viernes, 2 de enero de 2026

Expreso carácter de parusía o apparitio

Quien viva y trabaje como instrumento perfecto en las manos de Dios, vale decir, quien se empeñe seriamente por desasirse totalmente de sí mismo y unirse totalmente a la voluntad de Dios, a su persona y fuerzas, y se empeñe por una disposición de alto grado a comprometerse con sus metas, en esa persona, tarde o temprano, se desarrollará la cuarta cualidad de la espiritualidad de instrumento: un neto carácter de parusía o apparitio. (1) Quien (en la medida en que sea posible para una creatura en estado de gracia) viva de ese modo como instrumento perfecto en el mundo de Dios y esté unido a Dios, en él Dios irá cobrando forma y figura más y más. Y así se convertirá en una aparición de Dios en este mundo o bien, como solemos decir entre nosotros, en una "aparición de la santísima Virgen". Jesús pudo decir de sí mismo, naturalmente en el sentido pleno de la expresión: "El que me ve, ve al que me envió". (1) De ese modo también (naturalmente en sentido muy limitado y metafórico) el perfecto instrumento puramente humano puede decir de sí mismo: «El que me ve debería poder reconocer en mí a Dios, a Cristo, a la santísima Virgen".

Piensen en el santo cura de Ars, piensen en lo que dijo aquel hombre que antes había sido su enemigo y que, después, luego de haberlo conocido y observado, dijo a sus amigos: "Callen; porque he visto a Dios en un ser humano".

Ojalá se pueda decir de nosotros algo similar en relación con la santísima Virgen. Desde siempre quisimos ser "apariciones", "imágenes" de la santísima Virgen que caminan y actúan. En la medida en que lo seamos podremos considerarnos como imágenes vivas de Dios, de Cristo.

 

[1]  “Parusía” es un término técnico para designar el regreso de Cristo al final de los tiempos. “Apparitio” es “aparición” en latín. Se alude a que en el instrumento humano se hace perceptible de algún modo lo sobrenatural.