miércoles, 15 de febrero de 2012

Lo eterno en la mujer


(Cuarenta frases para la reflexión)

(Nota previa: En la serie de textos referidos al “ideal de la mujer” publicamos hoy una selección de frases referidas a “lo eterno en la mujer”. Esta selección está incluida en la publicación Para un mundo del mañana" – Párrafos escogidos sobre problemas pedagógicos - , Padre José Kentenich, Schoenstatt, 20 de Enero de 1970 - [Texto tomado del archivo digital del Instituto de Familias].  
Es una recopilación realizada con la intención de hacer accesible a círculos más amplios la pedagogía que el Padre Kentenich ha dejado a la Familia de Schoenstatt en numerosas conferencias y escritos. Nuestro Fundador nos muestra con estas ideas caminos para la reflexión y también para responder a los interrogantes de la discusión pedagógica de nuestros días.)


TEXTOS DEL PADRE FUNDADOR

1. Nuestra cultura actual carece de alma. La naturaleza de la mujer es el elemento que da alma, la naturaleza del hombre es el elemento que da espíritu e impulsa hacia adelante. Donde no concurren ambos elementos no habrá avance de la cultura. El auténtico dirigente debe encarnar siempre ambas cosas, pues una naturaleza de dirigente que fuese solamente impulsada por ideas, que solamente luchase por ideas, no es más que un caudillo.

2. Siempre deben existir ambos elementos: una gran idea a la que se sirve, y el amor personal al séquito.

3. A la mujer le incumbe una misión para la redención del varón y una misión para la redención de la cultura actual.

4. Queremos llegar a ser íntegramente lo que Dios ha previsto para nosotros desde la eternidad, no solamente a causa nuestra, sino a causa de Dios, de aquellos que Dios nos ha confiado o nos confiará alguna vez. En la medida en que hayamos llegado a desarrollar plenamente lo eterno en nosotros, seremos capaces de educar a otros.

5. ¿Qué es lo eterno en la mujer? Lo que llamamos maternidad. O con otra formulación: la sencilla y vigorosa servicialidad enraizada en Dios, es decir, lo eterno en lo femenino, lo eterno en la religiosidad femenina.

6. Intencionadamente he sustituido la palabra "maternidad" por "servicialidad". En esta palabra resuena más la austeridad, más vigor. La palabra "maternidad" está de moda. Hoy se trata de encubrir todo lo misterioso y oscuro bajo el concepto de maternidad. Por consiguiente será mejor usar la palabra "servicialidad". Así se nos ha presentado también la Madre de Dios.

7. ¿En qué formulación encontramos reproducido lo eterno de la religiosidad femenina? Ecce Ancilla Domini… O en la otra expresión: sencilla servicialidad enraizada en Dios.

8. No solamente "una servicialidad divinizada", no, una servicialidad insertada en Dios. En esto suena una muy fuerte protesta contra la desacralización del mundo actual.

9. Servicialidad es siempre algo muy vigoroso. Implica un servir desinteresado y una gran magnanimidad.

10. Si reducimos este hecho a los últimos principios filosóficos, vemos en esta silenciosa y vigorosa servicialidad un reflejo de lo eternamente maternal en el Dios omnipotente, la maternidad eterna, la eterna servicialidad de Dios. Esta reflexión despierta un respeto muy profundo ante la verdadera y auténtica modalidad femenina.

11. Toda la actividad del Dios Trino: su actividad creadora, redentora y salvífica, es una única, grande, desinteresada y magnánima servicialidad.

12. Dios nos ha creado para servirnos. Él nos mantiene en nuestro ser. ¿Por qué? Para servirnos. Dios gobierna y conduce al mundo, dirige el pequeño y el gran destino del mundo y de los hombres. ¿Por qué? Es siempre el mismo espíritu: lo eterno en la mujer, la sencilla servicialidad, la silenciosa y vigorosa servicialidad.

13. ¿Cuál es la esencia de la redención cristiana? Es la redención que nos mereció Cristo. Él nos incorpora en Sí: quiere redimirnos. Nuevamente tenemos aquí la silenciosa y vigorosa servicialidad del gran Redentor.

14. Si existe lo eterno en la mujer, entonces lo eterno de la religiosidad femenina debe abarcarlo y ennoblecerlo. Lo eterno de la religiosidad femenina debe tener una misión extraordinaria también frente al hombre y aun en las corrientes religiosas actuales.

15. Cuando un ser humano —también el hombre— quiera trabajar en la educación de un modo fecundo y con éxito, debe apropiarse de lo eterno en la mujer. ¡Fíjense en Pablo! De él está escrito: quisiera llegar a ser todo para todos. Fíjense en el Salvador: lava los pies a los suyos…

16. La educación se hace absolutamente imposible cuando no se atenúa el orgulloso señorío. Puede haber un caudillo, pero el auténtico dirigente es impensable sin lo eterno en la mujer, sin esa servicialidad desinteresada.

17. Si el hombre no se apropia de lo eterno del ser y de la religiosidad femenina, es sólo un educador a medias. Él necesita apropiarse lo eterno en la mujer. Aplíquese esto al sacerdote, al esposo, es más, a todos los hombres, también a los jóvenes.

18. Vinculación y dinamismo son dos elementos que siempre han producido tensiones en la historia y que a través de todas las épocas han hecho historia. ¿Dónde se encuentran en forma típica la vinculación y el dinamismo? La vinculación es típica en la naturaleza de la mujer y el dinamismo, en la naturaleza del varón.

