Ustedes saben que nuestro pequeño santuario no es sólo nuestro Tabor sino también nuestro Nazaret. Allí está contenido todo lo que está vivo en nosotros. Nuestro Nazaret, reflejo de la Familia de Nazaret. ¿Cómo aparece, qué es y qué significa esa familia? La Sagrada Familia, en primer lugar, es la imagen ideal de una familia schoenstatiana. En segundo lugar, está ante nosotros como un maravilloso reflejo de la comunidad de vida divina. Y, en tercer lugar, como un maravilloso prototipo de la comunidad de vida eclesial. Por de pronto, esto suena un tanto erudito. Pero lo que estos pensamientos quieren expresar es sumamente simple y sencillo. El primer pensamiento es fácilmente comprensible. Me refiero a que la Sagrada Familia es la imagen ideal de una comunidad familiar natural enteramente auténtica. ¿Qué significa esto?
La Sagrada Familia, ideal de una comunidad
familiar natural
La Sagrada Familia, santa e ideal en su
fundación. Ese matrimonio y esa familia son santos e
ideales en su misma fundación. ¿Cómo se fundó la Sagrada Familia? A través de
un matrimonio puro. José y María eran puros cuando contrajeron matrimonio, y
puros permanecieron también dentro del marco de la familia. Una familia
schoenstatiana ideal debe conservar siempre la pureza.
Me dirijo ahora a quienes Dios les ha dado la vocación de
ser madres. ¿No debería ser su orgullo de schoenstatianas poder acercarse al
altar con el velo blanco y la corona de mirto en la cabeza, como símbolos de
una juventud vivida en pureza y virginidad? ¿No creen ustedes que debería ser
nuestro mayor orgullo, como hijas de Schoenstatt que van a fundar una familia
schoenstatiana, poder llevar su amor de novias puro e inmaculado al altar
nupcial? También nosotros, los que estamos llamados a la virginidad, percibimos
la importancia de que una familia schoenstatiana esté fundada en la pureza (…)
La atmósfera de pureza, al igual que en la Sagrada Familia, debe atravesar y
empapar constantemente a la familia. No sólo existe una pureza virginal, sino
también una pureza matrimonial. También en el matrimonio hay una forma de
pureza que, en todo caso, posee sus propias leyes. Serva lilia,
¡conserva la azucena! Así está escrito en un antiguo escudo. Una vez más
contemplo a la Sagrada Familia. Fue santa, fue ideal la fundación de esa
familia, porque se originó y quedó cimentada en la pureza. Serva lilia! También
nosotros queremos conservar pura la azucena, cada uno a su manera: quien esté
llamado a vivir virginalmente, en forma de pureza virginal; y quien luego
contraiga matrimonio, lo hará ahora en forma de pureza virginal y más tarde
como pureza matrimonial.
La Sagrada Familia, santa e ideal en sus
miembros. La Sagrada Familia es ideal también en sus
representantes, en las personalidades que la conforman. Pues, ¿quiénes integran
la Sagrada Familia? El Señor, la querida Madre de Dios y el modesto, sencillo y
fiel san José; ellos fueron personas santas. Pero ¿saben ustedes lo que implica
tener como miembros de la Sagrada Familia a personajes santos? Quisiera, ante
todo, centrar la atención en dos puntos:
a) Personalidades autónomas
b) Personalidades discretas
a) Personalidades autónomas.
Ustedes ya habrán oído decir antes que ninguna comunidad puede ser auténtica si
no está edificada sobre personalidades originales, vigorosas, autónomas.
Ahora vemos de pronto ¡cuán naturales, cuán vigorosos y cuán singularmente
originales son los personajes que constituyen la Sagrada Familia! Son tan
originales que cada uno representa por sí solo un orden propio. Jesús
representa un orden absolutamente propio: él es un Hombre-Dios. No hay nada que
se le iguale. La santísima Virgen, como la Inmaculada, es un mundo por sí
mismo. San José también es un mundo propio, autónomo. Ideales son los miembros
de la Sagrada Familia porque fueron personalidades santas y autónomas.
