Libertad interior y amplia seguridad
Desde que hemos sellado el poder el blanco y la
inscriptio, vivimos en un mundo de libertad interior y amplia seguridad, un
mundo esencialmente ligado a una perfecta espiritualidad de instrumento. La
inscriptio aleja lo que perturba nuestra libertad interior, aún en las más
delicadas zonas de nuestra vida psíquica subconsciente. Nos ha liberado de
nosotros mismos, a fin de que estemos plenamente libres para Dios y la obra de
Dios, al menos en lo que hace a la actitud fundamental y a una seria voluntad y
esfuerzo personal. Que el corazón egoísta torne a hacerse cautivo y esclavo de
su propio egoísmo, que la luz de Dios nos descubra una y otra vez estratos
ocultos e inquietantes de nuestra psiquis, que a su vez nos revelan delicados
entresijos del corazón y bloqueos del egoísmo, no constituye prueba alguna
contra la autenticidad de la inscriptio. Sólo nos da oportunidad de renovar la
decisión por el pleno carácter instrumental de toda nuestra persona; y de
hacerlo con mirada atenta, con seriedad y en el espíritu de la inscriptio. Toda
renovación de la decisión significa igualmente crecer en libertad interior. Las
cadenas materiales de esclavitud quizás duelan físicamente; pero son un juego
de niños comparadas con las de la esclavitud interior. La libertad interior
verdadera no sólo es posible en circunstancias de sometimiento y opresión
materiales. No raras veces, en las almas grandes que se esfuerzan por alcanzar
un perfecto carácter de instrumento de todo su ser, la libertad y gozo
interiores crecen en tal situación en una medida inesperada.
Algo similar puede decirse sobre la perfecta seguridad en
Dios. El instrumento perfecto está tan perfectamente unido a Dios en el
espíritu de la inscriptio, que la pérdida de todos los seguros secundarios de
la vida ahonda y garantiza tanto más la "seguridad de péndulo", la
seguridad en nuestro "nido originario". Actualmente muchos de
nuestras filas pueden ser considerados un ejemplo clásico de ello. Quizás la
naturaleza tiemble y se estremezca cuando se nos aparta de nuestra tierra,
cuando se nos arrebata una seguridad material, mundana. En el espíritu de la
inscriptio, el instrumento perfecto vuelve entonces a decidirse rápidamente por
Dios, refugiándose en su patria original, en el corazón de Dios. Allí está
amparado y seguro como en ninguna otra parte del mundo. Nadie tiene mejores
intenciones para con él que Dios; nadie como Dios es capaz y quiere que todo lo
desagradable y malo contribuya a nuestro bien. Estos son pensamientos en los
cuales nos fundamos firmemente porque los comprobamos día a día en nuestra
experiencia concreta. Aquí basta haber señalado su interrelación con la
instrumentalidad.
Abundante fecundidad
Lo mismo vale para la gran fecundidad de la
espiritualidad de instrumento. El instrumento en las manos de Dios sólo quiere
una cosa: dejar espacio a Dios, y que él haga espacio a su fecundidad. De ahí
su serio esfuerzo por desasirse por completo de sí mismo, porque el capricho
humano quita espacio a Dios y su acción. Lo hemos experimentado innumerables
veces en nosotros mismos. En nosotros (en el plano individual y familiar) la
conciencia de ser instrumento está operando como un sentimiento vital arraigado
hondamente y manifestado de muchas maneras. Pues bien, desde que nosotros
sellamos la inscriptio, se ha despejado (al menos en cuanto a la actitud
fundamental) el gran obstáculo para la fecundidad de Dios. Por eso esperamos,
con seguridad sustentada en la fe, que Dios nos utilice intensamente en la
consecución de sus metas. En nuestra condición de instrumentos sólo deseamos lo
que él desea; por eso queremos sólo la fecundidad que él haya previsto para
nosotros. De ahí que miremos con gran alegría y confianza hacia un futuro que,
humanamente hablando, es incierto, oscuro y confuso. Sólo tenemos una
preocupación: asumir con renovados ánimos cada día la tarea que nos propone la
inscriptio en nuestra calidad de instrumentos, y cumplirla perfectamente en la
fuerza del Espíritu Santo. Para nosotros todo lo demás es y sigue siendo
secundario. Cuanto más oscuros los tiempos y cuanto más seamos introducidos en
su caos, con tanto mayor confianza haremos valer nosotros los ilimitados
derechos de amor fundados en la inscriptio.