha cumplido su misión, cuando todos los elegidos encuentren vitalmente, en su ser, en su actuar, el camino hacia el Padre. Él pone el nombre del Padre en los labios y en el corazón de los suyos y les enseña a rezar: Padre nuestro…
Por eso, con un entusiasmo arrebatador y mediante
coloridas imágenes, anuncia no sólo el mensaje de la Providencia general del
Padre, sino también, y sobre todo, de su Providencia especial. La Providencia
general era conocida por sus oyentes, que habían pasado por la escuela del
Antiguo Testamento. No era novedad para ellos que Yahveh se preocupara de toda
la creación, que alimentara las aves del cielo y vistiera los lirios del campo.
Ellos sabían que Israel era el favorito de Yahveh, su pueblo elegido. También
conocían suficientes casos de su historia, en los cuales había actuado una
Providencia especialísima de Dios. Sólo tenían que pensar en los patriarcas y
en los profetas. Con cuánta frecuencia se había repetido en el curso de los
siglos pasados, de una u otra forma, lo que la Sagrada Escritura cuenta de
Moisés: «que el Señor le hablaba cara a cara, como un hombre le habla a sus
amigos» (Ex 33,11).
Novedad era para ellos que el Padre está personalmente
interesado al máximo por cada ínfima pequeñez de cada persona en particular,
que se preocupa paternalmente de ello, de tal modo que no se cae ni un cabello
de la cabeza sin que él lo sepa, sin su conocimiento ni voluntad, sin su
quehacer (Mt 10,30). Este es el mensaje de la divina Providencia especial o
individual. Nos hace prestar atención al hecho que Dios no sólo abarca todo el
gran acontecer mundial con sus leyes inherentes y activas y que lo conduce
sabiamente a una gran meta planeada; al hecho que con ello no sólo tiene ante
su mirada a algunos grandes jefes del pueblo, sino que, simultáneamente y de
igual modo, se preocupa solícito por cada uno en particular.
¿Qué nos dice Jesús sobre la fe en la Providencia, tal
como la bosquejamos? Primero, escuchamos un par de enseñanzas de Jesús y
tratamos luego de condensarlas en una doctrina general sintetizándola en pocas
frases.
«Vuestro Padre sabe lo que necesitáis, antes de
pedírselo» (Mt 6,8). ¿Qué debemos presuponer al escuchar estas palabras? Toda
la doctrina de la divina Providencia. Dicho de modo más exacto, se trata de la
doctrina que nos dice que el Padre Dios ha proyectado un plan —expresado en
forma humana— que lo ha sopesado todo en forma cuidadosa… ¿De qué modo he sido
creado? ¿Cómo son los distintos caminos del destino en mi vida? Todo esto está
previsto. Si yo digo: "predeterminado", entonces, de todos modos,
debo decir "predeterminado en un recto sentido". Todo previamente
planeado, todo previsto, todo predeterminado; pero también, y al mismo tiempo,
pre-calculadas las gracias que se pondrán a mi disposición para tener la
capacidad de descubrir este plan en detalle. Pero no sólo para descubrirlo,
sino también para realizarlo. Entonces, escuchen nuevamente: "El Padre
sabe…" Y es así porque él lo planeó todo por sí mismo, porque todo lo
previó y porque tiene en su mano la realización hasta en el menor detalle. Él
conduce mi vida. Pienso que deberíamos grabarnos la frase: "conducción de
mi vida". Él la conduce y la ha conducido. Y por eso —cuando esto así
sucede, como consta teológicamente— podemos comprender la frase: "El Padre
sabe lo que ustedes necesitan". Él lo sabe, él ha establecido que yo
necesito tal cosa y él está dispuesto a dármelo todo. Es por eso que agrega:
"sin que se lo pidan". Por lo tanto, yo no necesito decirle que me
falta algo; no debo hacerle ver que ahora lo necesito. Esto es algo evidente en
sí mismo…
(Continuará el próximo viernes)