19. Lo eterno en la mujer debe liberar y redimir en el varón lo que es inestable y está sometido a las fluctuaciones de la época. Y lo eterno en el varón, con el tiempo, debe liberar y redimir en la mujer lo que en ella está relacionado con la época.

20. El movimiento feminista moderno corre el riesgo de minar y colocar en el fondo lo eterno en la mujer. A causa de que la mujer ha sido arrancada del hogar —su dominio propio— y llevada como un torbellino a la vida pública, donde debe librar la lucha por la existencia, resulta que ahora se debe reflexionar acerca de la particularidad propia del hombre y de la mujer. Pues la mujer, en esta lucha por la existencia, se enfrenta con el adversario en su existencia.

21. No es solamente una lucha exterior, sino también una lucha del alma, una lucha espiritual. Las relaciones entre el hombre y la mujer deben ser nuevamente revisadas y reducidas a principios últimos. Y ahí escuchamos en la controversia, expresiones contra las que uno se rebela. Por un lado, "servicialidad", y por otro lado "dominio".

22. La mujer lucha por conquistar una posición equivalente a la del hombre en la vida pública, y confunde fácilmente equivalencia con igualdad. Aquí tenemos que admitir también que la hombría exagerada a veces, quizás también a menudo, ha conducido a una orgullosa tiranía, rígida, en desventaja de la magnanimidad, de la servicialidad, en desmedro de la vigorosa servicialidad.

23. Esta silenciosa y vigorosa servicialidad, este servir tranquilo y desinteresado, es esencialmente distinto a cierta concepción que hace de la mujer un juguete, la esclava del hombre. A esto último la mujer se resiste, y con razón.

24. Solamente donde opera un servicialidad oculta, silenciosa y fuerte, se hará posible la vinculación interior del educando a nuestra personalidad y la transmisión de esta vinculación al Dios trino.

25. La mujer no está vinculada al hombre en la última raíz de su ser, al menos no necesariamente; pero necesaria es la magnanimidad en la servicialidad. Con esto hemos caracterizado la maternidad, no solamente como maternidad física, sino esencialmente como maternidad intelectual y espiritual.

26. Cuando la silenciosa y fuerte servicialidad, la vigorosa servicialidad, está concentrada en el varón —en el matrimonio— no debemos confundir la palabra "servir", con atender. Hay en esto una gran diferencia.

27. La tendencia peligrosa está en que a causa de la subvaloración de la mujer, se busca en toda la línea su masculinización o se trata de hacer entrar en juego atractivos unilateralmente femeninos…

28. La mujer que quiere encarnar el tipo masculino, que aspira a la masculinización, arrastra con ello cada vez más hacia abajo a la cultura actual, colaborando en la deshumanización de la humanidad, de la cultura de hoy.

29. Actualmente hay tanta confusión en el mundo porque no se reconoce lo eterno en la mujer. Toda nuestra educación, en definitiva, debe tender a salvar la naturaleza de la mujer para una nueva época.

30. Si solo lográramos educar una joven, una joven auténtica ¡qué gran trabajo habríamos realizado en pro de la cultura! Ustedes pueden estar seguros: el demonio sabe lo que hace dejando que se destruya lo eterno en la mujer.

31. No solamente gobernar, conducir y guiar, sino servir desinteresadamente, con respeto, entregarse en amor, ser alma, animar por doquier; también allá donde hayamos esparcido grandes ideas. Este es el ideal del educador.

32. Aprendamos a estar orgullosas de lo grande que encierra nuestra naturaleza, e infundamos este orgullo en las que nos están confiadas.

33. Quien quiera orientarse acerca de la verdadera feminidad, encontrará desesperadamente pocos modelos en los que pueda estudiarla. La mayoría ha adoptado en demasía el espíritu moderno. Si ustedes quieren fijarse en la figura de María, encontrarán el ideal totalmente encarnado.

34. ¡Como nos equivocamos si como educadoras y mujeres creemos mejor no cultivar tanto el amor a María…! Si ustedes renuncian a la Madre de Dios, renuncian a formar lo eterno en la naturaleza femenina.

35. Si renuncian a la Madre de Dios, les pregunto: ¿cómo pretenden devolver a la actual generación la vigorosa conciencia de su auténtica grandeza femenina?

36. En la Madre de Dios tenemos el modelo de la auténtica y verdadera maternidad. Vayamos a su escuela. Ella es nuestra Madre, nuestra Madre sacerdotal. Ella ha confirmado su silenciosa y fuerte servicialidad, no sólo ante su Hijo unigénito, sino también ante nosotros… ¡Cómo da alma a todo lo que Dios ha depositado en germen, en nosotros!

37. Haciéndola Madre de Dios, le ha regalado una gran medida de poder sobre su propio corazón y un grado inagotable de bondad y sabiduría de educadora y dirigente.

38. La Madre de Dios es rica en amor, tan rica que puede derrocharlo porque su corazón le pertenece totalmente a Dios. Y un corazón que pertenece íntegramente a Dios, pertenece también íntegramente a los hombres, ya no se pertenece a sí mismo.

39. El amor nacido de Dios lleva en sí el sello de la eterna fidelidad. Por consiguiente, la bienaventurada Virgen, a pesar de toda su felicidad, no podrá olvidar por toda la eternidad a aquellos que el Salvador le ha dado como hijos.

40. La esencia de la querida Madre de Dios era y es el servir desinteresadamente a la vida.

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