sábado, 10 de enero de 2026

LIBERTAD INTERIOR, AMPLIA SEGURIDAD Y ABUNDANTE FECUNDIDAD

Libertad interior y amplia seguridad

Desde que hemos sellado el poder el blanco y la inscriptio, vivimos en un mundo de libertad interior y amplia seguridad, un mundo esencialmente ligado a una perfecta espiritualidad de instrumento. La inscriptio aleja lo que perturba nuestra libertad interior, aún en las más delicadas zonas de nuestra vida psíquica subconsciente. Nos ha liberado de nosotros mismos, a fin de que estemos plenamente libres para Dios y la obra de Dios, al menos en lo que hace a la actitud fundamental y a una seria voluntad y esfuerzo personal. Que el corazón egoísta torne a hacerse cautivo y esclavo de su propio egoísmo, que la luz de Dios nos descubra una y otra vez estratos ocultos e inquietantes de nuestra psiquis, que a su vez nos revelan delicados entresijos del corazón y bloqueos del egoísmo, no constituye prueba alguna contra la autenticidad de la inscriptio. Sólo nos da oportunidad de renovar la decisión por el pleno carácter instrumental de toda nuestra persona; y de hacerlo con mirada atenta, con seriedad y en el espíritu de la inscriptio. Toda renovación de la decisión significa igualmente crecer en libertad interior. Las cadenas materiales de esclavitud quizás duelan físicamente; pero son un juego de niños comparadas con las de la esclavitud interior. La libertad interior verdadera no sólo es posible en circunstancias de sometimiento y opresión materiales. No raras veces, en las almas grandes que se esfuerzan por alcanzar un perfecto carácter de instrumento de todo su ser, la libertad y gozo interiores crecen en tal situación en una medida inesperada.

Algo similar puede decirse sobre la perfecta seguridad en Dios. El instrumento perfecto está tan perfectamente unido a Dios en el espíritu de la inscriptio, que la pérdida de todos los seguros secundarios de la vida ahonda y garantiza tanto más la "seguridad de péndulo", la seguridad en nuestro "nido originario". Actualmente muchos de nuestras filas pueden ser considerados un ejemplo clásico de ello. Quizás la naturaleza tiemble y se estremezca cuando se nos aparta de nuestra tierra, cuando se nos arrebata una seguridad material, mundana. En el espíritu de la inscriptio, el instrumento perfecto vuelve entonces a decidirse rápidamente por Dios, refugiándose en su patria original, en el corazón de Dios. Allí está amparado y seguro como en ninguna otra parte del mundo. Nadie tiene mejores intenciones para con él que Dios; nadie como Dios es capaz y quiere que todo lo desagradable y malo contribuya a nuestro bien. Estos son pensamientos en los cuales nos fundamos firmemente porque los comprobamos día a día en nuestra experiencia concreta. Aquí basta haber señalado su interrelación con la instrumentalidad.

Abundante fecundidad

Lo mismo vale para la gran fecundidad de la espiritualidad de instrumento. El instrumento en las manos de Dios sólo quiere una cosa: dejar espacio a Dios, y que él haga espacio a su fecundidad. De ahí su serio esfuerzo por desasirse por completo de sí mismo, porque el capricho humano quita espacio a Dios y su acción. Lo hemos experimentado innumerables veces en nosotros mismos. En nosotros (en el plano individual y familiar) la conciencia de ser instrumento está operando como un sentimiento vital arraigado hondamente y manifestado de muchas maneras. Pues bien, desde que nosotros sellamos la inscriptio, se ha despejado (al menos en cuanto a la actitud fundamental) el gran obstáculo para la fecundidad de Dios. Por eso esperamos, con seguridad sustentada en la fe, que Dios nos utilice intensamente en la consecución de sus metas. En nuestra condición de instrumentos sólo deseamos lo que él desea; por eso queremos sólo la fecundidad que él haya previsto para nosotros. De ahí que miremos con gran alegría y confianza hacia un futuro que, humanamente hablando, es incierto, oscuro y confuso. Sólo tenemos una preocupación: asumir con renovados ánimos cada día la tarea que nos propone la inscriptio en nuestra calidad de instrumentos, y cumplirla perfectamente en la fuerza del Espíritu Santo. Para nosotros todo lo demás es y sigue siendo secundario. Cuanto más oscuros los tiempos y cuanto más seamos introducidos en su caos, con tanto mayor confianza haremos valer nosotros los ilimitados derechos de amor fundados en la inscriptio.

                                                                 KENTENICH READER, TOMO 2

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