Y si más tarde ustedes se casan, no deben olvidar lo
siguiente: por grande y fuerte que pueda ser mi capacidad de entrega, también
en mis años de juventud debo procurar constantemente que esa capacidad
permanezca igualmente grande, fuerte y vigorosa en mí: la voluntad de guardarme
a mí misma. ¡No sólo entregar, sino también preservar! ¡Ser enérgica, ser
autónoma, ser una personalidad! Una y otra vez lo hemos oído decir en el
ambiente schoenstatiano: debemos llegar a ser personalidades vigorosas.
Por eso debemos cultivar el núcleo de la personalidad que
se expresa en el ideal personal según el cual forjamos nuestra vida. No deben
pensar que ahora pueden jugar y que más tarde podrán ser madres sencillas y
discretas. Debemos aprender a gobernar nuestra vida desde ahora mismo. ¡Qué
extraordinario es poder decirse a sí misma: ante mí tengo mi ideal de familia,
según el cual me estoy formando para poder ser más tarde una valiosa piedra en
la construcción del edificio de una santa familia schoenstatiana!
b) Personalidades discretas y silenciosas. He
querido destacar un segundo aspecto que hace grandes a los miembros de la
Sagrada Familia: ellos son personas discretas y silenciosas. Los tres tienen
sus secretos. Cada joven debe ser un secreto. Cuando ya no tenga secretos en el
fondo de mi alma, habré perdido simplemente lo más hermoso de mi ser de niña y,
más tarde, me sentiré vacía, no tendré profundidad. La Virgen María tuvo su
secreto y ni siquiera se lo comunicó a san José. Éste quería abandonarla,
separarse de ella. Y, no obstante, la Virgen guardó su secreto. Ésa es su
insondable profundidad. Ella conservó todas esas palabras en su corazón. Ella
protegió el secreto que, en forma admirable, llevaba en su corazón. María
estaba convencida de que Dios quería que ella guardase su secreto. Él también
podía comunicárselo a san José. Y Dios así lo hizo. El Señor también tuvo su
secreto. No hubo un jugueteo constante, un oscilar de un lado a otro. Ustedes
saben muy bien cómo actuó el Señor en su momento, cuando se apartó de su padre
y de su madre, de sus parientes. Allí está él, grande y fuerte, movido por una
conciencia divina de sí mismo: “¿No sabían que…?”.
¡Cómo se ilumina súbitamente el ideal ante nosotros! Si
más tarde, quiero ser en la familia un punto de apoyo de la comunidad, un
vigoroso pilar, entonces desde ya me dejaré educar para la capacidad de callar,
para la autonomía. Por otra parte, aquellas que están llamadas a la virginidad
no deben creer que el ideal del matrimonio no sea algo grandioso, que no pone
grandes exigencias. Obviamente, si ustedes se imaginan el matrimonio y la
familia como un constante probar, juguetear y disfrutar, entonces, tampoco
deben hablar de la familia ideal, de una familia schoenstatiana. Por lo tanto,
tampoco pueden opinar que tal familia pueda ser fuente de vida para la Iglesia
joven. Un matrimonio ideal es hoy algo tan poco común, algo tan grande, que
realmente debemos rezar para que Dios suscite muchas vocaciones al matrimonio
dentro de la Familia. ¡Naturalmente, no como si con ello menospreciáramos el
ideal de la virginidad! Ambos son grandes ideales que Dios ha depositado en el
seno de la Iglesia. Cada cual debe recorrer por su cuenta el camino de su vida.
Pero hoy quiero destacar fuertemente el ideal matrimonial para que no piensen
que, como Familia de Schoenstatt, todos, sin excepción, estamos orientados a la
virginidad. Toda vocación, también la vocación familiar y maternal, encuentra
acogida entre nosotros.
Plática a la Juventud Femenina de Schoenstatt, 11 de agosto de 1936
No hay comentarios:
Publicar un comentario